RESULTADOS del II Concurso de microrrelatos de terror de Morón Información –CATEGORÍA INFANTIL LOCAL

Un total de 50 relatos han participado en el II Concurso de microrrelatos de terror de Morón Información, el cual estaba este año dividido en tres categorías: Autores locales infantil: Hasta los 16 años; Autores locales adultos: De 16 años en adelante; y Autores no locales (solo adultos y ámbito nacional).

En el caso de la categoría infantil, la misma fue creada con el objetivo de incentivar la escritura entre los más jóvenes y dentro de nuestro compromiso con el fomento de la cultura en los centros educativos. En la misma se han presentado 27 relatos, siendo el ganador el texto “31 de octubre, ¿bueno o malo?”, de Andrea Rodríguez Montero, de 12 años. El premio en este caso es un lote de libros formados por los títulos “Fue sin querer”, de Elizabeht Galán; y “Los mundos de Celia”, de Juan Diego Vidal; más una entrada doble para el Teatro Oriente (para el espectáculo “El bosque de Grimm”, del 1 de noviembre). Igualmente, el jurado ha valorado otros seis relatos como finalistas.

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El jurado ha puntuado los textos presentados sin firmar, de forma anónima, valorado tanto los aspectos formales como el contenido de las historias, teniendo especialmente presente uno de los requisitos establecidos en las bases del concurso, “estar ambientado en Morón de la Frontera”, si bien no ha sido el único criterio.

Por parte del equipo que compone Morón Información, agradecer a los 50 participantes su interés por este concurso que espera continuar en próximas ediciones con mejores premios.

A continuación publicamos el relato ganador y los finalistas de esta categoría.

GANADOR LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“31 DE OCTUBRE, ¿BUENO O MALO?”
Andrea Rodríguez Montero (12 años)
Mi nombre es Alice y soy una chica de Morón de la Frontera que lo sabe. Te
preguntarás que qué es lo que sé, ¿no? Pues el oscuro secreto del 31 de octubre. En todo el mundo hay historias sobre este día tan terrorífico, pero en Morón hay algo más. Y lo averigüé, pero por un mal camino.En Halloween suele haber calabazas, vampiros, dulces, etc. Pero en Morón no. Aquí
había un hombre que disfrutaba mucho de su familia y un mal día la familia falleció, el
coche de ese pobre hombre chocó con otro y su familia murió, menos él y su hija de tres
años. El otro coche salió ileso. El hombre estuvo en tratamiento psicológico, pues le
quitaron a su hija, todo el mundo pensaba que tomaba drogas y alcohol, Pero nada pudo
curar aquel accidente y la pérdida de su familia. Así que juró venganza.Su hijo fallecido amaba los disfraces, así que cogió una máscara de él y un viejo
cuchillo de cocina de su esposa. Empezó a desaparecer gente. Un niño que pegaba a su
hijo apareció muerto en la plaza de toros. El que silbaba a su mujer se encontró con
cinco puñaladas en el tórax por la zona de El Pantano. Y así con muchos más.

Yo sé de esto porque ese hombre es mi padre y cuando salga de este psiquiátrico
terminaré el trabajo de mi padre.

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“EL PARQUE CANILLAS”
Nicolás Martínez Vázquez (10 años)
Érase una vez una familia muy pobre que vivía en una vieja casa en el parque Canillas,
en la localidad de Morón de la Frontera. Los niños tenían mucho miedo a ese parque
porque se perdían y no los encontraba nadie.Un día, la madre tenía que preparar el almuerzo y no tenía leña para encender el fuego
así que, mandó a su hijo Carlos a por leña con un bocadillo de aceite. Carlos se marchó
a buscar ramas caídas, pero andaba medio dormido y sin darse cuenta caminando y
buscando viejas ramas se perdió. Miraba a un lado y a otro, y no veía nada ni a nadie.De pronto, a lo lejos, vio una choza de paja y en la puerta había un gigante con una
espada, a pesar de ser enorme lloraba como un bebé.

Carlos le preguntó: “¿qué te pasa?”.

“Mi ama asusta a los niños y siempre estoy solito”, contestó.

Entonces Carlos le dejó su pañuelo para secarse las lágrimas.

“Muchas gracias”, contestó el gigante.

