III Concurso de Microrrelatos de terror de Morón Información. RESULTADOS Y RELATOS

    Un total de 33 relatos han participado este año en el III Concurso de Microrrelatos de terror de Morón Información, el cual estaba divido en tres categorías: Autores locales infantil: Hasta los 16 años; Autores locales adultos: De 16 años en adelante; y Autores no locales (solo adultos y ámbito nacional).

    En el apartado de infantil se han presentado 22 relatos, siendo la categoría más numerosa. En este caso, la ganadora ha sido Carolina Borromeo Berlanga de 11 años, con su cuento “El torero fantasma”. La premiada se llevará un lote de libros formado por los títulos “De qué color es tu recuerdo”, de Paco Ortega; y “Los mundos de Celia”, de Juan Diego Vidal; más una entrada doble para el Teatro Oriente (para el espectáculo “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, del 1 de noviembre).

    En el apartado de local se han presentado 9 relatos. En este caso el ganador ha sido Juan Luis Mármol, de 28 años, con su relato “El Secreto del Barquero del Nilo”. El premiado se llevará lote de libros formado por los títulos “Nostalgia. 22 poemas de abril”, de José Carlos Valverde; y “La milonga del destierro y los días azules”, de Antonio Morales; más una entrada doble para el Teatro Oriente (mismo espectáculo).

    En el apartado de no locales se han presentado 2 relatos. En este caso el jurado ha decidido declarar el premio desierto.

    Desde Morón Información queremos agradecer a todos los participantes en esta iniciativa y al jurado, formado por los escritores locales José Carlos Valverde y Antonio Morales, y el periodista Jesús Sánchez (Radio Morón), por su colaboración.

    A continuación los Microrrelatos ganadores y participantes:

    CATEGORÍA LOCAL

    GANADOR!!! “El Secreto del Barquero del Nilo”

    JUAN LUIS MÁRMOL FERNÁNDEZ

    Despertó desorientado, el golpe que había recibido retumbando aún en sus sienes. Estaba tumbado, atado en una camilla en una sala oscura. Su corazón latía con fuerza mientras trataba de forzar las correas, pero solo conseguía hacerse daño. No sabía dónde estaba. Aunque la oscuridad predominaba, pudo distinguir algo de mobiliario a su alrededor. Poco: un armario por allí, algunas cajas esparcidas por allá, y una enorme mesa que se extendía por toda la pared que había frente a él. Escuchó una respiración profunda a su lado y observó a una monstruosa figura a su lado. Quiso gritar, pero el trapo que había en su boca solo permitió un sonido sofocado. La criatura no parecía reaccionar. Era como si estuviese dormida, pues podía distinguir la silueta subiendo y bajando lentamente al ritmo del aire entrando y saliendo de sus pulmones. En ese momento, las luces de la sala se encendieron violentamente, cegándolo. Una puerta se abrió a sus espaldas y una voz entró cantando. Al caminar, las espuelas de sus botas sonaban con un tintineo.

    Pudo ver a la criatura que tenía a su lado: era un enorme y hermoso toro. Estaba atado firmemente y una venda cubría sus ojos. El dueño de la voz que había entrado se puso a su lado y lo acarició.

    —Magnífico ejemplar —aunque hablaba en voz alta, no parecía dirigirse a él—. Magnífico, sin duda, pero incompleto. Le falta algo. A todos. He estado trabajando sin descanso, dilapidado mi fortuna sin éxito… pero creo que, por fin, he dado con la clave.

    Se dirigió hacia la enorme mesa, en la que podía ver ahora multitud de utensilios médicos, probetas, un par de mecheros bunsen y muchos libros. Acariciándolos, tomó uno de aspecto verdaderamente antiguo y lo abrió.

    —La medicina y ciencias modernas son herramientas maravillosas, pero han despreciado otras artes más profundas y antiguas. El poder de los mismísimos faraones se cimentaba en ellas —se giró, sonriendo levemente—. Yo lo sé porque estaba allí, hace 3000 años. Cuando era barquero del Nilo, los sacerdotes hablaban entre ellos y explicaban sus hechizos. Yo escuchaba y así es como aprendí lo rudimentario, pero mi método no era perfecto y nunca se daban las circunstancias adecuadas. Hasta esta noche.

