OPINIÓN. La antorcha y el manantial_ “Música, a pesar de todo”, por J.D. Vidal Gallardo

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Foto de J. D. Vidal Gallardo.

Estaban ya sellados estos renglones cuando el día de ayer, lunes, dio paso al martes en forma de madrugada lluviosa. Eran renglones apagados. Apagados y cabreados a partes iguales. Tristes y furibundos en la misma medida. Entre supercortijos presentados como superligas, carteles racistas, y debates políticos marcados por la batuta del neofascismo, el escribidor de estas líneas no paraba de pensar: “¿Qué está pasando? ¿Qué carajo estamos haciendo mal?”…

Porque, además de lo que aportan las siempre necesarias teorías, análisis y perspectivas que ayudan a explicarlo, algo estamos haciendo mal en nuestras sociedades para que no seamos capaces de vislumbrar los abusos y los desfases perpetrados por los más poderosos. Por ejemplo, los que esta semana fueron noticia por su intento de robar por lo bajini el balompié a los aficionados. Algo que, en cualquier caso, hacen cada día en muchos otros ámbitos de nuestra cotidianidad, lanzando sus garras sobre diferentes ámbitos de la tecnología, la educación, la sanidad, la administración o la economía. ¿Cómo? Privatizando, destruyendo, comprando la competencia, diciendo: <<Esto lo manejamos nosotros, que pa’eso tenemos más derechos por ser más ricos>>, o <<O se hace como digamos y con quien queramos, o nos cargamos todo, pa’eso somos quienes más pasta manejamos”. ¡Ya podía tratarse de pasta a la putanesca! Pero qué va, hablamos de la otra pasta, la que por muchos es adorada cual si fuera un dios, los parneles (https://jacobinlat.com/2021/04/19/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/?fbclid=IwAR0UUjPdwqwYwryhs59YZIBFoqY7lcVORqu_SHD8kTFJldBfh9cepMB3-Gg). Y es que, claro, los glorificadores de “el Capital y los beneficios por encima de todo y de todos” están convencidos de que pueden hacer y deshacer a su antojo… Pues bien, en lo que a una codiciada parte de la pelota se refiere, de momento tendrán que esperar.

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Algo estamos haciendo mal cuando se valida el hecho de que todo valga, literalmente todo, con tal de recabar apoyos en unas elecciones, incluido el más viejo y detestable de los planes: infundir el miedo contra ‘el de fuera’ (o contra ‘el de aquí’, si tiene pinta de ser de fuera, o si es ‘diferente’, o si come, habla, reza o viste diferente, o peor: si piensa diferente. ¡Qué susto! ¡Cuidao con ese!). El agitar los miedos contra menores migrantes vuelve a convertirse en la gran baza de Vox para arañar votos en las regionales madrileñas del 4 de mayo. Ya está, no hay mucha más argumentación. Y como no la hay, no queda otra que tirar de lo que al nacionalismo más ultraconservador y excluyente le ha valido tantas veces: odiar al que es ‘diferente’. Todo sea por tapar las vergüenzas de los privilegios del poder, que cada vez se tambalean más… Unos datos inventados por aquí, cifras falseadas por allá, un poco de noticias manipuladas, un mucho de vídeos descontextualizados, un muchísimo de caldear los ánimos en las redes sociales, y de postre carteles y eslóganes llenos de mentiras y que rozan lo delictivo, pero que a los fieles les vale para seguir votando a quienes “quieren salvar la patria”… Resultado: una campaña instigada en torno a la desinformación y la violencia contra los migrantes, y contra los faltos de parneles. Lo dicho, algo estamos haciendo mal para que tal cosa no haga saltar las alarmas de la sociedad.

