OPINIÓN_ LA LUPA. «Futuro Imperfecto» por Mila Guerrero

    Me hago mayor, se me nota en otras cosas, no solo en que no me parezca que el reggaetón tiene excesiva calidad en las letras. De un tiempo a esta parte, me asalta  de manera recurrente la imagen triste del alto índice de suicidios en Japón, materializada en personas que se dejan caer en su desesperación desde las ventanas de inmensos rascacielos. Siempre me ha llamado la atención, que con lo avanzado que está ese país en cuestiones tecnológicas, sea la soledad y el aislamiento una de las razones que llevan a los ciudadanos japoneses a terminar con su vida de esa horrible manera. O quizá, la causa sea  precisamente esa.

    Esa tristeza me invade de nuevo cada vez que veo a un infante –  cada vez más pequeños, por cierto – que, a pesar de estar al aire libre, donde se supone que debía realizar actividades lúdicas, y a la vez aprender de su entorno, permanece pegado sin remedio a una pantalla de teléfono móvil. A la pantalla, cuyo tamaño suele ser inversamente proporcional a las ganas de sus progenitores de prestarles atención, se le ha sumado –muy convenientemente para las cuitas adultas– unos cascos de tamaño descomunal como complemento perfecto. Así, esos sufridos padres ya no tienen que preocuparse, ya que no sólo el niño no dará ruido alguno ensimismado como está en los fluorescentes  colorines del tipo de arma que le permitirá seguir sumando puntos a medida que aniquila seres, sino que además, podrán evitar escuchar la musiquilla machacona y estridente que acompaña al dichoso juego. La paradoja real quizá estribe en la obsesión casi compulsiva de nuestro mundo moderno por tener hijos, para luego, en cuanto se tiene oportunidad, procurar por cualquier medio que no  molesten.

    moroninfo-mar17

    Con la atención permanentemente en las pantallas, estos niños están perdiendo la oportunidad de aprender del mundo que les rodea de la manera más simple: observando y oyendo lo que ocurre a su alrededor. Sin referencias reales, su experiencia se limita a un mundo virtual, estrecho y repetitivo. No es de extrañar que a medida que van creciendo, y en cualquier oportunidad que se les presente para desarrollar habilidades en el mundo de verdad, les afloren los graves traumas que les provoca el más mínimo esfuerzo  de la adaptación a la realidad.

    Cuando sean ellos los  mayores, ¿estarán medio ciegos de aplicar la vista continuamente a espacios reducidos? ¿Devendrán en  sordos  de haber recibido la mayoría de los estímulos auditivos a golpe de sintetizador a toda pastilla?

    ¿Será la forma política del futuro una oligarquía  carismática donde el tuerto con neurona será el Rey? ¿Estarán todos abocados al suicidio tecnológico y  a la  tristeza?

    moroninfo-mar17
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