Carlos le dijo que no se preocupara.

“Cada vez que venga a Canillas a por leña vendré a verte”, dijo.

El niño, con miedo, entró en la choza, no se veía nada, solo arañas, polvo y una olla de
agua hirviendo en una chimenea. De repente, apareció una sombra, era una anciana con
nariz alargada, tres pelos en su barbilla, y un largo pelo blanco.

“Acércate al fuego, ¿tienes frio? Estás temblando. Estoy preparando una sopita caliente,
pruébala” dijo la anciana.

En la choza había un gato negro como el carbón y le dijo: “¡vete, corre, que es la bruja
de Canillas, se come a los niños y con sus huesos está haciendo la torre del castillo de
Morón!”.

Carlos empezó a correr mucho y la bruja gritaba al guardián: ¡deténlo!. Pero el
guardián lo dejo escapar porque era su amigo. La bruja se volvió loca, pensó que a
partir de ahora, los niños ya sabían que el guardián nunca los atraparía y podrían jugar
en el parque Canillas sin miedo, la bruja huyó de Morón volando una noche de luna
llena y la torre del castillo se quedó sin terminar.

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“LA HISTORIA SECRETA DEL IES FUENTENUEVA”
Alejandro Ávila Millán (14 años)
Un día, en la víspera de Halloween, tuvimos una hora libre de Lengua, lo cual hizo que
viniera un profesor de guardia. Éste aprovechó para contarnos la historia secreta del
Fuente Nueva.Pues bien, la historia narraba que hace unos años, cada viernes se cerraban los armarios
de todas las clases. Pero, una chica, aprovechando que era la víspera de Halloween se
escondió para gastarle una broma al delegado de su clase.Para su desgracia, con el jaleo de la salida no escuchó cómo cerraban la puerta con
llave. La chica quedó encerrada todo el puente. Cuando volvieron a clase encontraron su
cuerpo sin vida en el armario.

El siguiente lunes los profesores trabajaron hasta tarde, ya oscurecido el día. Algo
llamó su atención, algo blanco que se movía a gran velocidad. Los profesores, aterrados,
deciden ir y se encuentran el cadáver fantasmal de la chica que les dice:

– ¿Truco o trato?

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“FANTASMAS DE MORÓN”
Alba Hermosín Álvarez (12 años)
Los González eran distintos de cualquier otra familia. Les gustaban los pasadizos oscuros y los sótanos húmedos. Les gustaban las arañas, las telarañas y las cosas que se ven en la noche. Los González no eran una familia corriente: eran fantasmas. Los González se sentían felices de habitar así, en una iglesia llamada ‘San Miguel’. No había nada que les gustara más que dar sustos de muerte a cualquiera que se les acercara. Pero sobre todo a los niños porque decían que gritaban más que los adultos. Se pasaban el día acechando en las sombras, a la espera del siguiente visitante al que asustar. Pero la traviesa familia tenía un problema. Raúl, el fantasma más joven, no era
muy bueno asustando a la gente. Sus padres estaban muy preocupados. Marco
González, (el padre) le dijo un día ‘Un buen grito de los que hielan la sangre suena así’
y después abrió tanto la boca que podías ver lo que había desayunado hacía trescientos
años cuando todavía estaba vivo. Marco miró el reloj ‘Esta tarde vienen unos niños del
instituto I.E.S Fuente Nueva a ver la iglesia. Vamos a darle un susto que no olvidarán’.
Todos se prepararon.
El padre de repente señalo un viejo barril en descomposición. ‘Esto es lo que
quiero que hagas, Raúl’, le dijo. ‘Quiero que te escondas aquí y, cuando llegen los
niños, quiero que asomes la cabeza y que le des un susto horrible’.
Lola González, (la madre) besó a Raúl, ‘Compórtate como mi hijo más siniestro,
cariño’. Después de unos minutos, al chico se le empezaron a cerrar los ojos. Casi se
había quedado dormido cuando oyó ruidos. ‘Puaj’ ‘Esto es horroroso’, dijo la voz de
una niña. ’Da escalofríos’ dijo otra voz’. Imagínate estar prisionero aquí dentro’.Raúl se movió sigilosamente en el barril y después salto de golpe. ‘¡Buuuu!’,
gimió, gusto en frente de los niños. Abrieron la boca de golpe y los ojos casi les salieron
de las órbitas. Raúl se sorprendió tanto que cayó dentro del barril y sé golpeó la barbilla.
‘¡Uuuuh!’, ‘¡Uuuuh!’, gritó con un prolongado gemido lastimero. ‘¡Uuuuh!’. El barril
hizo resonar el eco, que pareció extenderse por toda la fría, húmeda y oscura iglesia. La
familia de Raúl lo escuchó con regocijo desde el interior del pasadizo de la iglesia. ‘Qué
gritos mas aterradores’ digo Marco ‘qué maravilla’. ‘Creo que ya voy cogiéndole el
truco a eso de ser buen fantasma’ dijo. ‘Estoy deseando
asustar de nuevo esta noche’.Después de aquello, los visitantes se sentían más
aterrorizados que nunca. Decían haber sentido un aliento gélido que les daba escalofríos y haber escuchado ruidos que venían de algunas tumbas. No sabían que, al final, Raúl se había convertido en un fantasma González.

