OPINIÓN_ LA LUPA. “Algo que decir” por Mila Guerrero

    Hacía tiempo que tenía ganas de embarcarme en la aventura que para mí supone escribir estos pequeños artículos. Dudaba, más que nada, porque con la acumulación de tareas propias de ser mujer, esposa, trabajadora fuera de casa y madre – principalmente, y  en el orden que ustedes quieran – , no estaba segura de si iba a poder cumplir con el proyecto de entregar con relativa periodicidad los textos. Además, contando como cuento con amigos que, versados ya hace tiempo en estas lides de expresar opinión en los medios de comunicación a su alcance, bordando no solo el artículo, sino bastantes veces la buena Literatura, y sabiendo de sus trajines y desvelos para que las musas acompañen al trabajo a tiempo para que nadie piense que eres un informal de cuidado, me producía muchísimo respeto. Tirarme a esta piscina de compartir con cierta asiduidad con los lectores de este periódico digital mi particular visión –sin duda distorsionada y engrandecida, como cuando miras por el cristal de de una lupa–  de las cosas, no era decisión fácil.

    Sabía, de buena tinta, y porque me lo había hecho saber, que Manolo Olmo me acogería entre las páginas virtuales (se dio la circunstancia de que precisamente cuando terminé de decidirme fue cuando tristemente desapareció la edición en papel) del Morón Información; que ya es tener suerte que cuando quieras poder expresarte tengas el apoyo y el soporte donde hacerlo. Y sin embargo, dudaba.

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    Andaba sondeando a los amigos, y me había encontrado en su mayoría con aquellos  que siempre te dan la razón en todo, y que, a pesar de que te suben la moral y sin ellos no sería posible embarcarse inconscientemente como es debido en algunas cosas, también sabes que no están siendo objetivos. Entonces me topé con uno que de forma definitiva encaró el tema sin paños calientes y me espetó: “A ver, ¿pero tú tienes algo que decir? Porque si no tienes nada que decir… ¿para qué?

    Convine entonces en pensar si realmente tenía algo que decir, y si ese algo que tenía que decir quería compartirlo, exponerlo al  juicio de todo aquél  al que le diera por comentar lo que bien le viniera en gana. Esto último lo superé como condición necesaria, apelando a una convencida creencia en que lo normal es que una escriba algo y el  otro lo lea como le venga en gana. Si tenía algo que decir o no, estaba  bastante claro: siempre he sido devota de la diversidad de opiniones como riqueza, y en bastantes ocasiones soy abanderada de la disidencia.Así que sí, tenía algo que decir.

    Desde entonces hasta ahora, en todas las Lupas –y ya van treinta y cuatro– ha habido algo que quería decir. Ninguna de ellas ha sido producto de un engreimiento en la virtuosidad del uso de la palabra escrita, en todas había un sentimiento o un ímpetu, una frustración, un asombro, un descubrimiento. Las hay con las que aún me río si las releo y las hay que me producirán  que se me encoja el corazón siempre.

    Pero el lujo no son las Lupas, sino que haya ojos que quieran leer a través de ellas. Nos vemos en septiembre, siempre que haya algo que decir, y a ustedes les merezca la pena leerlo.

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