OPINIÓN. La antorcha y el manantial_ “A Carmen no le importa nada”, por J.D. Vidal Gallardo

Poco le importa a Carmen en estos momentos que más de 75 millones de ciudadanos en los Estados Unidos de América hayan decidido mandar al carajo cuatro años aglutinadores de veneno, fans de las armas, tuits paranoicos, ‘genéticas raciales privilegiadas’ y realidades paralelas; o que aumenten las investigaciones judiciales de posibles fraudes fiscales y/o fortunas (presuntamente) escondidas en dudosas condiciones por parte del ex monarca español (no fueran a resultar insuficientes sueldos de casi 200.000 euros de dinero público al año); o que algunas voces que hace unos años apoyaron leyes amordazadoras clamen ahora contra la existencia de supuestas dictaduras; o que haya quienes alienten a no respetar las normas sanitarias de seguridad ante una pandemia que poco a poco vuelve a colapsar hospitales y centros médicos; o que políticos, empresarios o periodistas abarroten una cena de lujo / 600 personas acudan a un acto en una basílica / la gente se agolpe bien juntita, como sardinas en lata, en tiendas, bares, estaciones de tren u otros espacios, mientras los sanitarios no saben ya cómo pedirnos a todos/as un poquito de colaboración y <<mirar por la salud colectiva>>; o que cada vez sea más frecuente escuchar economía antes que salud en el delator orden de prioridades a proteger del virus; o que en medios de comunicación o declaraciones políticas se hable de los migrantes como si fueran molestas garrapatas que han de ser devueltas al mar; o el bombardeo constante, cegador y ensordecedor de la publicidad de casas de apuestas y juegos online, que crece a medida que lo hace también la atención a afectados (especialmente, jóvenes) en centros de adicciones; o que el SEPE y otros servicios de la Administración estén tan saturados, poco modernizados y mal gestionados que miles de familias continúan en eterna espera de unas ayudas ya aprobadas que para ellas resultan esenciales; o que, como ocurre con cada gran crisis socio-económica, las corporaciones privadas estén valiéndose de su fortuna e influencia para hacerse de oro, al tiempo que se desmantelan servicios públicos fundamentales en toda sociedad justa, tales como sanidad y educación; o que la desinformación periodística le coma terreno a las fuentes contrastadas; o que las residencias de ancianos vuelvan a verse faltas de recursos materiales y humanos; o que las pymes no perciban más garantías para afrontar la momentánea restricción de la actividad comercial; el país siga empeñado en vivir exclusivamente del turismo; o que cultura, ciencia o innovación se ahoguen; o que ciertos parajes naturales estén perdiendo terrenos destinados a la construcción de hoteles de lujo o centros comerciales; o que grupos ultra-religiosos envíen a sus miembros a las puertas de clínicas para torpedear la entrada de parejas que deciden ejercer su derecho al aborto; o que la ley de dependencia continúe medio olvidada; o que en pleno 2020 haya materias como educación sexual o alfabetización digital que aún no sean una realidad en los centros educativos; o que el planeta no pare de toser, de tan contaminado que está; o que cueste tanto mejorar los derechos de los trabajadores o blindar unas pensiones públicas, dignas y crecientes; o que proliferen las declaraciones o tuits de cargos políticos difundiendo simbología, lemas o mensajes nazis; o que las palmas abiertas de las manos alzadas y boca abajo vuelvan a estar de moda en ciertos círculos de Europa; o que avanzar hacia una modernidad más humana y preparada se tope hoy con tanta traba; o que parezca esta la era de la bronca…

Tampoco le importa mucho a Carmen en estos momentos que en Chile se estén viviendo semanas decisivas para superar el legado de una dictadura militar de hace décadas y, al fin, encarar una nueva página de justicia democrática; o que España vaya a ratificar esta semana una Carta Social revisada con la que el país (esperemos) dará un paso clave para integrarse en la Constitución Social de Europa y, con ello, obligarse a cumplir con derechos humanos y colectivos propios de un estado del bienestar; o que haya valientes que perseveren en la utopía de un mundo mejor y más bello, y se atrevan a abrir librerías; o que al fin se empiecen a regular los alquileres y se trate de atajar el especulador negocio de la vivienda; o que adolescentes de Logroño demuestren al mundo que hemos de creer en la juventud, entre la que no predominan quienes destrozan e insultan, sino quienes abarrotan urbes mundiales exigiendo proteger el ecosistema o quienes, como en la capital riojana, barren con su compromiso la violencia de otros; o la sorprendente protesta de las faldas, extendida entre miles de chicos en varios países con el mensaje de ‘basta ya de normas retrógradas’; o que al fin se esté recuperando a las Maruja Mallo, Marga Gil Roësset, María Zambrano, Margarita Manso, Concha Méndez y muchas otras componentes de la brillante e imprescindible Generación del 27, por largo tiempo silenciadas; o que nuevas formas de economía social y solidaria, redes vecinales, comercio local o movimientos asamblearios estén surgiendo y creciendo para hacer de la ciudadanía una realidad más participativa y decisiva; o que, por lo tanto, y después de todo, también haya resquicios para el resurgir del amor y la esperanza…