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“CINTIA HALEN”
Eva Alcántara Gamero (15 años)
A Cintia le gustaba el ballet, y eso lo sabía todo el mundo. Lo sabían los conserjes del edificio en que estudiábamos, las compañeras de clase de solfeo y las vecinas del piso de arriba. Lo sabían todos.
Conocía a Cintia Halen desde siempre. Vivíamos los dos al lado de la Casa de la Cultura, la escalera de las madreselvas, ella con el Pájaro Azul, yo con mis hermanas. El Pájaro Azul cuidaba de Cintia. No estoy seguro de que fuera su madre, no se parecían en nada. Cintia era delgada, pequeña, morena, con grandes ojos marrones, pelo negro. El Pájaro Azul debía pesar un mínimo de ciento veinte kilos. Tenía una media melena oscura que no le cubría el cuello, más propio de un cerdo que de un ser humano, los ojos casi violetas que destacaban sobre su piel tan blanca como la luz más cegadora. Éramos amigos, el Pájaro Azul y yo. No hablaba, pero escuchaba, asimilaba,
reflexionaba. Fueron muchas las tardes que pasé en el sofá de su desván, a vecen en tan absoluto silencio que podríamos haber oído digerir a las estrellas. Cintia era el torbellino que nos sacaba de ensoñaciones, entre partituras, zapatillas o cenas asquerosas que ni siquiera Clotilde, mi hermana pequeña, era capaz de comerse -y tened en cuenta que Clotilde es un nombre con pintas de poder tragar de todo-. Hasta los doce años la esperábamos a que saliera de las clases de danza expectantes, a ver qué movimiento había aprendido, para que el salón-comedor-cocina de la casa se transformara por unos cinco segundos en el teatro más importante de San Petersburgo. Ya después no los quiso hacer frente a nosotros, se encerraba en su cuarto a practicar hasta que el Pájaro Azul le subía una cena decente y le curaba las heridas.
No sé si Cintia Halen y yo tuvimos algún vínculo especial, más allá del compañerismo o la amistad, pero no nos separamos durante mucho tiempo, hasta que se tuvo que ir a estudiar a un lugar más profesional. Mantuvimos una correspondencia regular los tres, el Pájaro Azul, Cintia Halen y yo.
Fue divertido. El Pájaro Azul tomaba matices de ave de presa cuando llegaban las cartas. Nada le hacía más feliz que un remitente de: CINTIA HALEN-PARÍS 3456-RUE BAUDELAIRE. Pero en los últimos tiempos las cartas llegaron cada vez más tristes. Cintia se iba apagando como una bombilla eléctrica sin generador, lo notábamos en las frases concisas que escribía en las postales. La última que nos llegó era uno foto de una bailarina muy guapa. París es muy triste cuando llueve, decía.
Ya no supimos más de ella. El Pájaro Azul la esperó todo el tiempo No sé en qué clase de dios podría alguien depositar tanta fe. Veíamos su enorme espalda en guardia, alerta, tensa, jamás tranquila, como si no dejara nunca de tener un trozo de cristal clavado en las costillas. Recogió sus cosas una mañana. Se fue sin despedirse, porque así no la olvidaría nunca. Nadie dijo nada. Me llamaron un par de meses después: había algunas cosas de Cintia en el desván de la Casa de la Cultura y debía pasar a recogerlas. Fui. Subí con cuidado. Atardecía y los naranjos relucían a la hora de las brujas. Apenas había luz, sonaba una música tenue, como si alguien silbara.
No me extrañó, en la última planta, ver bailar a Cintia Halen y al Pájaro Azul, sus figuras translúcidas del mismo color que el caparazón de una araña, con pasos delicados que apenas dejaban huellas en el parqué, una danza etérea que me llenó los ojos de lágrimas.

