OPINIÓN. La antorcha y el manantial­_ “Envidio tus Artes, que nutren mi fuego”, por J.D. Vidal Gallardo

Excelencia
Foto: J. D. Vidal Gallardo

Envidio el modo en que escribes, pues yo solo redacto sintagmas, junto letras, y arranco historias de entre mis nubladas entrañas, las cuales de vez en cuando aportan algún rayito de luz.

Envidio el modo en que recitas, pues yo solo dejo caer sonidos de mi boca en busca de una vela que suene, vela fonética, una vela que con música propia hinche sus velas.

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Envidio el modo en que cantas, tocas o danzas, pues yo solo tarareo la melodía de la memoria de tus canciones; arrastro el compás de lo que tus sentimientos acarician; y planto espasmos donde tú siembras belleza.

Envidio el modo en que cuentas, pues contar es mucho más que hablar.

Envidio el modo en que ilustras o pintas, pues yo solo trazo viñetas que apenas recogen lo que sucede a nuestro alrededor; solo esbozo garabatos con la esperanza de que mis anhelos no se apaguen, y que algún día se parezcan a un lienzo de colores que muestre la realidad.

Envidio el modo en que trabajas la piel, pues yo solo tatúo tintas translúcidas y efímeras.

Envidio el modo en que te disfrazas, por eso comparto tus máscaras, la doliente y la sonriente, tras las que uno no se esconde, sino que mediante ellas siempre reivindica; mediante ellas, por nefastos que soplen los vientos, siempre se traslada el mensaje del pueblo para el pueblo. Disfraz y máscaras que son letra y canto, carrusel de rebeldía y carnaval de libertades.

Envidio el modo en que interpretas, pues yo solo atisbo melodramas que no siempre encuentran su papel en el escenario de nuestra existencia.

Envidio el modo en que esculpes, pues yo solo moldeo la admiración por tus piedras, tus barros o tus maderas.

Envidio el modo en que piensas tus construcciones, pues todavía son infinitas las columnas, ladrillos, peldaños, puentes o contrafuertes que han de dar solidez a la estructura de mis ilusiones.

Envidio el modo en que fotografías, pues yo solo pongo el alejado foco sobre aquella verdad que tu cámara con reaños sí logra revelar en la esencia de los corazones.

Envidio el modo en que diseñas, pues yo solo imagino líneas y formas anhelantes de adquirir las costuras de su propia silueta.

Envidio el modo en que compones, porque… Ay, de tu maestría para regar la amalgama, recolectar sus frutos y conjuntar la obra… ¡Ay de mí, si semejante cosa pudiera!

Envidio el modo en que decoras, maquillas y generas los efectos que tú logras, pues yo solo sé perfilar el atrezzo del manantial en el que algún día espero bañarme.

Envidio el modo en que guisas, pues yo solo investigo ingredientes caseros y de hogares varios, con los que compartir recetas, nutrir conciencias y saborear emociones.

Envidio el modo en que reproduces, pues yo solo puedo admirar al jardinero, al orfebre, al carpintero y al resto de artesanas y artesanos que sois fuente de autenticidad.

Sobre todo, envidio lo que expresas y cómo lo expresas, pues a mí me queda tanto…

Envidio el modo en que eres capaz de crear.

Envidio tu concepto, tu técnica, tu género, tu fondo, tu estética, tu compromiso, tus reformas, tu creatividad, tu(s) valor(es), tu razón, tu autocrítica, tus múltiples y cambiantes ramas mestizas y preciosas, tu ayer, tu hoy, tu mañana…

Y es que, lo que yo más querría sería que la gente despertara de la pesadilla* y se diera cuenta, de una puta vez, de que aniquilándote a ti la aniquilan también a ella (a la gente); y de que borrándote a ti la borran a ella; y de que maltratándote a ti la postran a ella; y de que homogeneizándote a ti la empobrecen a ella; ¡y de que olvidándote a ti, a ella la esclavizan, la manipulan, la encadenan, ella claudica!

Deseo, en fin, jamás parar de conocerte, desde dentro, formando parte de ti, y ser capaz algún día de transmitir una milésima parte de lo que tus Bellas Artes suponen para la humanidad… Mientras tanto, te seguiré envidiando de esta manera tan sana, tan gozosa, tan inspiradora. Y una cosa más te diré (a ti, que portas el Genio en alguna/s de estas cumbres diosas): continuaré apasionado animando el fueguito -el alma-, mi fueguito -mi alma-, para que no se apaguen los reflejos de cuanto llevo dentro de mí, por mucho que reine la oscuridad.

*P.D. La pesadilla de la ignorancia, en la que todos podemos caer, pero de la que todos debemos intentar despertar. Porque la ignorancia lleva al miedo, el miedo lleva al odio, y el odio lleva a la violencia. Así que, ante eso: ¡Conozcamos. No temamos. No odiemos. Y amemos! He ahí la grandeza de las Artes: el cocimiento, la sabiduría, la empatía.

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