OPINIÓN_ LA LUPA. “Culpables de Whatsapp”, por Mila Guerrero

    Uno de los fenómenos  más controvertidos de esta postmodernidad tecnológica que nos desayunamos a diario es el de los grupos de whatsapp. Creados en su origen – imagino– para facilitar la comunicación entre un conjunto más o menos numeroso de personas, y que tanto la emisión como la recepción de mensajes llegara al unísono a todos los miembros, no hacen más que demostrarse, sin embargo, como una insidiosa semilla de Babel, favoreciendo  con creces la falta de entendimiento y relación.

    Son incontables los malentendidos,  los galimatías, los enfados, las  peleas eternas para que los  otros miembros de la casa le quiten el sonido a sus alertas entrantes  para que uno pueda escuchar con claridad las propias, y eso con suerte de que al menos a la hora de la cena todo el mundo haya conseguido soltar el aparato y no lo sostengan con la mano  opuesta a  la de la  cuchara. No tardaremos mucho –  si es que no lo han hecho ya –  en que los doctores identifiquen síndromes de  nombres raros para el que envía compulsivamente el mismo chiste a sus cuatrocientos contactos o para el que contesta siempre tarde y mal a las gracias de los demás.

    Hay una circunstancia en concreto que  me produce cierto desconcierto, cierta intranquilidad: los mensajes “yo-no”.  Estos mensajes se  dan  en número y rapidez directamente proporcional a las ganas de quedar libre de desconfianza ante la pregunta que los ha generado, cuestión que se respondería, sencillamente, solo de parte del que tenga algo que aportar. Sin embargo, resulta  curioso que todos se den por sospechosos, que se necesite justificar  de inmediato la ausencia de culpabilidad. Se ve que el principio de presunción de inocencia  ha desaparecido, incluso para lo más banal. En  el whatsapp, como en cualquier otro grupo con dimensión social, al final lo importante es lo que aparentes, no lo que seas en realidad.

    Sepan los  despistados, los lentos, esos  a los que les cuesta contestar, que  en esta nueva vertiente del postureo nacional, les toca, a diario,  vivir  bajo la peligrosísima sombra del qué dirán.

    moroninfo-mar17
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