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“SOBRECILLOS DE LA MUERTE”
Alejandro Asencio Conejo (14 años)
En el Ayuntamiento de Morón cada veinticinco años ocurren sucesos muy extraños o peligrosos como por ejemplo sillas en el techo, banderas republicanas, ordenadores que dan ataques epilépticos con solo verlos, puertas o ventanas que se abren o cierran solas y siempre hay alguna extraña muerte de algún político de forma sospechosa. Todo esto es debido al espíritu de un alcalde que gobernó el pueblo durante el reinado de Carlos III que le encomendó acabar con la corrupción en la región. Después de hacer un tiempo su trabajo se ganó el odio de las personas influyentes y corruptas que, con el tiempo, planearon su asesinato. Tras su muerte, cada veinticinco años, se levanta y mata brutalmente a los gobernantes malos o corruptos.
Hace unos veintitres años se levantó y dejó sobres llenos de dinero en los despachos de los concejales para probarlos. Siete cogieron los sobres, incluido el alcalde. Al día siguiente fue eliminando a todos los concejales corruptos pero con el alcalde fue diferente. Lo esperó en el despacho, cuando el alcalde entró y se sentó comenzó a flotar el abrecartas, sin que se diera cuenta se le clavó en la espalda dejándole inconsciente y entonces el fantasma lo cogió y lo lanzó desde el balcón del ayuntamiento para que vieran lo que le pasaba a un corrupto.

 

FINALISTA LOCAL INFANTIL II CONCURSO DE RELATOS DE TERROR MORÓN INFORMACIÓN
“LOCURA”
Ángela Camacho Rodríguez (15 años)
A todos nos había afectado la repentina muerte de Andrés, para bien o para mal, nadie esperaba un asesinato. Aunque es probable que muchos lo hayan imaginado y, tal vez, hasta planeado, nadie sería capaz de hacer algo así.

Por el instituto se rumoreaba que alguien lo había envenenado, otros decían que una bala había atravesado su cabeza, otros que lo enterraron vivo… Demasiadas opciones, pero nadie sabía si alguna era acertada porque nadie había visto el cadáver, nadie lo había encontrado… Bueno, el forense cuando llegó al trabajo y encontró el frío cuerpo del chico sobre la mesa.

Antes dije que el que Andrés muriera afectó para bien a algunos, pues sí, no miento, todas las personas a las que alguna vez acosó caminan aliviados por los pasillos, sin miedo a encontrárselo de frente. Incluso a su propia hermana se la nota más feliz.

Sus padres, los cuales nunca estaban en casa, ahora no salen de allí, aunque no es precisamente por lo que pensáis, no es por el dolor que la muerte de su primogénito les trajo, es por papeleo, simplemente papeles, del trabajo, del funeral de Andrés…

Posiblemente a los que peor les haya sentado el asesinato cometido en Morón, este pueblo de mala muerte, nunca mejor dicho, sea a los profesores, al entrenador de baloncesto y a sus amigos. Han perdido al mejor alumno, al mejor jugador y al mejor amigo, eso es lo que dicen ellos porque no sabía que ser el mejor alumno implicaba pegar a gente para que te haga los deberes, ni que ser el mejor amigo constaba de enseñar a personas a humillar a otras… Lo del mejor jugador no puedo negarlo, nadie puede, pero hay otros que son muy buenos jugadores además de buenas personas.

Respecto a mí, su muerte me es indiferente, no hago caso a los rumores, ignoro que Andrés Castro García me rompió el corazón y a mí misma, algo que no ignoré el seis de noviembre, el día que lo maté

El día que empecé a ver fantasmas.

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