“La noche de los sentidos”, por Antonio Velasco

    Son poco más de las cinco de la madrugada. La cuesta de Jesús se presenta abarrotada, ocupando toda su extensión, a excepción de un pequeño caminito en el centro por el que van discurriendo con paso firme los nazarenos que formarán el desfile. Un reguero morado hasta la puerta principal de la Ermita.

    El pulso se va acelerando a la medida que van pasando los minutos, es algo que se va palpando en todas y cada una de las miradas.

    ¿Cómo tanto silencio en los rostros puede decir tantas cosas? Sentimientos acumulados de un año para otro.

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    Suenan a lo lejos los sones de la Agrupación Musical Nuvenil, poco a poco se acerca a la cuesta, abriéndose paso entre la multitud para formarse justo delante de la puerta. Su función está a punto de cumplirse, anunciar el cortejo.

    Si tuviese que definir que es la ilusión, simplemente diría que mirasen por un instante la cara de los niños de esta agrupación musical. Sus ojos lo dicen todo. Tal vez para muchos será la primera Madrugá, imaginaros…

    Con puntualidad, a las cinco y media de la mañana, la Ermita abre sus puertas para mostrar su mayor tesoro, el murmullo se rompe en aplausos al mismo tiempo en que los tambores empiezan a redoblar. Todo va a empezar.

    Comienza la estación de penitencia de La Real, Muy antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta, María Santísima de los Dolores y San Juan Evangelista.

    En este momento la cuesta de Jesús queda iluminada por dos filas de Nazarenos con túnica morada y capa rizada, es otra de las peculiaridades de esta Hermandad.

    Al fondo, desde dentro de la Ermita, retumba el sonido del llamador del paso del Señor, calando hasta lo más profundo del alma.

    De nuevo, silencio en el ambiente. Un silencio tenso, roto en lágrimas cuando el Señor sale con paso firme, cargado con su cruz, imponiendo su semblante al pueblo con sones de la marcha “Saeta” a cargo de su Agrupación Musical Fuensanta.

    La luna llena de la panacea al fondo es testigo aportando ese toque de magia.

    El Señor comienza la subida de la cuesta entre una nube de incienso que en la noche parece niebla que el Señor va rompiendo con su andar, venciendo a las tinieblas. Le ayuda con su cruz Simón de Cirene, el peso de su cruz es hoy aun mayor, siendo muchas las plegarias que va recogiendo.

    Impresiona en este momento, su rostro de sufrimiento, el crujir de la madera del paso, los sones de la banda, es un momento único. Las almas están conmovidas en su plenitud por el paso de Jesús.

    Un reguero de luces le sigue, las promesas tras él.

    Y de nuevo el silencio y la emoción de los presentes, tímidamente, al fondo y casi sin darnos cuenta, suena la marcha “La Madrugá”. Señal de que María Santísima de Los Dolores aparecerá radiante de un momento a otro.

    Acompañada por San Juan Evangelista, y entronizada en su espectacular paso de palio, al tercero de martillo, una levantá al cielo. El paso comienza a encarar la salida, mientras la muchedumbre, bañada por la luz que arroja la candelería de su paso, se sobrecoge.

    María Santísima de los Dolores muestra su belleza en la calle, mientras sus costaleros la miman a sones de la marcha “Tras tu manto.” Cuanta delicadeza, embriagando el ambiente con el perfume que va dejando a su paso.

    Ésta sería una crónica de una madrugada, siendo este año la crónica de un sueño, de un anhelo, de unos recuerdos bien guardados donde mejor sabemos hacerlo. Es lo que pudo haber sido.

    Este año las golondrinas de Santa Clara no volaran junto a la corona de espinas del Señor, el sol no podrá tener ese descaro al iluminar la cara de la Virgen, no sonará la marcha la “Saeta” en la calle San Miguel. En la plaza de los Gitanos, no se rezará con saetas, ni tampoco lloverán pétalos en esa esquina donde se separa Morón de un barrio, el arrabal de un pueblo que ansioso espera.

    No habrá nadie en la “curva del matrícula”, donde el paso es llevado en volandas, donde el Señor se hace más humano, más cercano, más nuestro, donde te pide, sin hablarte, con más fuerza que lo sigas.

    ¡No te gritaran guapa! No cautivaras con tu mirada, nos quedaremos con muchas ganas de cogerte la mano. ¡Cuanto amor cabe en esa mirada tuya!

    Las palmeras no escoltarán al señor al bajar la cuesta, no bajara la cuesta con su paso lento y pausado, rendido de tanto amor.

    La marcha “Pasan los Campanilleros”, sonara en nuestra memoria.

    No bajará la Virgen con su sonrisa en el rostro. Este año no.

    O, ¿tal vez sí? Miremos en lo más profundo de nuestro corazón, seguro que sí, sin duda alguna se revivirá la noche mágica, la Madrugá soñada, la noche de los sentidos.

    Este año el Señor no saldrá a las calles, está en cada uno de nosotros, sólo tenemos que buscarlo.

    Roguemos al Señor y a la Virgen en nuestras oraciones por la salud del mundo, que termine esta pesadilla, y el año que viene estemos todos deseando perdernos en la mirada del señor, mientras cojamos con fuerza la mano de la Virgen para que nos proteja.

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