“Reconciliación”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

    No soy un animal de costumbres, es más, pocas cosas en mi vida han sido perennes desde que tengo uso de razón.

    Y digo esto porque durante unos días me he acercado al “sentir rociero”, primero viendo de cerca la salida de las dos hermandades que cada año salen de Huelva: Emigrantes y Huelva.

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    La verdad que en los casi 10 años que he estado por aquí ha pasado de molestarme, en mi época de estudiante o a pasar desapercibido.

    Pero, como digo, este año pensaba aprovecharlo de forma distinta y qué mejor que para hacer algo nuevo que pasar por sitios o por caminos que todavía no se habían andado y de paso acercarme a una experiencia de la que muchos hablan y que hasta ahora había pasado por mi vida de puntillas.

    Así que puesto que me había inmerso en las salidas de las distintas hermandades decidí ir a la aldea durante unas horas para vivir de cerca cómo se respira, qué se siente y qué se hace en la aldea en las horas previas a la salida de la Virgen.

    De esta manera cogí mi mochila y me fui hasta allá en autobús, hasta la carpa que la Hermandad de Morón prepara cada año.

    Os soy sincero, iba sin prejuicios, como debe irse a explorar y a conocer sitios o personas nuevas. Es cierto que a una parte de la Hermandad la conocía de hace unos años cuando estuve como monitor varios años durante las Colonias de verano, pero esta vez como digo, iba con las ideas claras, dejar el pasado atrás, abandonar historias pasadas y construir nuevos y buenos recuerdos de esta visita.

    En los primeros momentos me encontré algo desubicado, tengo que decirlo, entre que todas las calles me parecían iguales y que la Hermandad de Morón está alejada de la ermita, sentí que me había equivocado de lleno al tomar la decisión de hacer esta visita. (Mucha) calor, (mucha) arena y (bastante) desorientación.

    Esto fue temporal y breve, porque al llegar al sitio señalado todo cambió. Desde primera hora la acogida fue genial. Desde personas que apenas conocía a otras que ya conocidas, a otras, amigos de toda la vida, que facilitaron los primeros momentos, todos tuvieron unas palabras de bienvenida, de cariño o de alegría, de esta manera comencé a hablar con unos y con otros.

    Todos me han hablado de las horas de convivencia, de las experiencias del camino, de la alegría al llegar a la aldea tras tantos días de camino por la Raya Real. Y sobre todo de la emoción al hacer la presentación de la Hermandad ante la Virgen en la ermita.

    Fueron muchas horas de charla acalorada y distendida, compartiendo historias, momentos y reflexiones. Pero la vida del peregrino da para muchos momentos memorables. Disfruté muchísimo mientras acompañábamos a la Hermandad de Fuengirola hasta su presentación, tuve la ocasión de hablar con unos y con otros, porque en la aldea todo el mundo es bien acogido, no importa quién seas, de dónde vengas o cómo sea tu fe. Es este recorrido acompañando a Fuengirola algo que me dejó inmerso y formar parte como uno más.

    Al caer la tarde esperamos a ver la presentación de las diversas Hermandades que poco a poco iban llegando, sorprendido ante la presentación de la Hermandad de Toledo que llegaba con enorme sobriedad y alegría.

    Hubo risas, charlas, presentaciones, saludos, hermanamientos y fotografías por mi parte, descubriendo como una pequeña aldea puede acoger a casi dos millones de personas en un perfecto clima de convivencia pentecostal, sin prisas, pero con muchas cosas por hacer.

    Y vino la noche, desde el primer momento me cedieron una cama por lo que acepté quedarme y convivir la noche anterior al salto de la reja.

    Aunque estuvimos invitados a varios sitios decidimos quedarnos y pasar una noche de charla y guitarra que se fue hasta las tantas.

    Resumiendo, para ir finalizando, durante algo más de un día pude ver de cerca tantas cosas que se suelen escuchar, que en mi experiencia no son del todo así. He visto animales muy cuidados, personas acogedoras, solidarias y con una fe inmensa en la intercesión de la Virgen.

    Pero insisto, lo que realmente me ha llenado de estos días ha sido compartir con muchos los por qués de hacer el camino, las diversas experiencias y vivencias de un gran grupo humano que durante todo el año prepara y vive el camino, sino que además a mitad del verano llenará de nuevo el Rocío de solidaridad y cariño con sus colonias.

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