OPINIÓN_ LA LUPA. “Canciones al micro” por Mila Guerrero

    Agoniza este verano atípico de noches frescas, y mientras hago acopio de fotos y recuerdos, suena de fondo aún una de esas cancioncillas de melodía machacona e insulsa que se pegan al oído con la fuerza y rapidez del superglú.

    Me acuerdo entonces de aquella chiquilla de pocos años que cantaba y bailaba a voz en grito, en la cubierta del barco en el que paseábamos por una ría gallega.  La niña acompañaba a esa misma canción, que sonaba en aquel momento a decibelio partido por los altavoces: “Si tú me llamas, nos vamos pa tu casa y lo hacemos en la cama, sin piyama, sin piyama”. Yo además, había interpretado mal la letra, creyendo que decía “si tú me amas…”, cosa que todavía entraba en mi entendimiento; pero no, mi hijo de nueve años me rectificó: “no, mamá, dice “me llamas”. De lo cual deduje que a la criatura protagonista de la letra, no hacía falta ni amarla para llevársela a la cama, sino solo llamarla.

    moroninfo-mar17

    Voy  a dejar para otra ocasión el machismo exacerbado  en las letras de las canciones que escuchamos sin inmutarnos a diario, y me voy a centrar solo en su alto contenido sexual sin necesidad de metáfora alguna que salvaguarde, aunque sea de manera remota, algún resquicio de inocencia que nos quede –  esa misma que los niños debieran tener entera -. Puedo entender que no estamos en los mismos tiempos de mi infancia, en los que por ejemplo, mi madre sostuvo una insalvable rencilla con una de sus cuñadas, porque mi tía me enseñó – según relato de mis hermanas, que yo no tengo memoria del caso, tal era de temprana mi edad entonces – una canción que versaba algo así como “… la cancamusa, que debajo del ombligo tiene pelusa…”, letrilla acompañada de música y consecuente contoneo, con la que al parecer deleitaba a la audiencia que me pareciera en cualquier ocasión.  También comprendo  que la temperatura anima a tirarse a la piscina y el verano invita a las letras con fuegos, sudores y demás parafernalia sensual y sexual acorde a lo escaso de la ropa y al escape de la rutina. Sin embargo, veo  en la necesidad de esa proliferación de detalles, en esa enumeración chabacana sin elaboración alguna en la que se ha convertido no solo la canción del verano, sino la mayoría de las canciones que más se difunden en los medios,  otro ejemplo más de que hemos perdido sin solución el norte, y si me apuran, también el sur. Bastante lejos de aquellos cantantes que además de serlo eran con frecuencia también poetas, adalides de la mejor interpretación actoral, y nos mostraban con su arte el amplio abanico de sentimientos y experiencias que puede abarcar una canción,  los intérpretes de hoy en día, – y un ejemplo perfecto son los vídeos de sus canciones, que sin ninguna duda podrían pertenecer a la categoría de contenido para adultos- entran más a menudo en el perfil de pornostar que en el de  artista, sin más pretensión en el arte que el calentón rápido y el desahogo fácil.

    La neurona, ese espécimen delicado en claro peligro de extinción, se va debilitando a medida que deja de ejercitarse, pero no creo que haya motivo para preocuparse, a este paso pronto nuestras aspiraciones se reducirán a que nos quede alguna sin achicharrar en el microondas de nuestra ajetreada vida.

    moroninfo-mar17
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