LAS LENGUAS DE TRIPLE FILO. “Negras”, por Antonio M. Morales

    Ángela Davis, Ellen Johnson, Waris Duri, Josephine Baker, Rosa Parks, Mary Jackson, Aretha Franklin, Billie Holliday o Concha Buika.

    Tras esta retahíla de nombres creo que todo el mundo habrá descubierto qué tienen en común las mujeres mencionadas. Por si a alguien se le escapa: son negras.

    Cuando cualquier persona utiliza el adjetivo “negra” pretendiendo posicionarse en una situación de prevalencia, como si este fuese un insulto, está dando muestras de una estupidez supina. Y aunque he partido para mi argumentación de negras que destacaron en terrenos tan complicados como la política, la ciencia o la cultura, y cuyos nombres  quizás pudieran sonarnos de algo, no menos importantes son los nombres de aquellas negras anónimas que lucharon por la abolición de la esclavitud, o de aquellas otras que  amamantaron a desconocidos para salvarles la vida en pateras inmundas antes de ser engullidas ellas mismas por el Mediterraneo, ese Cronos implacable que ya se había encargado de devorar a sus hijos.

    Todas estas mujeres, desde las antípodas de Dios, contribuyeron en el pasado y lo siguen haciendo en el presente a superar esas dos grandes lacras que sacuden día a día nuestra sociedad: el machismo y el racismo.

    Todas esas negras son negras inconmensurables.

    Comprendo que los accesos de ira ante acontecimientos tan tristes como los que acabamos de vivir lleven a algunas personas a sacar su lado más irracional; pero estoy completamente seguro de que las palabras nos espejan, y que por tanto si alguien le llama “negro” al “negro” con desprecio es simplemente porque es despreciable: llámale “asesino” al negro que es asesino, y deja en paz el color de su piel. Porque en esa metonimia imposible que confunde a veces el plato con la comida, la parte con el todo y el efecto con la causa, puede que un día para nombrar al ser humano tengamos que acudir al adjetivo “estúpido”, y que entonces todos nos entendamos a la perfección.

    Menos mal que mientras llega ese momento, siempre alguna persona sensata acude para poner pies en pared y evitar así que se nos caiga al suelo esa casa común de la justicia convirtiéndonos en tasadores de ojos y de dientes amparados por el mercado común de la ley del Talión; y normalmente esa persona sensata suele ser la que acumula más dolor a sus espaldas.

    Gracias, Patricia, por tu ejemplo.

    Que tu hijo Gabriel descanse en paz.

    Y que tú sientas el abrigo de una ley que no pretenda igualar a las personas justas con las personas miserables.

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