La labor de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital de Valme, clave en el manejo de pacientes COVID-19

    La reorganización asistencial para hacer frente al COVID-19 ha conllevado en el Hospital Universitario de Valme la creación de una macrounidad integrada por los servicios de Enfermedades Infecciosas, Medicina Interna y Neumología. Sus plantas de hospitalización han sido las encargadas de atender al grueso de los ingresos de estos pacientes, gestionándose desde aquí el manejo de la epidemia. Entre ellas, la planta de Enfermedades Infecciosas se ha configurado como `Zona Cero´: primera ubicación en planta para los pacientes COVID-19 y, ahora que empiezan a replegarse recursos de emergencia por la disminución de su incidencia, será también la última donde haya un paciente ingresado por infección de este virus convertido en pandemia.

    La especialización y la dilatada experiencia de los profesionales que integran la Unidad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología ha sido clave en el manejo de estos pacientes. En su día a día abordan infecciones complejas, altamente peligrosas, muy transmisibles y multirresistentes. Son expertos en la aplicación de técnicas de aislamiento y protección biológica de alto nivel. Muchos de ellos llevan sobre sí la lucha brutal llevada hace más de 30 años cuando se inició la epidemia del SIDA. Según su responsable, Jesús Gómez Mateos, “una epidemia más dramática y mucho más mortal y cruel, si cabe, que la actual”.

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    En consecuencia, los profesionales de Enfermedades Infecciosas y Microbiología de este centro han liderado los aspectos científicos, técnicos, diagnósticos y terapéuticos imprescindibles para el manejo clínico apropiado de los pacientes infectados por SARS-CoV-2 (nombre científico del virus que causa la enfermedad llamada COVID19). Destacar en la parte enfermera la extraordinaria labor en el manejo de estos pacientes, formando a profesionales de otros servicios clínicos y aplicando técnicas diagnósticas propias para combatir infecciones graves.

    Enfoque transversal y coordinación con los demás servicios clínicos implicados

    Desde la séptima planta derecha de este hospital sevillano, la Unidad de Enfermedades Infecciosas inició el ingreso aislado de pacientes con sospecha clínica y confirmados de patología Covid-19. Sin embargo, a medida que la presión asistencial por esta causa fue aumentando hubo que ampliar el espacio de hospitalización para nuevos pacientes. En este marco de reorganización hospitalaria, según Gómez Mateos “ha sido primordial el enfoque de la respuesta a la crisis de una manera transversal y perfectamente coordinada con los demás servicios implicados: Neumología, Medicina Interna, UCI y Urgencias”.

    La finalidad de este trabajo en equipo fue diagnosticar a los pacientes de forma precoz y asesorar sobre su manejo eficaz, favoreciendo las terapias más adecuadas lo antes posible y, al mismo tiempo, permitiendo reducir los riesgos de contagio. Todo ello, según Gómez Mateos, “ha permitido optimizar recursos, gestionar la inmensa demanda asistencial, canalizar de forma efectiva los circuitos de atención a los pacientes infectados y minimizar, en lo humanamente posible, los contagios de otros pacientes y de los profesionales dentro del hospital”.

    Conocimiento, habilidades y experiencia para respuestas seguras y eficaces

    En su cometido habitual, los profesionales la Unidad de Enfermedades Infecciosas y Microbiología lidian con una extensa lista de patógenos peligrosos: VIH, tuberculosis resistentes, bacterias multirresistentes, etc. Es por ello que están habituados a la incertidumbre clínica y acostumbrados a gestionarla.

    El objetivo de su trabajo es el diagnóstico, control y tratamiento de estas enfermedades a través de la asistencia, la docencia especializada y la investigación. De ahí que la experiencia de sus profesionales en infecciones graves, medidas de seguridad y procedimientos diagnósticos les ha permitido actuar de manera segura y eficiente desde el momento cero.

    Pese a que en estos momentos se está produciendo la reconversión de recursos desplegados en la fase aguda de la pandemia, la séptima planta derecha fue la Zona Cero y continúa con la intensa presión asistencial porque su especialización en la materia la convierte en referencia en este proceso y terminará albergando a los pacientes de la cola de la epidemia.

    Atención telefónica a pacientes de consultas externas con patologías no urgentes

    En esta unidad se registran al año en torno a 4.700 consultas en su hospital de día. Sin embargo, las limitaciones de desplazamiento como medidas de prevención de contagio en esta crisis sanitaria han hecho imprescindible afrontar la asistencia no urgente desde otra sistemática. Como resultado, la mayoría de la actividad diferente a la hospitalización se ha realizado de forma telemática y telefónica, salvo la minoría de casos que han requerido asistencia presencial.

    Por su parte, durante estos casi dos meses han continuado ingresando pacientes por otras enfermedades infecciosas diferentes al COVID-19 y no demorables, las cuales se han ido canalizando por un circuito diferente garantizado la seguridad y protección de contagios. Concretamente, en el área de hospitalización de esta esta área clínica ingresan anualmente entre 350 y 400 pacientes con una estancia hospitalaria media de unos nueve días y medio. Se trata de enfermos inmunodeprimidos con infecciones graves o bien otros que necesitan aislamiento clínico. Y aquellos con infecciones graves que pueden necesitar atención especializada.

    Según subraya Gómez Mateos, “esta situación excepcional, como ocurrió hace 34 años con el SIDA, nos está enseñando mucho y hace que me enorgullezca inmensamente de los profesionales con los que tengo el honor de trabajar en mi unidad clínica, los cuales han demostrado una profesionalidad, valor y entrega que merecen mi máximo reconocimiento”.

    Fuente/foto: Hospital de Valme

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