OPINIÓN_ Dominicas. «Día del Orgullo LGTBI», por Juan José García López

“Si habéis tenido que renunciar al cielo por seguir las convicciones de vuestro sentimiento, torcido, tuerto o daleao, no o sintáis inferiores, la procreación no es, ni lo va a ser nunca, la solución de la Humanidad».
Gumersindo Cintrón
Profeta de Aquí y de ahora; criado entre las ruinas de un convento incendiado.

En la casa de Gumersindo, toda la familia junta celebra el día de hoy -el del orgullo gay- para lo que organizan una comida extra, con regocijos y francachela. En la saga, que se sepa, no hay ningún distraído, y si por un casual lo hubiera, no salen del armario, ni-pa-dió. Pero el hecho de que la sociedad –unos y otros- coincidan en un día para celebrar una circunstancia que se da en las personas, desde que el mundo es mundo, y que tanta aflicción genera en las familias, lo consideran un acto digno de aplauso y encomio. De ahí el apoyo incondicional en lo de Gumersindo, jefe de una familia numerosa y muy liberal, que solo pretende predisponernos ante tanta evolución como el mundo trae. Pues ya se sabe que no hay cambios, ni aun de lo peor a lo mejor, que no genere controversia.
Algo desde luego ha cambiado todo desde los acontecimientos reales o ficticios que llenarán estas cuartillas, que por colgarlas aquí el domingo por la mañana, llamare-mos Dominicas. Casos y cosas que tuvieron o pudieron tener lugar, nada más y nada menos que treinta o cuarenta, quizá cien o mil años antes de escribirlos; pero como el tiempo en la vida de un septuagenario no es solo poco más que un suspiro, sino que se convierte en un sólido banco de experiencias, pues, con una pizca de predisposición, buena voluntad y memoria, todo se recompone o se matiza, aun corriendo el riesgo de que la fantasía eclipse la realidad. La persona mayor, si se lo propone, no tiene por que ser ninguna rémora, ni para él ni para nadie. Y es verdad que estando activos, cada vez nos cuesta menos adaptarnos a las cosas nuevas y familiarizarnos con los conceptos y las modas que impone el progreso, aunque todavía algunas palabras o frases nos suenen a chino: “sin solución de continuidad”. ¿Qué diablos es el “what´sApp”? Qué, “te lo envío por hotmail”, que traduciríamos como “correo caliente”.
Sin embargo hay otros mayores de la misma generación, la que partió en dos mitades el siglo, que aún no se han sacudido el miedo con que vivieron tantos años, si los estragaría aquella guerra que no conocieron sino por oídas de los que la habían padecido en sus carnes. Son los más pusilánimes supongo, los que todavía se muestran hostiles a todo lo nuevo, que no se fían de nada ni de nadie, se apañan con lo que saben y defienden su inferioridad atacando al que le increpa. Algunos de estos, no obstante amigos o contertulios, arraigados en su tiempo, tiempos de posguerra, de venganzas y chascarrillos; las nunca olvidadas historias de sangre, tantas noches contadas a la lumbre de un brasero, siguen inevitablemente anclados a sus temores, no están dispues-tos a mover un solo dedo porque cambien las cosas, y hasta censuran y hablan mal de los más atrevidos. Entre estos me tienen encasillado, por mi osadía, por no callar cuando publico, que no entienden la devoción que siempre tuve por los libros y el estudio para satisfacer mi curiosidad y allanarme el camino de la libertad.
Son personas que no acaban de aceptar, que este mundo es algo vivo, en constante evolución, que cambian los individuos, los modos y las costumbres; cambian incluso los paisajes, sobre todo los urbanos. Yo justifico mi afición por escribir explicándoles que si no hay alguien que deje constancia de la esencia de cada generación, volveríamos a nacer una y otra vez en la oscuridad de la prehistoria.
moroninfo-mar17
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