MORÓN OPINA. “Maldita ironía de la vida” por Pascal Ambos

    Años luchando para salvar perros de la calle y de los maltratos. Años gastando mi energía, mis fuerzas y mi dinero para darle voz a los perros callejeros. Años que mi esposa se desvive para dar otra oportunidad a unos animales que los seres humanos no nos merecemos.

    800 perros que en los últimos 7 años hemos, con el trabajo de un equipo, podido salvar y encontrarle una familia.

    Maldita ironía de la vida que anoche, un galgo se cruzó, en la oscuridad de la noche, en el camino de nuestro coche cuando regresábamos del trabajo. El impacto fue fatal para este pobre animal que seguramente no ha conocido en su vida, el cariño de una caricia, el calor de una estufa, el juego de una pelota tirada por un niño.

    Me ha tocado a mí matar un ser vivo inocente. Salir de una curva y encontrarme en frente de una vida que yo iba a arrebatar para siempre.

    Maldita ironía de la vida. En 2 segundos, me he transformado por la culpa de un inepto cazador, un ser miserable, en el asesino de un ser puro y sin maldad. No me siento culpable, pero si me siento fatal, me siento rabioso por la maldad humana que no tiene parangón.

    Tan tranquilos se sienten estos señores de casta, de cotos, pregonando de trofeos absurdos, sin tener la más mínima consideración para un perro que “ya no sirve”. El galgo se cuelga, se tira en un pozo, se abandona sin la menor problemática para sus dueños.

    Maldita ironía de la vida, por tocarme a mí.

    He llorado, estoy llorando escribiendo estas líneas de texto que de poca utilidad serán, mientras nuestros gobernantes no actúen con manos duras en frente de un colectivo, silencioso, cómplice, artífice del no respeto a la vida, ignorante del sufrimiento ajeno, trozo de hielo sin empatía por el dolor de un animal.

    Descansa en paz perro, y perdóname.

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