OPINIÓN. Los veranos lentos. “Un olor me trajo aquí”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

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    Dice Sabina que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, pero algo tiene el verano, algo mágico, liberador, de primeras veces, que funciona como un Delorean en nuestras vidas y que nos hace querer retroceder buscando ese punto de magia que, como adultos, nos cuesta tanto crear.

    El otro dia paseando bien temprano me vino un olor conocido, que siempre me teletransporta en el tiempo y en el espacio. Como se suele decir es mi magdalena de Proust.

    Algo tiene el césped recién cortado que siempre me transporta a los lentos veranos de mi infancia, a esos veranos en los que no había más prisa que estar horas infinitas fresquito, buceando y jugando en la piscina o pasar las largas tardes jugando con mis primos, todos pequeños, compartiendo recuerdos y experiencias que más tarde se convertirían en esto que traeré durante el verano, pequeños recuerdos, que en forma de pequeñas cuadros impresionistas dejaré para que este verano tan atípico tenga algo normal.

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    Me viene a la cabeza lo festivo que tenía para mí hacer la mochila, preparar algunas cosas y poder pasar parte del verano con mis abuelos, mis tíos y mis primos. Y si eso era una fiesta todavia lo era más que llegara un coche con todo sus colores vivos. Cuando empiezas a tirar del hilo de los recuerdos, las fotografías hechas con los viejos carretes pueden haber perdido color, pero la forma en la que permanecen es siempre viva.

    Recuerdo mis primeros veranos aprendiendo a nadar en la piscina del pequeño campo familiar, un campo en el que transcurren gran parte de mis recuerdos de verano. Esos días en los que las tareas de los cuadernos de verano se hacían eternas. Nunca destaqué en matemáticas y con estos cuadernos enormes, al menos asi los veia, pasaba gran parte del tiempo después de comer.

    Tiro de algunas fotos que he rescatado y me veo con dos pastores alemanes que teníamos salvaguardando nuestro campo, enormes, Jacky y Bruno, con los que jugueteaba y de los que me suelo acordar bastante.

    Como dije al principio, suelen ser los olores lo que nos hacen de enlaces directos con el pasado. En mi caso, uno es siempre el olor a césped recién cortado o recién regado. Otro, sin duda, es el olor a jazmín. Teníamos uno a la entrada de la casa que en esta época del año impregnaba todo el terreno. Si me paro un poco más me viene también el olor a dama de noche, a noches sentados todos en el césped acabado de regar, compartiendo cena, risas y cosas que habían pasado durante el dia.

    En fin, veranos en los que poco a poco conocíamos esto que se llama vivir, en los que empezamos a formar nuestros primeros recuerdos y que a poco que levantemos un poco la tapa de esos recuerdos no dejan de salir historias y fotos perennes en aquellos veranos lentos.

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