“Reyes Trans”, por Antonio M. Morales

    Estrella era una niña (aunque la llamasen Juan) que pedía muñequitas de trapo a los Reyes Magos y recibía pistolas y disfraces de El Zorro. Aunque le cortaran el pelo a lo garçon, ella no renunciaba a colocarse sus horquillas de colores en el baño del cole, donde la obligaban a mear de pie en el aseo de los niños, como si no fuese evidente que ella era una niña, por más cogotazos que le pegasen diciéndole maricón. Pero persistió en su lucha. Hoy su DNI le reconoce su nombre verdadero: Estrella. Ni el acoso escolar, ni la resistencia de su familia a la evidencia de su identidad sexual, ni el proceso de hormonación (qué liberación sintió cuando su vello corporal comenzó a desaparecer) ni el paso por el quirófano, por más dolorosa que fuese su operación, consiguieron doblegar su ánimo. Es una mujer de carácter. Por eso le ha dolido tanto el titular del periódico que hoy tiene entre las manos.

    La noticia, lejos de producirle estupor, le ha provocado rabia e indignación: la Liga Española Pro Derechos Humanos ha requerido al Juzgado de Instrucción para que adopte medidas cautelares urgentes que impidan la concurrencia de una carroza con temática LGTBI en la cabalgata de Reyes.

    En la entradilla alegan que “esa carroza perjudica altamente el interés general, a los niños en su ilusión y tradición, además del interés legítimo de la Iglesia Católica por la irreverente y ofensiva imagen que afecta a sus principales símbolos”.

    ¿Es que acaso los niños y niñas transgénero no merecen tener ilusión? ¿Es que quizás la tradición es exclusiva para los miembros de esa flor y nata de personas tan importantes que conforman la Liga Española? Estrella no sale de su asombro. Pero aún hay más. Esos gurús apostillan que en la Cabalgata se va a sustituir la carroza tradicional por una de “reinas”, lo que según ellos va en contra “del arraigo de las tradiciones católicas y la inalterabilidad de las instituciones bíblicas, más aún cuando se trata de fiestas religiosas dirigidas hacia la inocencia de los niños”.

    A estas alturas del escrito, las alegaciones empiezan a minarle la moral.

    ¿De qué niños están hablando? ¿Quieren que ella les recuerde algunos nombres propios? -piensa mientras se encamina con presteza al lugar donde acaba de decidir que debe ir. Aunque altere la rutina de su atareado día a día, ha resuelto que hoy no pasará por la parroquia. Su virgencita no se lo tendrá en cuenta porque sabe que anda muy mal de tiempo. Estrella, que trabaja como voluntaria en una Asociación que asesora a familias con miembros transgénero, aligera el paso y piensa en Alan. No ha pasado tanto tiempo como para que lo borren de su memoria. Sucedió también en navidades.  Alan no soportó el acoso escolar y social. Con 17 años, tras pasar casi un mes ingresado con depresión, tras no poder soportar más que le preguntasen por qué se llamaba Alan si tenía tetas, se tomó un bote de pastillas. Su gata Nala (quiso ponerse Alan porque era el nombre de su gata al revés, tan unidos estaban) todavía merodea buscándolo por los balcones del vecindario.

    Pensando en él, una lágrima se cuelga de su rimmel permanente. Estrella abandona el periódico en una papelera y con la misma determinación que ha marcado siempre su carácter se dirige a la Asociación de vecinos para apuntarse en la Cabalgata de Reyes del distrito del Puente de Vallecas.

    Lo comprendan o no, ella sabe que es una auténtica Reina.

    Y esos hombres tan insignes de la Liga Española se van a enterar de quién es la verdadera Estrella.  de Navidad, porque piensa darlo todo sobre la carroza.

    moroninfo-mar17
    Compartir