“LOA” por Antonio M. Morales

    BANNERMORALESCuando un amigo presenta un libro, yo me siento una persona afortunada, quizás porque conozco de primera mano el trabajo que cuesta verle la carita al niño;  o tal vez  porque, lejos del oropel y la vanagloria del producto consumado, admiro la soledad del artesano que prepara el barniz en el silencio de su oficio, buscando horas al día para poner en papel los sueños de la noche.

    El pasado jueves 17 de noviembre, José Carlos Valverde presentó La oscura alternativa.

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    En el acto de presentación, donde tuve el privilegio de ejercer de anfitrión junto al vehemente periodista y lector infatigable Jesús Sánchez, destaqué varios aspectos del libro que quisiera hoy compartir con vosotros.

    Me voy a centrar en una cuestión que considero  fundamental en La Oscura Alternativa: su vocación de intertextualidad, que  une a esta obra  tanto a la tradición culta como a la tradición popular.

    Sin duda, la obra de José Carlos conversa con otros textos.

    El Diablo (que si aún no lo saben es uno de los protagonistas de LOA) fue uno de los personajes que más importancia tuvo en la literatura española de los Siglos de Oro. Algunas veces ejemplificaba el mal absoluto y otras veces se erigía como caricatura ridícula de sí mismo, algunas veces daba miedo y otras veces daba risa, y su sombra puede rastrearse desde la mística hasta las comedias de santos o de magia, desde las misceláneas de casos maravillosos y de prodigios hasta la producción satírica de culteranos y conceptistas, desde los legajos inquisitoriales o la literatura sobre las colonias americanas hasta los textos novelísticos o la gran comedia y el gran drama, o el burlesco entremés, con que culminó el Barroco.

    Una obra que conversa con la tradición literaria, tomando de ella intuitivamente todo lo que ha hecho que esta persevere en la memoria, tiene, según mi punto de vista, un valor añadido, porque esa tradición nace no como un acto volitivo, no como un acto de voluntad, sino más bien como un hallazgo de campos semánticos comunes, de territorios donde es posible el diálogo  entre el pasado y el presente.

    En ese sentido, la trama que urde José Carlos se incardina dentro de una tradición rica de la que yo destacaría obras primigenias como El diablo cojuelo, de Vélez de Guevara, El Diablo Mundo, de Espronceda, o el Donjuán de Tirso y el posterior Tenorio de Zorrilla.

    Dentro de la literatura universal tampoco nos faltarían ejemplos, como el Fausto primigenio de Marlowe  o el posterior de Goethe.

    Por un lado, todo lo dicho une al autor a una tradición literaria culta, en cuanto a la temática se refiere.

    Y por otro lado,  una cuestión que me llama poderosamente la atención es cómo el carnaval, tan denostado algunas veces, y que yo personalmente considero como una de las mejores escuelas que un escritor puede tener, ha sido  capaz de convertirse en el generador de una obra literaria: no solo la tradición culta, sino también la tradición popular, están detrás de La Oscura Alternativa.

    En este caso, quién iba a decirle a José Carlos que la comparsa Los elegidos iba a brindarle la idea que años más tarde le llevaría a escribir su novela. Cuando la cultura se convierte en  un territorio de diálogo, de mestizaje, de encuentro, y como no, también de disfrute en común, debemos congratularnos.

    Por todo lo dicho, esta columna quiere celebrar hoy la nueva obra del amigo José Carlos.

    Yo, que  he vivido gran parte del proceso de escritura en primera persona, doy fe de que Valverde ha trabajado mucho para ver su historia en negro sobre blanco, y  quisiera desearle públicamente que esta aventura sea tan exitosa como grande es su ilusión.

    Conozco la batalla que ha mantenido con sus personajes.

    Conozco el combate cuerpo a cuerpo  con la escaleta.

    Conozco la persistencia con la que se ha preparado como escritor en el Hotel Kafka para forjar los cimientos de esta obra.

    Le he visto las tripas a LOA.

    Y como he visto las gotitas de sudor sobre el folio, con el permiso de todos ustedes aprovecho estas líneas para desearle a José Carlos gloria, que es lo que se le debe desear a los amigos.

    Acérquense.

    El libro está en la calle.

    No lo duden.

    Pasen y lean.

     

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