OPINIÓN. La antorcha y el manantial_ “PPoM: Propaganda, perversión o manipulación”, por Juan Diego Vidal

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El Roto

Hace unos meses leí la original y fresca Instrucciones para convertirse en fascista, de Michela Murgia (Seix Barral), celebrado libro en Italia y varios países más. A modo de falso manual en defensa de una corriente ideológico-política que hoy renace en Europa, y tirando de sarcasmo, doble sentido y compilación de postulados públicos, la obra busca despertar conciencias sobre cómo actúan una serie de líderes políticos que, de manera inteligente, penetran en las capas sociales a través de una máxima: “No importan los datos ni la razón, lo que perseguimos es agitar emociones. Ejemplo: si alguien que defiende nuestras doctrinas hace algo deleznable, presentémoslo como un loco, un caso aislado. Diremos: nosotros no somos así. Sin embargo, si quien lo hace defiende ideas contrarias, gritemos que todos los de su calaña son iguales, aunque sea falso. Demos con el hueso en disputa y azucemos a los perros”.

La semana pasada, en el Congreso, Macarena Olona (portavoz de Vox) demostró ser alumna aventajada de esa visión. Por medio del ya redundante “nosotros sí nos atrevemos a decir la verdad” y la creencia de que desgañitarse significa tener (o al menos, aparentar tener, que también le valía) la razón, la diputada dejó una intervención digna de ser analizada en la que destacó la cuarteta: “El hombre no viola, lo hace un violador; el hombre no mata, mata un asesino; el hombre no maltrata, lo hace un maltratador; el hombre no humilla, humilla un cobarde”. Sin entrar ahora en las respuestas que Olona recibió (entre las cuales destacó la de Pilar Villagera [ERC], quien, indignada, vino a recomendarle repasar más antropología o sociología y dejarse de semejante demagogia), preocupa la meta perseguida por la posición defendida por la portavoz de Vox en dicha sesión parlamentaria. Oda a la negación: “Aunque las cifras oficiales sean las que son, neguemos la violencia machista, presentemos al hombre (todo él y todos ellos) como una víctima, y así ganaremos un puñado -de miles- de votos”. La estrategia parece simplona pero, a la vista de los hechos, da resultados.

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Bien lo explica Íñigo Errejón (Más País) al referirse al peligro de ofrecer respuestas simples para cuestiones complejas. Pero, si miramos aún más allá, ¿qué es lo inquietante de mensajes como el transmitido por Olona? Que valdrá para negar cualquier otra lacra partiendo de la misma relación de respuestas: “Que una persona sea agredida o perjudicada por razón de raza, cultura, procedencia o religión no significa que exista el racismo”, podrá defender alguien mañana; “Que haya agresiones o exclusiones debidas a la condición sexual no significa que la homofobia exista”; “Que un guarro tire plástico al mar o desperdicie agua no quiere decir que la biodiversidad esté siendo dañada”… Así, hasta el infinito. Y es en este punto cuando acuden a la mente los términos ‘propaganda’, ‘perversión’ y ‘manipulación’, utilizados una y otra vez por el partido de Olona en los últimos años para referirse a aquellos argumentos a los que se oponen frontalmente.

Porque, como recoge la obra de Murgia, “estas corrientes no entran a debatir, sino que cuando se topan con razones que desmontan sus intenciones, las tachan de farsas, de ataques antidemocráticos, y a otra cosa mariposa”.

Así, para Vox (y/o su entorno, su maquinaria) la violencia de género es “manipulación”; el Orgullo y reivindicaciones del colectivo LGTBI es “perversión”; y el feminismo es “propaganda”. Y dicho esto, en su lista entran o han entrado en los últimos años: La visibilidad y el respeto de la diversidad sexual, racial, multicultural o religiosa, así como de la igualdad de derechos / La lucha contra el cambio climático y contra los favores fiscales y legislativos que permiten a multinacionales del carbón, los minerales, la madera o el petróleo (entre otros bienes y recursos) agujerear la Tierra como un queso Gruyère / Las prácticas de los medios y plataformas centrados en destapar bulos, montajes o desinformaciones / La riqueza cultural del multilingüismo y de las nacionalidades de España / La alerta de la privatización y desmantelamiento de la sanidad y educación públicas / Una reforma fiscal más exigente con las grandes fortunas y multinacionales / Apelar a investigaciones claras y honestas sobre posibles casos de corrupción en la Casa Real… Todo ello ha sido tachado de PPoM.