    Alarmado, vio como el hombre soltaba el libro para coger un bisturí, que brillaba con el mismo resplandor plateado que las espuelas de aquel hombre, que tintineaban de nuevo al acercarse.

    —Solo necesitaba esta luna de octubre. Este toro, descendiente de las razas más nobles que han poblado la tierra. Y el ingrediente más importante de todos… los ojos verdes más dulces que haya visto, dignos del toro de lidia supremo. No temas, el dolor pasará pronto. La gloria será eterna.

    La luz de la luna iluminaba tenuemente los muros de la fachada de la casa de los Villalón a una hora en la que nadie pudo escuchar (o eligió no hacerlo) los gritos del último invitado de Fernando Villalón-Daoiz y Halcón.


    “Desaparecidas”

    LAURA MARÍA RUIZ MEDINA

    La llamarás, la llamarás, la llamarás.
    Ni las velas ni las tijeras te servirán.
    En el espejo, Verónica, no aparecerá.

    ¿Has oído que en el paso
    la Nena ya no está?
    ¿Qué el piano del María
    ha dejado de sonar?
    ¿Qué la chica del vestido blanco
    por las clases del Castillo
    no pasea ya?

    En la Casa de la Cultura
    a las niñas jugando ya no se las oye cantar.

    ¿Qué ha sido de las monjas
    que por la carretera ayudaban a los niños a cruzar?

    En el patio del Llanete, un dibujo de sangre hallarás.
    Está listo el ritual.
    Pero ¿y las brujas? ¿Dónde están?

    El tiempo se ha acabado…

    No mires atrás.


    “Leyenda de mi pueblo”

    ISABEL CARMEN MAGUILLA MORILLA

    ¿Realmente queréis oír la leyenda del pueblo donde nací?

    Os aconsejo que no leáis, oigáis o veáis nada de lo que os quiero contar, porque puede que no os guste el final.

    Si tan atrevido te atreves a ser… ¿quieres conocer la leyenda del pueblo que me vio nacer?

    Nací en un lugar que muchos creen que es de Cádiz, por apellidarse Frontera, pero en realidad es de Sevilla, llamándose Morón de la Frontera.

    Muchos comentan que la Frontera es por separar varios territorios o reinos…tienen razón, porque separa la vida y la muerte en cada rincón.

    Mi abuelo me comentó que un día su amigo gritó y todo el pueblo lo oyó, desde El Rancho a la Alameda, pudieron oír como su vida se iba a su fin.

    Hubo una época que todos sabían quién iba a perecer, sólo había que escuchar y esperar al amanecer.

    ¿Nadie te lo habían contado? ¿O es que no lo querías oír? Todo aquel que pisa sus calles tiene un horrible fin.

    Porque el nombre de “Morón” proviene de “Mortón”, una antigua lengua que indicaba que todo aquel que tuviera corazón, un día lo perdería con gran dolor.

    Pero no os preocupéis, porque para evitar la horrible muerte hay solución. Solo tenéis que cantar esta canción:

    “Nunca revelaré la historia de Morón
    porque todos morirán de sopetón”

    Aunque hay un problema más grande aún, si has terminado la canción, el próximo en fallecer serás… ¡tú!


    “Tumbas centenarias”

    JOSÉ MANUEL MAGUILLA LUNA

    A nadie se le hubiera ocurrido visitar a su madre, llevando como llevaba, cerca de un año muerta. Visitarla de día ya lo había hecho en multitud de ocasiones, pero de madrugada, después de haber oído las doce campanadas del reloj Losada del ayuntamiento, uno de los pocos que quedaban en España, como el de la Puerta del Sol de Madrid, era todo un reto que se había propuesto a sí mismo, sin compartirlo con nadie. Aquel era un reto escalofriante que solo podía ocurrírsele a algún perturbado, alguien como el solitario Miguel, hombre taciturno y de pocos amigos.

    El fin de semana se presentaba propicio para llevar a cabo su plan. Nada de compartir su idea con los amigotes, solterones como él, que habían estado bebiendo de lo lindo por los bares de la plaza de toros de Morón. Cada uno de ellos había cogido el camino a su casa con más o menos grados de alcohol en el cuerpo, algo muy habitual entre aquel grupito de carrozas borrachines, sobre todo los sábados por la noche. Miguel dejó atrás el Paseo de la Alameda y se dirigió decidido al cementerio, pensaba ponerle las cosas claras a su madre…

    De haber estado sobrio nunca se hubiera atrevido a saltar la verja del cementerio, sin embargo los tres cubatas, después de toda una tarde de cervezas con un par de colegas de su misma condición, lo habían envalentonado de tal manera que no tuvo problema en acceder al cementerio del pueblo por la parte más fácil, por la entrada, donde una sencilla reja de hierro permitía ser escalada y pasar al interior.