moroninfo-mar17

   A Carmen, poco le importan en estos momentos todos esos temas (unos, desoladores; otros, todo lo contrario), temas que, en mayor o menor medida, acarrean portadas y horas de debate, tertulias y charlas. ¿Que por qué no le importan? Pues no porque Carmen carezca de sensibilidad, consciencia o solidaridad…, sino porque justo en estos precisos instantes está siendo desahuciada de su casa, junto con las otras cuatro personas con las que convive: su madre, octogenaria, y sus tres hijos, de entre 4 y 13 años.

Los cinco se encuentran ahora en el portal de casa, rodeados de sus maletas y muebles, ayudados por amigos, algunos vecinos y no pocos miembros de asociaciones como la PAH/STOP Desahucios en su traslado a un centro de acogida, donde permanecerán hasta que se aclare su situación. Las leyes, los rescatados bancos y los colmillos del lobby inmobiliario han decidido (en petit comité y sin avisar a la prensa) que ya estaba bien de andar perdiéndole dinero a un pisito que, con una buena reforma, tiene que seguir exprimiendo la máquina de ganancias. Y si para eso había que echar a la calle a una familia que por tales o cuales circunstancias no podía hacerse cargo de las últimas facturas, qué le vamos a hacer, “es el mercado, amigo”…

No, Carmen no es indiferente a cuanto ocurre en el mundo, pero tiene el corazón demasiado hecho añicos como para pensar en otra cosa que no sea cómo salir adelante a partir de ahora. De hecho, mientras arropa con una manta a su madre y ve cómo los críos -convencidos de que se trata de una mudanza- se entretienen jugando, no deja de preguntarse: “¿Será que a la gente ya no le importa que sigan produciéndose desahucios a diario? ¿O es que este tema sigue doliendo por igual y precisamente por eso, por conocerse cada vez más detalles y estar implicada mucha gente poderosa, interesa invisibilizarlo?”…

En plena búsqueda de respuestas, una mano acaricia su brazo. Es uno de sus vecinos: <<Carmen, está todo recogido. Vamos, os acompañaremos al albergue. Ya tienen preparada vuestra habitación>>.

   *El de los desahucios sigue siendo hoy (a diferencia de otras situaciones intencionadamente magnificadas en los últimos meses) uno de los dramas sociales más importantes en España, una realidad que desde hace muchos años alcanza cifras clamorosas, que acumula víctimas a diario (60.754 desahucios en 2017; 59.671 en 2018; 54.006 en 2019, etc. Fuente: Consejo General del Poder Judicial) y que, tras unos tiempos de clamor en las calles, está siendo deliberadamente tapado. Es, además, uno de los campos en los que nuestro país acumula más sanciones por parte de diferentes órganos jurídicos europeos, por estar vulnerándose derechos humanos y por no implantarse las legislaciones instadas frente a ejecuciones hipotecarias opacas u otras irregularidades e ilegalidades por parte de entidades bancarias, fondos de inversión o conglomerados inmobiliarios. Frente a todo ello, muchísimas asociaciones anti-desahucio y colectivos por el derecho a la vivienda, así como despachos de abogados, siguen avanzando en su histórica lucha en pro de los derechos y la dignidad. **Fuentes: asociaciones, plataformas y organismos citados; Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de la ONU; noticias publicadas en eldiario.es, lavanguardia.com, rtve.es, infolibre.es y otros medios; Banco de España; Tribunal de Justicia de la Unión Europea; Comisión Europea; textos de propuestas de modificación de ley o de ILP en materia de alquiler social, dación en pago, ejecuciones hipotecarias, banco malo, vivienda digna y otros ámbitos de esta temática; etcétera.

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