LAS LENGUAS DE TRIPLE FILO. “José Manuel Soto y Federico García Lorca”, por Antonio Morales

    Acabo de encontrarme con un tuit escrito el pasado 18 de agosto por José Manuel Soto, un señorito andaluz (me gustaría decir de los de antes, pero es de los de siempre) que haciendo una demostración impagable de su añeja sabiduría nos deja escita esta brillante perla: “Tal día como hoy, hace 82 años, mataron a Federico García Lorca, en esa escabechina de odio irracional que se apoderó de las dos Españas. Su obra se estudia hoy en el mundo entero, es el poeta y dramaturgo más famoso- sic- del siglo XX, donde estén sus huesos es lo de menos”.

    Ante tanta desfachatez es necesario posicionarse: será lo de menos para usted, que sin duda estará más preocupado en desenterrar sus grandes éxitos que en acudir a cualquier manual de historia contemporánea para comprobar que esa “escabechina de odio irracional” de la que habla partió de un solo bando: el de Franco y sus lacayos, entre los que por cierto no sé- y no me gusta prejuzgar- si usted se encuentra.

    moroninfo-mar17

    Quizás usted no sepa que cuarenta años de dictadura sumados a los que llevamos de democracia se han encargado de cerrar con doble llave no solo el sepulcro de Lorca, sino también el de miles y miles de personas anónimas que sufrieron el olvido de una transición amnésica y mostrenca empeñada en prostituir la esperanza de una reconciliación histórica.

    Encontrar a Lorca es tan necesario como encontrar a todas y a cada una de las personas asesinadas por las hordas irracionales; incluso más, si estamos con Walter Benjamin cuando afirma que “es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que las de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de los que no tienen nombre”.

    ¿Se ha preguntado usted alguna vez, señor Soto, por qué es más fácil conocer lo que sucedió en las dictaduras de Alemania o de Argentina que lo que sucedió en las puertas de su cortijo? Pues si no lo sabe, se lo voy a decir yo: porque los señoritos de rancio abolengo, los mismos que no quieren oír hablar de memoria histórica, fueron raudos en quemar sin dejar rastro documentos como los de Falange, propiciaron la pérdida de los archivos de muchas prisiones o se los apropiaron mediante fundaciones privadas como la Fundación Nacional Francisco Franco, gestionada hasta hoy con fondos públicos: manda cojones que tengan que pagar la tumba de Franco las familias de las  personas que buscan día a día a sus víctimas en las oscuras cunetas que el mismo dictador ordenó cavar.

    Así que nada, señor Soto. Permítame que si quiere seguir pronunciándose sobre memoria histórica (en su derecho está, faltaría más) le recomiende la lectura de algunos trabajos monumentales sobre el tema como Consumatum est, de Miguel Guardado, o En el camino de la memoria: la fosa de la Puebla de Cazalla, de María del Carmen España. Quizás al leer los testimonios desgarradores que podrá encontrar en estos libros se le quiten a usted las ganas de opinar a la ligera y decida darse un paseo a caballo por su finca o por la de alguno de sus amigos más cercanos, y prestando atención a las lindes, quién sabe si entre los rastrojos, pueda usted encontrar algún argumento que nos ilumine. a todos.

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