MORÓN OPINA_ “Yo soy del Sevilla”, por Pablo Mora

    No, no voy hablar de fútbol. Ni siquiera voy a criticar a ningún equipo o afición, vengo a hacer una comparativa que a mi parecer es algo curiosa. Algo que me llama la especial atención del fútbol es su afán de lucha, su apego por estar con el equipo, de portar sus colores como suelen decir, aunque estos pierdan o hagan algo fuera de la legalidad en algunos casos. Es por ello que me gustaría hacer énfasis en un equipo de mi provincia; Sevilla Fútbol Club, o como muchos dirían ‘El Sevilla’. En especial, lo que cantan sus fans, la famosa retórica de ‘Sevillista seré hasta la muerte’, y es que esta frase la extrapolo al mundo político donde parece ser que cada vez hay más fans y menos animales racionales.

    Con esto digo que en este país predominan los estereotipos y la ceguera ideológica, si soy una persona de derechas, por dios, me tengo que comportar como una persona de derechas: creyente, católico, patillas, pelo largo, náuticos, camisa, toros, patria, nación, unidad de España, ley, orden, pero ojo, si soy de izquierdas tengo que seguir los patrones, o como me dijeron una vez: el pack de rastas, chándal, animalista, vegano, justicia social, defensa de la independencia, bandera de España ¿acaso somos fachas? Republicana – pero de la segunda- defensor de todas las minorías, palestino en el cuello, cresta, pendientes… Podría enumerar miles de estereotipos que tenemos hacia estos packs existentes en nuestro país, pero me las reservo puesto que sería un artículo extenso.

    Con todo esto me vengo a referir que hoy día gusta cumplir estos roles, al igual que gusta ser poco críticos y estar con tu partido hasta en sus más fatídicos errores. Nos convertimos así en unos nacionalistas partitocráticos, en otras palabras: en unos ultras de nuestras ideas que a veces no son nuestras sino de un autor contemporáneo o de cualquier erudito televisivo.

    Con esto vengo a decir que no es malo aceptar errores, no es malo ser críticos con las ideas porque, esos son, ideas. Muchas veces somos dogmáticos y no nos gusta que los demás opinen porque la libertad de expresión es lo que a mí me plazca que sea, porque yo el fan, la defiende más que nadie. No nos equivoquemos, todos sabemos que el de nuestra ideología contraria es estúpido, es un facha o un rojo, un idiota que no ve la realidad. El problema que trazamos los españoles es, como decía Ortega, una España invertebrada. Pero a veces, o en la mayoría de las veces, hay que dejar ser algo hasta la muerte para tener una visión más amplia sobre los demás, eliminar los prejuicios y entender que hay personas que piensan diferente. Dejemos el sectarismo aparcado y abramos nuestra perspectiva al cambio, al ser buenos oyentes, a no ser ultras sino animales racionales.

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