OPINIÓN_ La Lupa.  “La ubicación de pies y platos”, por Mila Guerrero

    Descubro – creo que debido a los achaques de los que últimamente sólo puedo echarle la culpa a esa circunstancia alegre de ir cumpliendo años- que, de cuando en cuando, me aferro a causas pequeñas y perdidas, que me reconfortan mientras resisto. He de confesar que vivo esas batallitas con pasión, pero también que a veces las pierdo sin remedio, no quisiera decir que por agotamiento, pero sí por pragmatismo resolutivo: cuando se pierde la perspectiva, o el sacrificio implica mayores concesiones que los beneficios, lo sensato es dejarse llevar por la corriente.

    Entre las pérdidas recuerdo haber pagado en el último minuto mi cuota correspondiente para un regalo colectivo, más que nada porque las amenazas veladas de las consecuencias de no hacerlo se extendían ya a menores de edad. Todavía no respondo “yo no” cuando en un grupo de whatsapp alguien hace una pregunta del tipo “¿alguien se ha encontrado un calcetín de más en la mochila?”, pero me temo que todo se andará, sobre todo si esta tontura común de moda que exige que seamos si no políticamente correctos, sí uniformes de obra – no hablemos ya de pensamiento -, nos sigue atravesando como un viento helado e inexorable. Aún lidio, sin embargo, con alguna que otra cruzada que me parece más que necesaria, como no hacerle los trabajos del colegio a mi hijo, o no llevarle la mochila a cuestas de camino a casa.

    moroninfo-mar17

    A veces, la causa de la resistencia no es la esencia de su objetivo, pero sí la absoluta creencia en que hay que hacerlo, que la disidencia es necesaria, que alguien tiene que sacar los pies del plato. A la luz del significado de esta expresión, que cito más abajo, de haber nacido pollo, por insumisión, no hubiera llegado oronda gallina a los platos de los comensales, sino que hubiera muerto de hambre a las primeras de cambio. Sin embargo, como nací en el supuesto lado de privilegio de la naturaleza, los saco a menudo por rebeldía, para no perecer de inmediato por inanición de neuronas.

    • Sacar los pies del plato:

    “Con el fin de asegurarse que los pollitos comiesen y tenerlos a todos juntos y controlados, se les colocaba en un recipiente plano y ancho de barro (tiesto o plato) de paredes no muy altas. El pollito que saliese de allí debía ser reincorporado (vuelto al redil) o corría el riesgo de perderse o morir de hambre.

    De ahí que, en un afán proteccionista, quien «saca los pies del tiesto» es aquel que se excede, que atenta contra las normas establecidas, bien por rebeldía o por ignorancia.”

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