OPINIÓN. Los veranos lentos_ “Y la vida siguió”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

    moroninfo-mar17

    Por suerte, esa misma casa, allí donde aparqué, donde ya había empezado a dar clases en anteriores primaveras, como dije, me dio la oportunidad de empezar ese mismo verano un campamento con los menores y las familias del barrio, con la posibilidad de seguir durante el curso siguiente.

    Fue el primero de tres veranos donde pude disfrutar de un trabajo que me encanta y en el que desde entonces me encuentro muy cómodo. Pero no venía a hablar de eso.

    Fueron veranos magníficos, llenos de vida, con menores a los que acompañé en momentos únicos, junto a un grupo de personas que me acompañaron a crecer en algo que nunca había hecho profesionalmente, pero que había desarrollado años antes.

    moroninfo-mar17

    Veranos en los que pude conocer a cada persona con la que me cruzaba en el barrio, veranos donde, a la vez que disfrutábamos cada segundo con lo que hacíamos, nos volcábamos para darle todo lo mejor que teníamos cada día. Veranos llenos de aprendizajes, de palabras cercanas, de oportunidades para ver crecer a esos menores.

    Esos veranos fueron también los de quedar cada lunes a ver monólogos. Junto a unos amigos formamos un grupo donde nos veíamos para ir al bar con las mejores vistas de toda Huelva, un sitio desde el que puedes ver toda la marisma, una pasada.

    Veranos donde elevé mi nivel de asombro, conociendo distintos parajes naturales de la provincia, donde entrenaba junto al equipo al que me uní durante esos años y con los que conseguí superar retos físicos que creía fuera de mi alcance. Veranos de kilómetros entre montañas para poder pasar en noviembre el reto que me había planteado o de salir de casa, llegar al precioso mirador que está frente al centro de visitantes del Paraje Natural de las Marismas del Odiel, de volar en sandalias por los pueblos y recargar casi de madrugada con los mejores serranitos de la provincia. Veranos de visita a Tarifa para subir a los ventiladores o a visitar una pequeña estatua de un buda que está junto a las montañas pegadas a la costa. Veranos de sacrificios y crecimiento en definitiva.

    Verano de la casa de Valverde, entre carcajadas con las ipanemas y veranos de los tres mosqueteros en Las Colombinas.

    Veranos que trajeron también la típica visita en agosto a visitar mi familia. Cerca del puente de agosto solíamos quedar toda la familia en La Antilla. Allí nos veíamos y disfrutábamos de unos días de playa y risas todos juntos, fuera de las prisas del invierno. Allí, guardamos recuerdos de nuestros abuelos, contamos anécdotas infinitas y nos buscamos para darnos consejos y contarnos lo que hemos guardado durante el resto del año. Días donde exprimimos el sol hasta las tantas mientras leemos o nos hacemos fotos al atardecer.

    Veranos de amigos y campos, de charlas, de tranquilidad, de risas, de no tener prisas en acabar el día. De compartir experiencias y consejos, de cumpleaños y de saltar en castillos hinchables.

    Pero estos últimos veranos han venido de una forma distinta. El año pasado lo pasé en Sevilla, haciendo lo que más me gusta, con un grupo enorme de profesionales que trabaja sin cesar en la zona de Amate y Tres Barrios, con menores con los que pude disfrutar todo el año.

    También trajo la despedida de soltero de un amigo de toda la vida, y con ella la oportunidad de juntarnos todos y pasar un fin de semana inigualable.

    Y la vida siguió.

    moroninfo-mar17