SEMANA SANTA 2019_ “Y Dios entró en Morón entre tintineos de Bondad”, por Juan Andrés Siles

    Fue la mañana de Domingo de Ramos soñada por todos los cofrades: de sol y calor, brisa fresca y sombra agradecida; de abrazos emocionados y sonrisas desordenadas por los nervios del día; de reencuentros y palabras de amistad; de triunfo de la vida y de la primavera. En definitiva, de niños con palmas que van con Dios de la mano, con túnicas, antifaces y turbantes blancos, como tiene que ser. Por eso, Jesús entra en Morón por el colegio salesiano, cumpliendo con la tradición instaurada hace 55 años, en 1964, con el amparo de Don Bosco, presente en el relicario que dora la nueva canastilla del paso, el primero que procesionó en la Semana Santa de nuestro pueblo.

    La cofradía estaba impaciente, como si quisiera recuperar el tiempo perdido del año pasado cuando la lluvia frustró su salida. Quizás, por este motivo, la cruz de guía salió al pórtico salesiano minutos antes de la hora prevista para que las campanas de la iglesia de María Auxiliadora anunciaran la llegada del Señor de la Bondad a las 10:30. A su compás suenan las cornetas y tambores de la banda de la Caridad de Vélez-Málaga, que interpretan ‘Cristo del Amor’, la marcha de Escámez con la que en Morón también comienza el Domingo de Ramos, siguiendo el canon sevillano.

    Yo también, casi con impaciencia infantil, pues me iba a encontrar con el Cristo de la Bondad cinco años después. Ya no procesiona en su canastilla decimonónica, la que fue la más antigua de Morón, sino en unas andas que esbozan sus primeros detalles de talla, ejecutadas por José Ángel Banegas. El exorno floral compensa el barroquismo que lógicamente aún le falta, con los matices de color rosa logrados por la combinación de rosas pink mondial, claveles, orquídeas cimbidium y flores de cera. “Todo con mucho cariño”, me dijo Luis, uno de los propietarios de la Floristería Plaza de España, junto a Mamme, que cada año se superan con increíbles altares efímeros, llenos de sorprendentes detalles y simbolismos.

    Me gusta avanzar con el paso del Señor en la intimidad de la mañana, cuando aún los moronenses siguen preparando la ropa que van a estrenar y van a lucir al mediodía en sus paseos por el Pozo Nuevo o la Carrera. No hay bullicio y es el momento adecuado para disfrutar de los detalles de la cofradía, como la nueva plata del llamador del paso o de la galleta de San Pedro, por siempre grabada con el nombre de uno de los hermanos que hoy lo contempla desde el cielo, David Pérez. Puedes escuchar el tintineo de las bridas de la Borriquita y que su sonido rescate de tus recuerdos la mirada de un niño que estrena su primera Semana Santa junto al Señor. Recibo las primeras estampas y lazos de Bondad de la mano de los amigos que realizan su estación de penitencia. Llegan los primeros abrazos que comparten vivencias del pasado y alegría por el reencuentro con el presente.

    ¡Qué bellos momentos nos regala siempre la Semana Santa! Algunos los esperas y otros te los encuentras, como la levantá y la chicotá que los costaleros del Señor dedicaron a Agustín Oliva, uno de los suyos, uno de los nuestros, que felizmente ya se encuentra con nosotros, en su pueblo moronero. Desde el balcón de su casa en la calle Espíritu Santo todos los presentes compartieron lágrimas de alegría por su feliz recuperación y rezaron al Señor de la Bondad para que ésta culmine y el año que viene Agustín pueda ser uno más de ellos.

    En mi cuaderno tenía subrayado otro momento importante, la llegada del paso al palquillo y la interpretación prevista de ‘Prisionero de tu Bondad’, la nueva marcha que Emilio Escalante Romero ha compuesto para el Señor de la Bondad. Así que ocupé mi sitio en las sillas del Consejo de Hermandades en la plaza Meneses para presenciar la entrada en carrera oficial de la cofradía. Maravillosa, llena de matices y de fuerza, “como son las marchas de Emilio”. Así me lo dijo el director de la Caridad, Francis, un antiguo compañero de filas en la Expiración y así se escuchó por primera vez en las calles de Morón. Emilio ha legado al patrimonio musical de la Borriquita su primera obra montada, ‘Bondad sobre las trabajaderas’ y ahora una pieza que muestra su madurez como músico y compositor.

    Y hablando de madurez, también quiero destacar la técnica, la elegancia, la finura y la plasticidad alcanzada por la cuadrilla de hermanos costaleros de la Borriquita, mandada desde hace veinticinco años por su capataz, Manuel Martín Nieto, maestro del oficio y la afición al costal. Al mando de su voz aflamencada andan sus costaleros, entre izquierdos y costeros, con el dominio del cambio y el compás, con una excelencia en el trabajo de la faja y el costal que basta con una mirada cómplice entre los miembros del equipo de capataces para que el paso se llame a la izquierda y avance de frente. Son veinticinco años mandando a la cuadrilla y 29 Domingos de Ramos con ella, desde su creación en 1991. Lo agradeció Martín Nieto en la levantá en el palquillo a su gente y lo agradeció también a la cofradía, que este año estrenaba cuatro apóstoles nacidos de la mano del imaginero, dispuestos en las cuatro esquinas de la mesa del paso.

    Al abrigo del azahar

    “Hay una luz muy dura, que quema las fotos”, nos dicen los amigos y compañeros fotógrafos, que este año estrenan acreditación para captar las imágenes más íntimas de la estación de penitencia de las cofradías en San Miguel. Tras cumplir con ella la Borriquita, el calor aumenta, avanza el mediodía y va haciendo estragos en los cuerpos de los jóvenes nazarenos y en el ánimo del público, que busca los primeros refrigerios. Se agradece la sombra de la calle de Las Morenas o el abrigo del azahar en la Carrera.

    De regreso a los Salesianos, la cofradía cumple con su vínculo sentimental con el convento de Santa Clara, acercándose a su clausura y desfilando por el interior de su capilla, mientras el paso trabaja con marchas como ‘Caridad’ o ‘Amor de Madre’, llevando a la música las oraciones de la comunidad clarisa.

    Traspasan las tres de la tarde las manecillas del reloj y la cofradía regresa por Gregorio María Ferro y María Auxiliadora entre balcones engalanados con palmeras. Sublime fue la última levantá a las puertas de los Salesianos. Suena ‘La Pasión’ y con el paso ‘Bondad’ la Borriquita sube a los cielos de Morón por última vez. Ya en el interior del templo, la banda interpreta el ‘Ave María’ inventado por Cigarreras para poner fin a la mañana del Domingo de Ramos, que ya es tarde avanzada. Los nazarenos del Cautivo comienzan a subir hacia San Miguel y nos esperan para el tradicional almuerzo con familia y amigos. Mejor pórtico para nuestra Semana Santa, imposible.

    moroninfo-mar17
    Compartir