OPINIÓN. La antorcha y el manantial_ “Amiga amistad”, por Juan Diego Vidal

Una amiga es esa de cuyas entrañas mamaste, esa que te conoce como nadie y que como nadie te entiende, la de la paciencia infinita, la del amor incomparable; una amiga es esa cuyas lecciones silenciosas hacen que tu vida, envuelta en su bondad y fuerza de voluntad, tenga sentido.

Una amiga es esa cuyo querer es resistente como una roca milenaria, esa que dibuja un futuro lleno de imágenes compartidas y metas soñadas, esa a la que quieres comerle la nariz cuando la acurruca entre los mofletes, esa que se da a la íntima confianza y que revive sobre tu pecho recostada.

Una amiga es esa llama cobriza y rizada que da eterna libertad al espacio, tiempo y forma en que una antorcha se ilumine, esa que se enorgullece de que tu manantial chisporrotee en su fuente, esa a la que admirar por entregarse, apasionada, a su pasión.

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Amigos son esos brazos abiertos que acogen en su guarida recién levantada a quien, como ellos, llega desde allende los mares; una amiga es esa lombarda de dulzura color arcoíris, o esa mixtura que suena a blues, o ese diálogo cálido, quebrado e inteligente, o esa flamenca de irresistible locura; un amigo es esa rasta bañada en aguas del Gambia, o ese chef que sazona con amor, o ese tío de ébano; amigos son esos que, nómadas como tú, te regalan una familia.

Una amiga es esa cabellera indomable de espíritu melancólico pero guerrero que, capaz de regatear a las leyes del tiempo incesante, no deja de regar el jardín de la camaradería, envolviendo con sus pétalos -y ya para siempre- los de otra flor que el destino quiso plantar a su lado, formando juntas la joya de la corona.

Una amiga es esa bandida que sigilosamente, sin previo aviso, aparece en tu vida para ya jamás desaparecer; ese corazón generoso dispuesto a regalarte la charla más reconfortante; ese espíritu cándido de risa contagiosa.

Un amigo es ese del que no quieres despegarte por los siglos de los siglos, ese cuyo arte no se puede aguantar, ese cuya ternura derrite y cuya sonrisa enamora, ese que espontáneamente demuestra que hay seres contra los que la maldad no tiene nada que hacer, ese cuya inocencia debiera ser un credo que aprender.

Una amiga es esa que se ofrece sin pedir nada a cambio, esa sorpresa que la vida te regaló gracias a un cúmulo de circunstancias, esa creatividad abrumadora, esa que se atreve con todo y que a todos ayuda, esa mirada madura, esa que como nadie traza y encaja las piezas para que la piña siga siempre unida.

Un amigo es un hermano no de sangre, un confidente, un compadre, ese que te escucha a pesar de los cientos de kilómetros de lejanos y fríos vientos que separan su morada de la tuya, ese corazón decidido y valiente que se deshace al verte, ese que entiende tu humor y que comparte tu indignación, ese arquitecto capaz de levantar lazos de amistad más inquebrantables que el mejor de los diques de contención… Un amigo es un amigo.

La conversación hasta las tantas de la madrugada en el salón de casa con tu madre, la de los ojos claros, la mirada pura y el corazón limpio… Las anécdotas contadas con esfuerzo por tu padre, ejemplo de valores y respeto… Eso es amistad.

La chispa en los ojos del hermano que, tras tanto, vuelve a verte; las carcajadas de la sobrina que, tras tanto, vuelve contigo a jugar; la alegría sincera y potente del amigo que, tras tanto, te vuelve a abrazar… Eso es amistad.

Entrelazar tus manos con las de tu pareja en medio de los momentos difíciles… Eso es amistad.

Motivar a otra persona para esta hacer lo que más ilusión le provoca… Eso es amistad.

Coger un avión para echar unos días con gente a la que quieres con locura, a pesar de las adversidades y de las tormentas, compartiendo momentos inolvidables y hablando de los que están por venir… Eso es amistad.

Tener empatía, ayudar a quien lo necesita, ponerse en el lugar del otro, denunciar la injusticia, celebrar la diversidad y la alegría, todo ello cuando se hace también con quien previamente no se conoce… Eso es amistad.

    Que nadie busque una intención más allá en estas líneas. Con ellas solamente quiero rendir mi pequeño tributo a uno de los tesoros más maravillosos que, de ser medianamente inteligentes y suficientemente afortunados en la vida, podemos disfrutar a lo largo de nuestra existencia. Y como en mi caso dudo de lo primero, pero sí que tengo la suerte de cara, es por ello que hoy quería rendirte este homenaje: gracias por todo, amiga amistad.

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