MORÓN OPINA_ “Seamos críticos”, por Pablo Mora

    Reniego del pensamiento neoliberal, o socialdemocratucho -nótese el desprecio- mercantilista, como yo lo llamaría. La primera palabra evoca a una realidad en la que impera un ‘capitalismo salvaje’, como dicen esos eruditos televisivos y literatos que tienen de profesiones gorrones del dinero público. Estos, no se equivoquen señores, son los primeros que claman un puesto político, un sillón bien calentado, puesto que para ellos es un servicio público eliminar el neoliberalismo opresor -palabra que está de moda últimamente- de las vidas de las personas, para darles así la oportunidad de vivir en una verdadera sociedad cooperativista y colectiva.

    Esa sociedad que todos saben gestionar, pero en la historia muertos se han tenido que llevar. Este pensamiento es una estafa piramidal puesto que dicho dogma es lo que nos venden día tras días aquellos políticos bien hablados, activistas de sus propias mentiras y adictos a un trono disputado, del afán cíclico de querer gestionar nuestro dinero, de arrancar nuestro patrimonio y usurpar nuestros ahorros. Sus lentes de que en este mundo impera la ley del más fuerte cuando la realidad es otra. Ese neoliberalismo es sinónimo de mercantilismo, de aquella ideología donde papá estado privatiza ganancias y socializa pérdidas, donde crea una fuente de inútiles e inconformistas que desean tener un puesto fijo en vez de un proyecto de vida personal, donde gana premios de cine películas de zombies –aquellas que se tildan de películas de culto-  y abundan los lazos de colorines para demostrar que nos importa las realidades sociales.

    Esto señores, no es liberalismo, no es libertad, es servidumbre. Servidumbre de sostener a parásitos que abandonan un pensamiento para ganar un puñado de votos, se esfuma todo ápice de voluntad y amor, comienza así una disforia política donde todos quieren saber, todos quieren rebatir y todos quieren imponer. Me entristece que un país donde un tal 15 de mayo las personas entraron en una plaza para reivindicar libertades, derechos civiles y la ausencia de esa masificación de políticos, y salieron gritando más estado, más protección, más vigilancia. Donde ese Leviathan -como retrataba Hobbes- se ha encargado de que todos los tentáculos sean uniformes y que nadie se salga del ‘tiesto’. El aparato que nos repite que necesitamos de su presencia para hacer de nuestra vida algo más placentera, que los necesitamos junto a su educación popular para que nos prive del sentimiento democrático real.

    No, no me quiero engañar, ni nos engañemos, seamos críticos. No vivimos en libertad, sino en servidumbre, en la servidumbre continua de la dependencia moral del estado.

    Pablo Mora, estudiante de Ciencias políticas y de la administración pública.

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