    La sepultura de su madre estaba muy cerquita de la entrada, en los primeros nichos de la parte más antigua del cementerio. Para llegar debía sortear algunos enterramientos, derruidos y abandonados, por haber desaparecido ya los familiares más directos desde mediados del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, o por haber emigrado de Morón hacía muchos años. Se trataba de tumbas ya centenarias.

    A Miguel le dio la sensación de que alguien lo había sujetado por detrás para no caer al suelo, o peor aún, para no caer de bruces sobre la losa de aquel viejo enterramiento. No solo notó unas manos temblorosas, vigorosas y huesudas, agarrándolo fuertemente, también una voz tan familiar como la de su madre penetró por sus oídos: ¿Dónde vas a estas horas Miguel, hijo mío?

    Miguel empezaba a notar como le clavaban una rodilla por la espalda, oprimiéndolo cada vez con más fuerza, hasta creer que le partían el espinazo, todo ello sin poder gritar ni escapar de aquello que lo tenía atenazado.

    Desde allí pudo divisar el nicho de su madre. En la penumbra podía distinguir el último ramo de flores que unos días antes le había traído. Ya estaba arrepentido de haber osado presentarse allí de madrugada para desafiar el miedo a los muertos, para romper para siempre las cadenas que lo ataban a su madre.

    Ya empezaba a faltarle el aire, la opresión de aquella rodilla en su espalda era cada vez más fuerte. Un escalofrío recorría su cuerpo desde la cabeza hasta los pies, un silencio espeluznante había dado paso a un zumbido ensordecedor en sus oídos. Tanta opresión sentía en su espalda como en las sienes, repletas de sangre a punto de estallar.

    Cuando empezó a nublársele la vista sintió que los ojos se le salían de sus órbitas, el corazón le latía tan acelerado como los golpes que sentía en su cerebro. La negrura lo ocupó todo y perdió el conocimiento…

    Cuando hallaron a Miguel, a la mañana siguiente, abrazado al nicho de su madre.

    Unos especulaban si habría encontrado la muerte porque su madre lo había llamado para tenerlo con ella para siempre. Otros sin embargo, pensaban que aquello había sido el efecto producido por una soberbia borrachera.

    Aquellos seres espectrales que él había imaginado reteniéndolo y apresándolo, fruto del miedo que le producían aquellas tumbas centenarias, fueron los causantes de su muerte.


    “Últimas palabras”

    ALEJANDRO GARCÍA GALLARDO

    Antes de todo, esta declaración se podría considerar una carta despedida, ya que probablemente estés leyendo unas últimas palabras.

    Todo empezó una tarde como cualquier otra, en la que juegas con tu perro, estás una hora mirando tu armario pensando en qué ropa ponerte y te pones frente al espejo para darle a tu pelo la forma que quieres. Aunque parezca una persona impuntual, suelo llegar con tiempo a los sitios, y esa tarde, disponía de tiempo suficiente como para tomarme una caña en la carrera con mis amigos, antes de acompañar a mi madre a hacer unos recados por el pozo nuevo. Víctor había estado de viaje en Ámsterdam, y entre historias y anécdotas de su viaje sacó un pequeño suvenir que encontró en una tienda de un barrio marginal. Era una especie de brújula cuya dirección aparentaba no marcar un punto fijo, ya que según el dueño de la tienda, se paraba únicamente señalando a la persona que la tenía en sus manos, siempre y cuando ese individuo estuviese destinado a morir ese mismo día, algo que una persona poco supersticiosa y racional tomaría como broma. Todos sujetaron con fuerza la brújula, y como era de esperar, la aguja se movía de izquierda a derecha sin determinar una posición, bueno, al menos no lo hacía hasta que entre risas y carcajadas llegó mi turno. El sudor frío de mis manos dejaba entrever mi curiosidad y mi miedo hacia la detención de esa aguja, mientras mis pupilas se dilataban y observaban inmóviles esperando a que se volviese a mover, agudicé mi mirada hacia este objeto y vi una pequeña inscripción el latín. Actus Mortis. Antes de salir de aquella tienda, Víctor nos citó unas últimas palabras del dependiente, “death comes when the sun leaves”, la muerte llega cuando el sol se va. Dado que no le di mucha importancia, decidí terminarme la cerveza e ir con mi madre.