Hay más: La oposición que encuentran en una ingente cantidad de representantes del mundo del arte y la cultura / Educar a los niños y niñas en un mundo que evolucione hacia la normalización de las distintas formas de amor, los diversos tipos de familia o las diferentes realidades sentimentales de las personas, basado todo en la empatía y la tolerancia / La educación sexual / Criticar las billonarias partidas presupuestarias de los Estados en industria militar o el descenso de las dedicadas a cooperación y desarrollo / Denunciar sus frecuentes posturas, declaraciones o propuestas públicas o a través de redes acerca de las personas inmigrantes (generalmente si estas pertenecen a determinadas regiones del mundo, razas, religiones o condiciones socio-económicas, o si aún no han regularizada su situación) / Alertar de que cada vez que hay elecciones vuelven a espolear la relación delincuencia-inmigración-miedo al de fuera, así como sus mítines en barrios en los que saben que pueden caldear esos ánimos con discursos beligerantes y provocadores… Todo ha sido tachado de PPoM.

Más aún: Las denuncias a los empresarios que explotan o engañan a personas aprovechándose de su situación -ejemplo, los casos dados con jornaleros- / Las críticas a sus críticas sobre los últimos logros en economía social (ejemplo, sus posturas acerca del IMV) / Las declaraciones cargadas de homofobia o racismo (recogidas en los diferentes soportes que hoy existen: es lo que tiene estar en 2020) / Las demostraciones de que su ultracatolicismo es tan ferviente en la defensa de las clases poderosas como dañino con el origen más humilde y social del cristianismo / Las denuncias por irregularidades o politización por parte de miembros de la guardia civil o de la policía / Considerar la ley de memoria histórica un camino digno para hacer justicia y encontrar la paz / Tildar el franquismo de dictadura o repasar su levantamiento militar contra un gobierno y una forma de Estado elegidas en las urnas / Señalar su predilección por los bulos, medias verdades e informaciones no contrastadas, o sus discursos faltos de erudición… Todo ha sido tachado de PPoM.

Y más: Transmitir que hacer política es dialogar, parlamentar, acordar, reflexionar, e intercambiar y confrontar ideas, en lugar de crispar, exagerar o enfrentar / Proponer el desarrollo de la alfabetización mediática y científico-cultural / Advertir del lenguaje marcadamente violento y amenazante que a diario emplean sus líderes para referirse a otros representantes políticos / Enumerar los comportamientos, discursos o actos de victimización que este partido imita en España tras las puestas en escena de Trump en EE.UU. o de Bolsonaro en Brasil / Analizar y explicar las conexiones entre esta formación y los mandamientos de Steve Bannon…

¿De verdad es posible hacer creer que todo eso es propaganda, perversión o manipulación? Hora de sacar conclusiones propias: dos + dos = cuatro.

¿No será que esas tres herramientas clave para liderar la opinión pública están siendo utilizadas precisamente como armas que legitimar y arrojar? ¿No será que hay partidos (y organizaciones, instituciones, grupos de presión, entes mediáticos, personalidades, etc.) que hacen del aumento del odio su gran esperanza? En días en los que las corrientes más sensatas llaman a la reflexión para combatir el ruido (y para avanzar, tanto personal como colectivamente), ¿no será que hay quienes se agigantan mientras más ruido y menos reflexión haya? ¿A qué ejemplos históricos (no tan lejanos) nos remite todo ello? Y finalmente, ¿por qué no es bueno quedarse de lado en semejante panorama? Empaparse de historia es ver cómo la indiferencia siempre fortaleció al tridente PPoM.

[¡Ay, peligrosa indiferencia, que campeas a diario a nuestro alrededor, descuidando así el ayer, emponzoñando el hoy e hiriendo el mañana! / ¡Ay, amiga reflexión, cógenos de la mano, que te necesitamos más que nunca!].

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