Algo estamos haciendo mal cuando se buscan excusas o se trata de tolerar lo que ni tiene excusa ni se puede tolerar: que en una disputa o diálogo político se lleve la partida a su terreno quien no para de insultar, cortar, torpedear, azuzar, gritar, provocar y atacar. Vale que ‘x’ fascistas babeen de placer cuando ven que una antidemócrata ‘consigue’ que los rivales políticos abandonen un debate (Iglesias, Gabilondo y García abandonaron el debate organizado por la Cadena SER el pasado viernes 23, en el que también estaban Monasterio y Bal). *Digo “vale que” porque doy por hecho que un fascista no cree en el debate democrático, y que por eso goza viendo a su representante reventando actos que aspiran a serlo (democrático, año 2021, esas cosas que a los Monasterio’s fans les sonará a sueco). Pero más allá de cabezas rapadas, nostálgicos de camisas azules y soñadores de Francos santificados, imagino que el común de la sociedad española no verá normal que haya partidos políticos que hagan del desprecio su única arma -nunca mejor dicho- electoral. Imagino que el común de la sociedad española (incluyendo toda su variedad ideológica) no verá normal que se haga todo lo posible por negar la palabra y forzar la no presencia de un rival político en un mismo espacio. Imagino que el común de la sociedad española no verá normal que haya un partido que constantemente se refiera a algunos de sus adversarios empleando insultos y descalificaciones, bien por aspectos físicos o bien por otras motivaciones. Imagino que el común de la sociedad española no verá normal que unos aspirantes a ser elegidos en las urnas, estando en plena celebración de un mitin en un plaza, insten a las fuerzas de seguridad a cargar contra el amplio grupo de personas de ese barrio que legítima y pacíficamente se manifestaban en contra de sus mensajes, y que los agentes cargasen, y que encima tales exaltados -quienes dieron el mitin, digo- lleven días presentando la tortilla al revés y diciendo: <<¡Nos agredieron en Vallecas!>>, por mucho que los vídeos y documentos gráficos de aquella mañana los dejen en evidencia…

En suma, imagino que el común de la sociedad española no verá normal que un partido que forma parte de un sistema político bajo normativa pública, base buena parte de su campaña electoral en impedir y reventar debates políticos (estrategia ‘sorprendentemente’ parecida a la de Amanecer Dorado en Grecia) o en empapelar ciudades y redes sociales con carteles en los que los datos falseados son la carne de cañón para encender la mecha contra ciertos sectores de la población (sí, muy parecido también a lo de los carteles xenófobos del partido nazi en Alemania a finales de los años 30: https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/04/22/de_propaganda_del_iii_reich_cartel_vox_sobre_los_menores_inmigrantes_como_usar_numeros_como_herramienta_odio_119565_1012.html). E imagino que el común de la sociedad española tampoco verá normal que haya gente -especialmente, jóvenes- que, sin saberlo, estén reproduciendo, repitiendo o apoyando a diario mensajes o actitudes fascistas, es decir, antidemocráticas. Pero claro, es que puestos a imaginar, imagino al mismo tiempo que una parte de la sociedad española no estará dispuesta a reconocer que todo eso no es normal, porque eso implicaría admitir que en este país no se trabajado bien lo que es -y lo que conlleva- la palabra Democracia. Eso, en un lugar en el que se alardea de “transición democrática” y de “sociedad moderna y avanzada”, supondría mandar al quinto pino tales afirmaciones. Significaría admitir que aquí se explica poco y mal a los ciudadanos, desde que somos pibes, qué es ser demócrata o qué no se debería de tolerar. Y la demostración de lo parco de esa parte del compromiso democrático desde hace unas décadas es que hoy resurgen (no solo en España) nuevas formas de fascismo, formas asumidas como si nada, con la misma facilidad con la que Messi regatea a defensas rivales: como si nada

    De todo ello iban a versar estas líneas, empapadas de rabia y tristeza, como cuando a uno le empapa la lluvia espontanea en la calle… Pero va a ser que no. No me da la gana. ‘Música, a pesar de todo’, recoge el pie de un cuadro escultórico que hay cerca de Palma. Música, a pesar de la lluvia y las tormentas de estos días. Compromiso, a pesar de los supercortijos presentados como superligas, a pesar de los carteles electorales xenófobos y clasistas, y a pesar de los debates políticos marcados por la batuta del neofascismo. Con el silencio y la equidistancia no quiero na, pues normalmente tanto uno como otra solo sirven para blanquear. Así que aquí quedan plasmadas estas reflexiones, en parte tristes y rabiosas, sí, pero también esperanzadas. Esperanzadas con que a pesar del tronar de privilegios, odios e intolerancias, acabe prevaleciendo la divulgación de la democracia. Y para lograr tal fin, toda contribución es buena. Todo cuenta. Todo suma. Hasta un simple artículo como este.

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