    Mi desconcierto por lo que acababa de pasar despertó mi interés por saber más acerca de aquella brújula, así que escribí a Víctor para que me dijese el nombre de la tienda. Negen Straatjes. No me bastaron más de dos minutos para encontrar un teléfono por internet y decidí llamar. Marqué los dígitos y noté como los tonos de llamada concordaban al unísono con los latidos de mi corazón. Uno… dos… tres… cuatro… cinco… ¿Sí?, un hombre de aparente voz anciana cogió el teléfono. Dudé si preguntar o no por la brújula, pero al final le acabé explicando qué había pasado aquella tarde. Una pausa larga y un suspiro de lamento fueron suficientes para avivar aún más el miedo que mi mente aguardaba. Hay una solución dijo. Tu vida a cambio de diez almas. ¿Cómo que diez almas? Pregunté, a lo que el anciano respondió: Hay una inscripción en la brújula. Si quieres sobrevivir al día de hoy, tienes que hacer que diez personas se digan a sí mismas esas palabras. Después de eso mi corazón se paralizó y mi cabeza se quedó en blanco. Colgué el teléfono y me puse delante del ordenador. Escribí esto e imprimí numerosas copias que distribuí por nuestro pueblo. Morón de la Frontera. Como dije al principio, esto se puede considerar una carta de despedida. Pero no la mía.

    Actus Mortis.


    “El Pozo”

    SARA ESCACENA GARCÍA

    Desde pequeña he oído que en Canillas había un pozo, un pozo hecho con piedras, grande, voluminoso y muy, muy profundo, en el cual, muchas personas se habían quitado la vida. Por ese motivo, lo taparon hace ya muchos años.

    Un frío día de otoño, di un paseo con unas amigas al parque Canillas para acabar un trabajo de clase. En ese momento hacía un Sol radiante, con algunas nubes a su alrededor, pero se estaba muy bien allí.

    Cuando terminamos, una de mis amigas, Marta, comentó que estábamos cerca del pozo Canillas y que fuésemos a esa zona para jugar a la “Ouija”. Con la de suicidios que hubo allí, seguramente contactaríamos con un espíritu. A mí desde un principio, la idea no me gustó, pero a las demás les pareció bien y, a la vez, divertido.

    Llegamos al sitio donde aproximadamente estaba el pozo y Marta sacó de su mochila un papel, un boli y el tapón de su botella de agua vacía. Dibujó en el papel el abecedario, las palabras: “Hola”, “Adiós”, en fin, todo lo necesario para “hablar con espíritus”.

    Cuando terminó de hacer su “tabla Ouija de papel” nos sentamos en círculo, pusimos el tapón en el centro y nuestro dedo índice encima de éste y comenzó la sesión. Nada sucedió. Estuvimos un rato allí haciendo preguntas y nada ocurría.

    El único suceso que sucedió es que el cielo se puso en tono gris oscuro amenazando una posible tormenta y un aire bastante frío. Recogimos todo y nos fuimos.

    Menos mal que nos fuimos, porque minutos después, empezó a llover con fuerza, a tronar y asomándose entre las nubes, numerosos rayos.

    Esa noche me fui pronto a la cama, estaba cansada y no me encontraba bien. La tormenta no paraba. Los truenos sonaban y resonaban cada vez más, hasta que uno de ellos me despertó. Fue tan fuerte que pensaba que ese ruido provenía desde dentro de mi casa.

    Alarmada del ruido tan fuerte, eché un vistazo rápido por mi cuarto, tenía la sensación de no estar sola… “tonterías” pensé y seguí durmiendo. Al rato, una incómoda sensación de que me observaban no me dejaba dormir y volví a abrir los ojos, esta vez mirando fijamente en el umbral de la puerta de mi habitación. Noté un bulto más oscuro que la oscuridad que emanaba en mi habitación… No podía ser, mi imaginación y mi somnolencia me estaban jugando una mala pasada. Aún así empecé a sentir un poco de miedo al estar la tormenta tan fuerte sonando. Me armé de valor y fui al umbral de la puerta.

