OPINIÓN_ La Lupa. «La alargada sombra verdiblanca», por Mila Guerrero

    Ya habíamos quedado en que el panorama político no está para que nos pongamos exigentes, más que nada porque corremos el riesgo de quedarnos anquilosados en estado de cabreo permanente, eso, si es que ese no es nuestro estado natural en la actualidad. Tampoco es que el periodismo pase por días de gloria, y entre las fakes news (esas noticias que son directamente mentira, creadas a propósito para satisfacer oscuros propósitos), las noticias que solo lo son a medias pero que interesa que creamos que lo son enteras y esenciales para nuestra existencia,  y las connotaciones desviadamente pérfidas que se le dan a algunas otras, la mayoría de las veces nos hace falta poco menos que una autopsia para averiguar qué está pasando en realidad.

    Quizá por eso, yo, que siempre le guardo el beneficio de la duda a casi todo, no había querido creerme a pies juntillas esa noticia de principio de curso que decía que los gobiernos autonómicos tienen más que mano en los contenidos de los libros de texto: que si en Canarias no hay ríos, que en Cataluña no hay Reyes Católicos, o que  entre los instrumentos esenciales de la música se encuentra el tambor rociero (que esto es por hablar, que yo de tambores sé más o menos lo mismo que de El Rocío). Más, cuando de repente, una semana más tarde, los libreros dicen donde dije Diego, y resulta que aquello ni era para tanto, ni nada que se le hubiera parecido. Y ya, a dormir tranquilos.

    moroninfo-mar17

    Sin embargo, por esas cosas que trae el destino, cayó en mis manos un libro de inglés de primaria y aún estoy que no salgo de mi asombro de la evolución en la enseñanza de idiomas.

    En mis tiempos, el libro de inglés servía (bueno, servía es un decir porque los métodos estaban tan alejados de la práctica que no había manera de quedarse con la copla, y ahora sí que sé de lo que hablo porque a la postre me licencié en Filología Inglesa), no solo para recoger el uso y la gramática de la lengua de los habitantes de la Gran Bretaña y todos los que después le siguieron la comba, sino también para tratar de que aprendiéramos, aunque fuera un poco, de las costumbres y de la cultura anglosajona. Antes, esa era una de las pocas maneras que teníamos de saber que hay gente que almuerza a las 12 de la mañana, conducen por la izquierda, tienen autobuses rojos de dos pisos, y un largo etcétera de costumbres y hechos históricos que el libro nos brindaba cual ventana abierta, como para que nos entraran ganas de viajar y de ver mundo.

    Es verdad que los métodos actuales de la enseñanza de inglés se demuestran mucho más efectivos que antes (sobre todo para aquellos que desembolsan periódicamente el recibo de la academia), pero me temo que en lo de la ventana abierta hemos salido perdiendo. En el libro en cuestión las perlas culturales han quedado reducidas a un par de dibujos de Halloween y la foto de un huevo de Pascua. Eso sí, en nuestro eterno afán vengativo contra La pérfida Albión (a La Lupa del pasado puente de Andalucía me remito:  para muestra, un botón), le hemos dado la vuelta a la tortilla. Ahora abundan las páginas donde se enseña cómo explicar la Giralda, la Alambra, y cualquier tópico andaluz en un buen inglés de Gran Bretaña. Y que viajen ellos.

    moroninfo-mar17
    Compartir