OPINIÓN. La antorcha y el manantial_ «Resiste, no calles, vence», por Juan Diego Vidal

Ella escucha la campana
sobre el eco de un insulto,
coge la mochila y sale,
fin a otra tortura en el instituto.

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Pero él no se ha saciado,
la persigue hasta la salida,
ordena a todos que graben:
«¡A ver, puta, si te suicidas!».

Estos, aún sedientos, quieren más:
sacan el móvil para filmar.
Aquellos miran de reojo y se van:
«A ver si la dejan en paz…»

Cuando entra casa
ella renuncia
a hablar de nada
y se mete en la cama a llorar.

Él, sin embargo,
llega triunfante
a su guarida:
«¡Mamá, tengo hambre!».

Estos suben el
vídeo en las redes:
«A ver si hoy
lo ve más gente».

«¿No será
esa chica como las que
escribe una carta antes
de quitarse al fin la vida?»

…, ese es el
pensamiento de aquellos
a los que les puede el miedo

y optan por la indiferencia.

Pero yo…
Yo sé bien lo que se siente.
Compañera, no estás sola,
mira al futuro de frente.

Denuncia a quien te agrede,
pide ayuda a tu familia
¡y confía en tu gente!

     A ti, que hoy sufres la pesadilla del acoso escolar, te digo que no tires la toalla, que no dejes de lado aquello que quieras estudiar por culpa de unos deprededores que intentan amargarte, que no te calles, que no aguantes lo que no te toca soportar, que lo hables con los responsables de tu centro educativo y con las personas que te quieren (eso no es de ser cobardes, al contrario: es de los actos más valientes) y que antes de lo que imaginas verás que eres más fuertes de lo que crees, tanto que acabarás venciendo el recuerdo, plantándole cara al miedo, y caminando por la vida rodeada de luz. «Sé bien lo que se siente, compañera«, y te digo que sí se puede.

Estas líneas van también dirigidas a todas las partes que componen la ecuación diaria en las situaciones de maltrato entre menores:

A quienes desde sus puestos de responsabilidad en las instancias educativas ponen todo su empeño en la prevención y resolución de casos.

A los entes mediáticos, que debieran implicarse aún más en la forma (menos morbosa y más humana) en que abordar un problema que enraiza directamente con los valores de toda sociedad que pretenda ser más justa, empática y civilizada.

A los que un día fueron agresores, y a los que hoy lo son. Ojalá (de corazón) vuestros hijos jamás vivan en las aulas lo que otros críos sufrieron por vuestra culpa.

A los padres de agresores: la mejor manera de amar a un hijo que hace bullying NO es defenderlos, sino condenar lo que hacen y hacer todo lo necesario para que no repitan sus actos.

Y finalmente, a los alumnos que por temor o indiferencia miran a otro lado, sin oponerse a quien agrede a un compañero de clase ni alertar a los responsables del centro: eso se llama complicidad.

Pero sobre todo, este manantial está dedicado a todos aquellos niños y adolescentes, muchos de los cuáles son mujeres y hombres hoy, que fueron víctimas de acoso escolar en colegios o institutos; a todos los que superaron esa etapa de terror y que con el paso del tiempo se hicieron mejores personas; y cómo no, también a aquellos que no pudieron más y no vieron otra salida mejor que abandonar este mundo para, con ello, dejar al fin de sufrir.

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