«La mar, el mar, sigue su curso. El humano permanece» por Álvaro Valiente

    BANNERALVAROParafraseando al poeta gaditano Rafael Alberti, la mar o el mar sigue su curso. Los vaivenes de las olas, no censan (como aquel rayo de Miguel Hernández). Las mareas suben o bajan según el azar de la luna. Los vientos se enfrentan en duelos hasta que uno consigue imponerse, ya sea el levante, el poniente, el terral… Cada mañana el débil o fuerte oleaje es el desayuno de los acantilados.

    El mar, la mar, sigue su curso, éste no entiende de lugar ni de tiempo. Su incansable fuerza golpea día a día: hoy, mañana, martes, sábados o domingos. El mar no descansa, tampoco duerme.

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    La mar no tiene dios ni amo, por mucho que se empeñasen Poseidón o Moisés en domesticarlo. La mar, el mar, es un alma errante, no tiene frontera.

    El ser humano, también conocido como «homo sapiens sapiens», aún sigue desconociendo al mar. Algunos dudan de su poder, de su fuerza, de su ira…  de su anarquía. Tiran mensajes, barcos, basura, botellas, incluso guerras. Otros tiran la necesidad, desconsuelo, rabia o tristeza.

    Los animales, aquellos que creyeron dejar de serlo, descuidan que la memoria y el azar del mar responde. Unas veces la marea arrastra inesperadas respuestas, artrosis en las galeras, frascos sin corcho, e inesperadas victorias. Otras veces alegrías, decoro, ilusión o embeleso.

    Pero también el mar replica. El mar responde. La mar escupe todo lo que a sus adentros llega, a veces rocas, a veces arena, a veces barcos, a veces delfines, a veces humanos.

    El «homo sapiens sapiens» sigue sin aprender de la mar, del mar. ¡Cuánto nos queda por aprender!

    «La mar, el mar, sigue su curso, el ser humano permanece».

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