SEMANA SANTA 2019_ “La elegancia de la sencillez”, por Antonio Velasco

    A veces, lo más simple es lo más impactante a los sentidos.

    La Semana Santa son sensaciones, detalles que llegan a lo más profundo de nuestra alma, provocando reacciones indescriptibles que perduran en el recuerdo desde nuestra infancia hasta nuestros días.El Sábado Santo en Morón de la Frontera se caracteriza por la elegancia en estado puro. Es un día triste para los cristianos, tenemos en cuenta que el Señor no se encuentra con nosotros.

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    Ya todo pasó, la pasión de Cristo llegó a su fin, es día de desconsuelo que nos deja la propia soledad. Desconsuelo que se refleja en el rostro de María Santísima de Los Dolores en su Soledad.

    La Ilustre y fervorosa Hermandad de esclavitud de los Sagrados corazones de Jesús y María y cofradía de nazarenos de Nuestra Señora de Los Dolores en su Soledad se disponía un año más a realizar su estación de penitencia.

    El día no resplandecía como en otras ocasiones con un radiante sol y tarde templada, minutos antes la lluvia se hizo presente. Tal vez el cielo estuvo nublado acompañando el Dolor del día.

    Llegaba la hora de la salida, y en el interior del Templo, María Santísima de Los Dolores en su Soledad, recibía a sus hermanos que le acompañaría en su estación de Penitencia.

    Su presencia era imponente, en un paso de palio sin bordados, con bambalinas lisas, un exorno floral sencillo, con claveles blancos adornaban el paso, sólo resplandecía la Virgen con su manto y saya, con bordados de corte romántico, como una paradoja podríamos señalar, ella siendo la luz en la oscuridad de su paso.

    A sus plantas, cuarentas rosas rojas, simbolizando lo cuarenta días que Jesús permaneció en el desierto. Y lirio tronchado y el estreno de la media luna.

    Pocos minutos antes de las siete de la tarde, se reunió la junta de Gobierno en cabildo de aguas, tomando la decisión de realizar la estación de penitencia.

    Se formó la cofradía en las naves de la Iglesia de san Miguel, y la cruz de guía, acompañada de dos faroles portados en la mano por dos hermanos, se plantaba en la calle. En breve el discurrir de los nazarenos, con la presencia de varios monaguillos que aportaron la alegría entre la seriedad del cortejo.

    El incienso anunciaba que pronto el sobrio palio haría acto de presencia, el retumbe del sonido del llamador así lo atestiguaba.

    Sobre las siete y media aproximadamente, bajo un cielo gris, la Virgen salía a la calle. La voz de una saeta la recibió como ya es tradición.

    Suena la marcha La Soledad, el sábado Santo en Morón ya ha comenzado.

    El discurrir del paso por el recorrido fue marcado por los sones de la Banda Municipal de Morón, con un repertorio exquisito, de corte fúnebre, que invitaba al recogimiento y reflexión. Cuando el paso pasaba cerca podías perderte un instante en la mirada de la Virgen.

    Marchas como “Juana de Arco”, “Jesús de las penas”, “Virgen del Valle”, o “Valle de Sevilla”, sonaban por la calle de las Morenas y por la plaza del Ayuntamiento. El compás del paso llevado por los costaleros fue en todo momento corto y elegante, sin prisas, a pesar de las pequeñas gotas de agua que caían durante pocos minutos en la calle Corredera. Algo sin importancia, pero que marcó aún más el carácter sobrio del día.

    El recorrido de la Hermandad está diseñado para llegar a los tres conventos, Santa María, Hermanas de la Cruz y Santa Clara. En el convento de Santa María es cuando los cantos de las hermanas llenaron de luz la tarde y aportando ese momento de recogimiento tan presente en todo momento.

    Así llegó hasta el convento de las Hermanas de la Cruz donde las sensaciones se repitieron.

    Sonó la Marcha Fúnebre de Chopin, y justo llegaba la oscuridad de la noche por la calle Victoria. Una noche templada y sin brisa que permitió que la candelería luciera esplendida.

    Sobre las nueve de la noche encaraba el paso la calle Juan de Palma y sonó todo un clásico de la Hermandad en esta calle, la marcha centenaria de “Amarguras”, acompañando a una larga chicotá hasta el final de la calle.

    Los jardines de la Carrera estaban llenos de público, tal vez más que en otros años, disfrutando de la belleza de esta cofradía por su paso por esta calle.

    Ya en el Pozo Nuevo otro de los pellizcos en el alma cuando suena el “Ave María” de Gaccini, magistralmente interpretada por las voces casi angelicales de la Banda Municipal.

    Poco a poco se iba apagando el día y la Soledad se encaminaba hacia a calle San Miguel.

    Todo un clásico, tradición ya también de esta Hermandad y todo un recogimiento que supone, subir la calle San Miguel con la marcha “La Madrugá”.

    Una saeta despedía a la Virgen justo en la puerta del templo. El silencio y la oscuridad marcaban las pautas del momento.

    La oscuridad del templo se rompía por la luz del palio, todo una nueva paradoja, en la oscuridad de este día. La Virgen es la Luz que nos Guía.

    El Sábado Santo se nos iba y con Él, la Semana Santa. Añoranza y recuerdo nos acompañarán hasta un nuevo Sábado Santo de recogimiento.

    Tarde noche para los sentidos, tarde noche de sencillez, tarde noche de elegancia.

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