    Era una noche fría, pero en ese punto parecía que hacía más frío de lo normal y más… ¿oscuro?… Al acercarme más noté que pisaba algo húmedo como un charco de agua… ¿agua? ¿cómo ha llegado agua hasta aquí? Mi corazón ya estaba empezando a latir más rápido al no saber cómo llegó esa agua ahí. No sé por qué cometí la estupidez de alzar una mano donde estaba la parte oscura. Noté que llegué a tocar como un mechón de pelo muy mojado y frío, como si se hubiese recién sacado de un cubo de agua muy fría. La sangre se me heló cuando toqué esa cosa.

    Corriendo fui a encender la luz de la habitación y no había nada a excepción de un charco grande de agua en el umbral que parece que llegaba hasta el cuarto de baño. Yo, aterrada, intentaba pensar en una explicación lógica. Con mucho terror fui al baño para ver si había un grifo abierto o algo que explicase esa agua.

    El cuarto de baño estaba justo en frente de mi habitación, estaba la puerta cerrada. Con mucho valor entré y encendí la luz, estaba todo en orden salvo la bañera que estaba a mi lado izquierdo que estaba rebozando de agua y el grifo goteando. Miré al espejo y vi mi reflejo aterrado. Poco a poco me tranquilicé. Pensé que mi madre, sin querer, dejó el grifo abierto o que se estropeó y dio la casualidad que tenía el tapón y por eso rebozó… quería darme una explicación lógica para poder dormir tranquila esa noche…

    Ya con calma fui a quitar el tapón de la bañera, pero algo me impidió hacerlo porque en el momento que metí la mano en el agua, empezó a caerme en la cabeza unas gotitas continuas sin parar del techo. Se paró por un segundo mi corazón al sentir eso, ya temblando del pánico que sentía miré poco a poco hacia arriba… había una mujer, con el cuerpo muy hinchado y mojado, como recién salida de un agua tan fría como la de un pozo, con el cabello largo goteando muchas gotas de agua fría.

    La mujer me miró con una sonrisa tan fría como el agua que caía de su pelo y cayó encima de mí haciendo que cayese en la bañera y… se apagó la luz. Chillé como nunca he chillado en mi vida.

    De pronto, entraron en el cuarto de baño mis padres aterrados por mis gritos, encendieron la luz me sacaron de la bañera, cuando me iban a preguntar lo que me había pasado nos quedamos helados al ver en el espejo una frase que decía: ¿Estaba fresca el agua del pozo?


    “Entircam o relato de una venganza”

    JUAN JOSÉ CANDIL VEGA

    «Si Madame Duval pudiera ver esto», pensó con cierta nostalgia. El arquitecto Diego Antonio Díaz miraba orgulloso la portada de la iglesia recién terminada. Sonreía aquella noche al ofrecérsela al arcángel San Miguel. Esta era su pequeña venganza cristiana, ya que una de las torres, “La pequeña Giralda”, estaba construida sobre las ruinas de un alminar almohade. Giró para irse y una suave brisa roció su rostro con gotas de satisfacción. Cerró los ojos. El silencio nocturno, la paz de la plaza… La plenitud de su alma fue truncada por un extraño viento que brotó de la nada y, jugando como niño inquieto, sonaba al acariciar su rostro. Recordó entonces las leyendas de olivos negros y almas olvidadas que se aparecían y asustaban a los que, a solas y a oscuras, intentaban subir por Las Siete Revueltas. Este era un estrecho callejón a un lateral de la iglesia, que conducía a la zona más alta del pueblo, una zona humilde a extramuros de la fortaleza que defendía al imponente castillo. El viento cambió y bajando por dicho callejón pareció tararear al oído una extraña canción: entircam, entircam, parecía entonar. Calma, se dijo. Miró alrededor, bordeó la iglesia, estaba absolutamente solo. « Entircam, entircam » , susurraba el viento con más fuerza. Temeroso, cayó de rodillas ante la pequeña catedral y rezó hasta que la plaza quedó en absoluta calma.

