OPINIÓN. LA LUPA_ «La belleza», por Mila Guerrero

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    «Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, sentía aquello que en Berlín denominan nervios, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».

    Henri-Marie Beyle “Stendhal”

    LA BELLEZA

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    Hace unos meses, la belleza eran paseos a la orilla de un mar oriental, maltratado y hermoso, y era también la borrachera de luz de un cielo azul inmenso, las formas voluptuosas y desnudas del blanco de las estatuas mezcladas con el agua en la ciudad eterna. Se me inundaba el rostro de sonrisas a cada paso. La belleza era Navona, el Panteón, San Pedro, el Baldaquino, Il Duomo; cual Stendhal de pacotilla, mi pecho henchido buscando el aire de falta, escatimado en la Galería Ufizzi. El viento en la cara, los abrazos lentos, cascadas y carcajadas, los planes de mundos nuevos. Las risas de los amigos, el color del vino, la felicidad en los otros, horizontes de nubes hermosas, el brillo en sus ojos, el olor del campo, la mirada de un niño.

    La belleza, esa que estaba tan fácil y cerca, de un tiempo a esta parte, son sanitarios vestidos de pez  que arriesgan sus vidas y las de sus familias por salvar las de otros -como ha sido siempre-, y es también la ignorada hermosura de aquellos cuya profesión o vocación no contempla elegir no ayudar, esos que ahora son héroes y antes denostados . La mirada lejana de quién se alegra de verte, pero te protege al no acercarse. Es que el aire ahora huela a tomillo, que Venecia flote en agua limpia, que los animales ocupen sus espacios robados, que nos salude desde la ventana el silencio.

    La primavera, como en el cuadro que me robó el aliento, sigue espléndida en curso, como sigue su camino eterno este planeta de agua que da vueltas. Quisiera no pensar, pero a veces pienso, que quizá este tiempo aciago solo sea un cruel castigo, una tortura, una venganza. La inmensa tristeza de solo ver los colores, los ojos y los besos en el triste titilar de las pantallas.

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