OPINIÓN. La antorcha y el manantial­­_ “Charlas a medianoche”, por Juan Diego Vidal

¿El porqué de embarcarse de nuevo en este proyecto? ¿El porqué de continuar formando parte de este barco? Por la responsabilidad de seguir intercambiando opiniones sobre la actualidad. Por la motivación de tener un espacio donde poder crear. Y por la ilusión transmitida por los capitanes del bergantín para seguir contando nuevas historias. Bueno, por todo eso y porque ella me anima a profundizar en esta vereda…

   Siguiendo la silueta de las velas henchidas por los vientos que surcan los cielos, noche sí y noche también, me encontré con ella, rodeada de sus hijas, las estrellas. <<Cuéntame, que yo también te cuente>>, me dijo ella.

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¿Tú crees que es posible? —le pregunté a su perfil menguante, siempre invitando a mecerte en su cuna y comenzar la aventura.

—Te sumergiste en las arenas de Morfeo; te estremeciste con los hermanos de las luciérnagas y con el nombre del recuerdo del amor; asentiste con tristeza a la premonición de la caverna de Saramago y a las palabras del gran pacifista hindú: «Ojo por ojo el mundo quedará ciego»; descubriste con la máquina florentina… Por eso te digo: sí, es posible —me contestó.

—Siento que me faltan las fuerzas, que me apago como ese fuego que está a punto de reducirse a cenizas —insistí otra noche, cuando ya su rostro era pleno, luminoso, misterioso, blanco como la nieve y amarillento como el trigo, siendo imposible dejar de mirarlo.

Te impactó la vida y obra de Mary Godwin, como también su criatura; rebuscaste en el tiempo y en tu origen para reflexionar acerca de la poca casualidad de lo de 1984; abrazaste la belleza de los versos de García Montero; te subiste a la mesa de aquel inolvidable profesor mientras recordabas a tu primer gran maestro… No desistas, porque es posible —me dijo ella, serena.

—¿Verdaderamente lo crees? —susurré, sintiendo que, ahora sí, la llama volvía a crecer en mi interior.

—Sí, lo creo, porque agarraste la bandera alzada por Teresa Wilms Montt; te deleitaste con las Grandes inspiraciones que forjaron a Almudena; te tiraste a la mar junto al naúfrago de Gabo; entendiste los vericuetos dolientes de la gloria más humilde… Una vez más: sí, es posible —respondió, ella, mostrando ahora su perfil naciente, ese remanso de paz que anuncia no un adiós, sino un hasta pronto.

Fue entonces cuando los vientos volvieron a soplar, llevando el conjunto de velas, mástiles, cabos y jarcias a navegar entre las estrellas. Sin saber qué depararía el destino, el gran barco -el que se sumerge en las aguas profundas y ricas de las letras, las historias y las páginas- volvió a zarpar, amarrado a la sabiduría y a las maravillas de los libros. Y en un rinconcito de ese barco volví a colarme cual polizón para seguir aprendiendo, sabiendo que ella, la luna, aparecería a través del portillo con la llegada de la noche. Bastaría observarla mientras cantase «…me está mirando…» para vencer las tribulaciones turbadoras, encontrar el alivio y, al fin, volver a escuchar el chisporroteo de las olas.

Son ellos, los libros, los que instruyen durante el viaje. Es ella, la luna, la que atrapa por las noches. Componen ambos, junto con sueños e historias, el guiño al que me agarro a base de simbolismos y metáforas (perdón por lo personal e incompresible de muchas de ellas). Y es de nuevo ella, ¡ella!, la luna, la de los perfiles gemelos y la melena invisible, la agitadora de la marea, la hija canalla de la madre naturaleza…, es ella, decía, la que me dice que «sí es posible», y que, de no soltarle la mano a esa vieja testaruda llamada Perseverancia, un día llegará aquello en lo que siguen creyendo mis sentimientos. «Tarde o temprano llegará».

 

    Y como toda vereda que tiene sus puntos de hospedaje y descanso, Morón Información es uno de esos parajes que reconfortan, relajan y animan a seguir el camino. Así pues, ¿cómo no embarcarme de nuevo? Ojalá sea marinero de este barco por mucho tiempo, y ojalá también caminante por muchos de sus puertos.

Hasta aquí por hoy, que ya es medianoche y tengo una charla pendiente. Aguarda la luna...

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