    Corrió hasta la residencia de los Villalón Aguayo, donde lo acogían, y se dispuso a hacer lo único con lo que conseguía relajarse: tenía la extraña costumbre de darse un baño cada noche. Cuando hubo terminado sonrió, ya en calma, ante la deforme imagen que el vaho del espejo le escupía. Siempre esperaba a que se fuera disipando para recobrar el bello rostro de costumbre. « ¡Entircam! » Gritó alguien a sus espaldas. Presto abrió la puerta, esperó a que el vaho saliera y entonces pudo comprobar que no había nadie. A pesar de eso, culpando de todo al agotamiento, aquella noche durmió plácidamente.

    Despertó aquella mañana alegre por poder cobrar su salario. Una vez que lo tuvo en sus manos, se dirigió a la taberna más cercana y comenzó a beber. Era su costumbre cada día de cobro. Al cabo de un rato, el vino fue tornando su rostro a un color rojizo. Las palabras pensadas no conseguían formarse en sus labios. Era hora de irse. Las piernas carecían de las fuerzas necesarias para un paso digno, pero aún tenían las suficientes como para llevarlo a casa. Al pasar delante de la iglesia la contempló de nuevo. A la luz de la luna era preciosa, pero a plena luz del día su majestuosidad se magnificaba. Había un mendigo bajo la Portada del Evangelio o “Puerta Chica”, como la llamaban los habitantes. Sobre su cabeza, en el dintel y a modo de predicción podía leerse: “DESDE AQUISE COMIENZA LA ESTAZION DEL CALBARIO AÑO 1614”. « Entircam » , le dijo el pidientero. Extrañado y molesto le preguntó qué significaba aquella extraña palabra. «Venganza, mi siñor, venganza» , respondió el mendicante, dejando ver en el interior de su boca unas encías desnudas y desnutridas. Presa del vino y el miedo, cayó golpeándose la mejilla, de la que brotó abundante sangre.

    Despertó y el mendigo había desaparecido. Como pudo regresó a la posada y se dio un baño. La extraña palabra se paseaba una y otra vez, una y otra vez en su aterrada mente. Al salir del agua se detuvo como siempre delante del espejo. Esta vez fue distinto. Un dedo invisible escribió en el vaho: انتقام . A través de los trazos, pudo ver una mirada penetrante, unos ojos negros, una amplias cejas. Aquel extraño, de rasgos árabes y que sangraba por la mejilla abierta, lo miró fijamente hasta que el infiel cayó sin vida, víctima del terror más absoluto. Al otro lado del espejo, una sonrisa desdentada, con encías desnudas y desnutridas, entre carcajadas triunfantes, no dejaba de repetir: Entircam ¡Entircam! ¡¡Entircam!!


    “La luna en el ropero”

    JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ CAMACHO

    Aquella noche de verano, como otras tantas, huíamos a pasos agigantados de nuestra infancia y habíamos quedado la pandilla del barrio en las resbaletas, junto a la entrada trasera del colegio El Castillo, formando un coro de complicidad sobre un manto de secos alfileres de pinocha. Mario, nos dijo que trajéramos algo para entretenernos; él apareció con su primo Fermín.

    Fermín tenía aspecto rudo y era algo más alto y mayor que los demás. Sacó un paquete de Ducados que ofreció mientras nos describía cómo la semana pasada, en las escaleretas del Gallo, había hecho una güija con sus amigos; les salió bien, pero los que la hicieron, salvo él, quedaron horrorizados durante días y algunos no habían vuelto a hablar más de aquello.

    Ante esta historia, me mostré incrédulo y entre sarcasmos empezamos a reírnos. Fermín lanzó algunos improperios y rápidamente sacó de su bolsillo un papel con letras a modo de tablero para comenzar la sesión de espiritismo. Tras la puesta en escena entre él y su primo Mario, comenzó el ritual. Quince minutos de pantomimas después le interrumpí y le dije que le había visto mover el tapón de chapa de la litrona que utilizaba a modo de puntero. Contestó que siempre había algún empuje previo, pero que eran fuerzas externas las que comandaban la secuencia de respuestas y debía ser el guía espiritual quien pusiera el dedo sobre el indicador. Todos apoyaron mis argumentos, pero con la boquita pequeña. Enfadado, Fermín decidió dar por terminada la reunión, avisándonos de que el portal había quedado abierto debido a mis interrupciones. Me preguntó si tenía algún espejo en la habitación en la que dormía, afirmé que sí y que además era grande: un armario ropero con luna en su puerta central. Me advirtió, que si dormía allí esa noche, los espíritus invocados irían a hacerme una visita. Esgrimí una sonrisa burlona, aunque un calambre recorrió mi cuerpo como cuando un peine raspa la espalda a contrapelo.

