LAS LENGUAS DE TRIPLE FILO. “Verano azul”, por Antonio Morales

    Hay historias sencillas que nos marcan para siempre. Remiten a un tiempo mítico en el que los olores a goma de borrar, a libro nuevo, a pan con chocolate y a balón de reglamento se mezclaban en los largos crepúsculos de la plazoleta con los carros cojinete y las estampitas de Marco, ese niño incansable que andaba siempre tras la búsqueda de un paraíso que nosotros todavía no habíamos perdido: el mismo paraíso que ahora nuestros hijos piensan que acaso ha de durarles de por vida.

    Si tuviese que poner una banda sonora a aquel tiempo que ya nos queda a algunos tan lejano sería la melodía –tiro, tarí, taríro- de Verano azul. Y si tuviese que hablar de mi primera pérdida importante, de la primera vez que percibí que hay caminos que ya jamás podremos volver a recorrer, sin duda vendría a mi cabeza la muerte de Chanquete, aquel marinero barbudo que se convirtió en el patrón de un barco cuya deriva ni siquiera nos atrevíamos a imaginar.

    moroninfo-mar17

    Pertenezco a una generación marcada por una pintora solitaria llamada Julia y un lobo de mar amable desde cuyo barco_ “La Dorada 1”_ , yo soñaba con contemplar el mar y silbar mi canción favorita junto a Bea, Desi, Pancho, Javi, Quique o el Piraña.

    Y ahora que ha muerto Antonio Mercero, el creador de aquellos sueños imposibles, prometo que jamás olvidaré su legado; aunque algunas canas ya asomen vehementes (quisiera escribir incipientes, pero mentiría) por el imaginario común de nuestra infancia, queridos amigos del medio siglo (o casi), empeñémonos en recordar el olor a tostada con Tulipán mientras sonaba la intro (ahora sabemos que se llama así) de nuestro programa favorito, o la ilusión palpitante en la tienda del Barrio (en mi caso era la tienda de Manolo) cuando comprábamos un Phosquito o un Tigretón antes de pasar la tarde jugando a la botella rota o al salto del moro y contándonos las aventuras de nuestros amigos de Nerja.

    Ahora que ha muerto Antonio Mercero hagamos un pacto común: juremos en su honor que por más que los recibos se amontonen en la mesita, por más que las sombras se acumulen en la alacena y por más que las canas plateen nuestra sien, a nosotros ya nadie nos va a poder mover del barco de Chanquete.

    Porque Chanquete somos todos, y lo sabéis.

    Gracias, maestro.

    moroninfo-mar17
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