OPINIÓN. LA LUPA_ “Tempestad”, por Mila Guerrero

    Les pareció, a aquella generación de luchadores, que habían ganado, para siempre.  Y habían hecho tanto esfuerzo por que su voz se escuchara y por sentirse representados, que después de la batalla quisieron disfrutar de sus logros, y se sentaron a contemplar su éxito, el sueño de que las siguientes generaciones continuaran su legado. Esperaron que lo hicieran por herencia, tan solo como fruto de mantener en la memoria el son repetitivo del relato de sus guerrillas, sin esfuerzo.

    Y les pusieron la mano para que no sufrieran como ellos, abriéndoles las puertas que ellos habían encontrado cerradas, quitándoles los escalones para que no les dolieran las piernas, llevándolos en brazos. Les rebajaron las exigencias, borrándoles la memoria de suficiencias, quitándoles contenidos, dejando a un lado las tribulaciones de la firmeza de la disciplina. Los deslizaron suavemente en la burbuja del bienestar y la calma, de lo fácil, del dejarse llevar por la corriente.

    Les reiteraron, en bucle, sus derechos, haciéndoles olvidar las obligaciones, convenciéndoles de que los buenos siempre ganan, de que las cosas son así porque tienen que ser, y de tanto incidir en el ahora olvidaron el antes. Los convirtieron en una masa fácil  de manipular, sin criterio crítico, que perdona los abusos, que justifica los desmanes porque vienen de los que pensaron que eran de  su clase. Un conjunto insulso con dificultades para comprender lo que lee si tiene más de un sintagma – aunque supieran lo que significa-, una generación con problemas  para comunicarse, que no combina dos frases seguidas si no es con una carita.

    Tantos años protegiéndolos del oficio de pensar, que olvidaron que hubo quienes  lucharon por la Democracia, esa de la que desconocen su legado, la misma de la que ellos abusan ahora quedándose en casa, sin ir a votar porque no saben ni qué significa.

    Tantos años sembrando vientos.

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