    Al llegar a casa y conversar con mi madre el asunto se me olvidó y me fui a la cama. Esa noche no pegué ojo y antes de que hablara el silencio, un reflejo rompió mi duermevela. Apenas podía respirar, la completa oscuridad lo abrazaba todo, sólo un tenue brillo emanaba de la luna del ropero y las sombras parecían agitarse dentro del espejo. Algo horrible sentía que me miraba,… el ruido se arrastraba a mi alrededor,… y un espeluznante chirrido, como si alguien estuviera arañando el cristal desde el otro lado, hizo que el miedo corriera más que yo y quedé paralizado. Una sensación electrizante atenazaba mis músculos, una punzada de turbación que dilataba mis pupilas para seguir sin ver nada, sólo la luna, como un agujero negro en el espacio. El frío penetró en mi piel conteniendo el grito en la garganta. Los relampagueos al intentar encender el mechero no hicieron más que empeorar las cosas.

    A oscuras, atiné a darle a la llave de la luz pero un escalofrío me hizo desistir al notar otra mano en el interruptor. Tragué saliva y lo volví a intentar, al fin se hizo la luz en la habitación y pude salir raudo a buscar el cobijo de una voz humana…

    En aquella experiencia sentí algo que jamás imaginé y creí haber visto en la negrura la cara albina de la muerte. Hoy, veinticinco años después, evito espejos en la habitación, aunque a veces, me despierto sobresaltado por pesadillas sin dueño.

    Nunca volví a ver a Fermín, y aprendí que no sólo lo que se ve existe.


    “La sombra de las canicas”

    FRANCISCO JAVIER MORILLA ÁVILA

    Jamás olvidaremos aquella noche de verano. Éramos jóvenes con ganas de divertirnos y decidimos comprar algunas litronas y subir a la peña del gallo. Era un lugar tranquilo a la una de la madrugada nadie nos molestaría cuatro amigotes que tomaríamos el fresco y nos beberíamos unas cervezas. Era una noche calurosa pero con nuestras risas y comentarios se nos hacía más amena, esperábamos a otro amigo que se uniría después de salir de trabajar, le alumbramos con nuestros móviles cada vez que escuchábamos algún ruido creyendo que era él.

    La primera vez que se nos cortó el momento de la risas fue cuando muy cerca nuestra escuchamos algo rebotar como si alguien no hubiera tirado una canica alumbramos pero alli no habia nada. Aunque seguimos con nuestras risas no podíamos parar de pensar en ese ruido cuando de repente otra vez y esta vez más cerca algo rebota en nuestros pies como si estuviéramos jugando a las canicas, nos quedamos callados durante un instante y pensamos que era nuestro amigo Juan que ya había salido de trabajar y quería gastarnos una broma.

    Decidimos pillarlo infraganti y dos se fueron por la escalera lateral y mi amigo José y yo daremos un rodeo por la peña para encontrarnos en la escalera principal y sorprender, lo mojaremos con una de las litronas. Al llegar a las escaleras nos encontramos los cuatro y al grito de a por “él” vaciamos la litrona pero allí no había nadie, de repente algo frio muy frio nos recorre el cuerpo y hace que se nos ponga los vellos de punta algo raro ya que segundo antes estábamos acalorados por la caminata, un malestar general y nerviosismo se apodero de nosotros y haciendo caso omiso decidimos volver a los poyetes de la peña y seguir a lo nuestro, pero fue imposible en menos de diez minutos escuchamos hasta en tres ocasiones caer canicas en nuestros pies con su respectivo rebote como cuando la tiras a plomo. En ese momento fue cuando decidimos abandonar la peña algo extraño estaba ocurriendo y no queríamos seguir allí, al ir hacia las escaleras laterales ya sabéis esas que dan al mirador del Hundidero y a escasos metros de ella nos quedamos petrificados una sombra oscura con forma humana de un hombre y sin rostro nos estaba esperando, después de mirarnos unos a otros por si era cierto lo que estábamos viendo giramos los cuatros hacia las escaleras principal y aligerando el paso intentábamos salir de allí.

    Recuerdo que no miramos hacia atrás solo queríamos llegar a las escaleras y salir, pero tal como llegamos la misma sombra subía por ella. El miedo mezclado con el nerviosismo y al mismo tiempo con rabia esta vez no paramos y fuimos hacia él, quizás las ganas de salir de la peña nos hizo ser valiente, con los cuatros no podría alguno saldría y pediría ayuda, pero al llegar la sobra de aquel ser ya no estaba bajamos las escaleras corriendo y al llegar abajo y con más tranquilidad pensamos que alguien nos había gastado una mala broma y se estaría descojonado a nuestra costa. Si eso era asin lo pagaría caro y decidimos subir las escaleras hasta la baranda y ver si aun seguía allí el bromista, cuando llegamos a la baranda miramos a escondidas entre ella cuando ese ser oscuro estaba plantado justo delante del gallo mirándonos alzo una mano y nos tiro varias canicas a la cara.Corrimos despavoridos hacia las escaleras largas que dan hacia la Iglesia de San Miguel y al llegar abajo casi sin aliento decidimos hacer un alto, cuando algo nos susurro al oído, al mirar hacia atrás la sobra estaba arriba desde lejos nos miraba y volvimos a sentir las canicas entre nuestras piernas, salimos corriendo San Miguel abajo y anduvimos por varias calles de Morón hasta que no tranquilizamos y decidimos terminar la noche.

    Cada uno se iría para su casa e intentaríamos descansar. A la mañana siguiente el sonido de mi móvil me despertó al verlo tenía varias llamadas y Whatsapp de mis amigos, en uno de sus mensajes decía mírate la mano, al darme cuenta que mi mano izquierda estaba cerrada como si algo guardara y al abrir la mano allí estaba era una maldita canica, todos al despertar en su mano izquierda tenían una canica ese ser había estado en nuestras casas sabia donde vivíamos y nos puso una maldita canica en nuestras manos. Decidimos no volver hablar del tema a ese ser no volvimos a verlo mas y cada 15 de agosto subimos los cuatro a la peña y cada uno enciende una vela para ese ser que vimos en La Peña y el a la mañana siguiente al despertarnos en nuestra mano izquierda nos regala una canica.

     

    CATEGORÍA NO LOCAL

    “Silencio mortecino”

    JOSEP MANUEL SEGARRA BELLÉS. QUART DE POBLET (VALENCIA)

    Dijo que esta vez no fallaría, lo que le hizo tomar la decisión fue que todo parecía correctamente cotidiano y habría sido un día más, sin pena ni gloria, de no ser por la voz que lo contuvo. Es la voz de si mismo, en uno de estos años descargados, de una profunda melancolía.

    En Morón de la Frontera, dejo que la palabra pasara al horizonte, que vistiera su piel de espuma y agua y su falda de música y relente matinal que ascendió hasta el origen de los tiempos donde el sol acaricia con sus besos rubios el resto de la nieve de las montañas.

    Dejo que escalara, pura, la cumbre del silencio, que se destrenzara en música y canciones; que fuera del latido mineral del destino, al aliento del río estremecido.

    Dejo que fuera relámpago de la noche, solitario en el desierto de los pechos, o caricia infinita de ternura. Con un galope de corceles grises, cruzó la vida de todos sus sueños, y le dejó la fiebre en las pupilas, la lenta procesión de las imágenes, la sombra y el dolor clavados en el barro.

    La nostalgia de un libro entre las manos, que irradia resplandores de dóciles gramáticas, el aroma de un bosque florecido bajo una lenta lluvia que el cielo nos regala.

    Y fue todo tan breve como un vuelo de alondras, en la apacible pausa de la tarde.

    Le queda la paciencia de sorprenderse de la vida, despacio, como esqueleto arropado fuera a desnudar su cuerpo en la memoria de las gentes. Aprendió incertidumbres que apenas sí recordara, mañana, cuando el sol acalore, el color que le arranca de la vida.

    Creyó no equivocarse, cuando dijo tontamente las verdades ante el rincón deshabitado y triste; nada es igual a su silencio mortecino que apenas, sí se atreve a decirnos.


    “A ciegas”

    JOSÉ MARTÍN DELGADO. LOJA (GRANADA)

    No tenía que haberlo hecho pero lo hice, ¿Por qué les haría caso? ¿No podíamos simplemente haber comprado unas bolsas de pipas con sal para comerlas en la Alameda como todas las tardes? ¿Acaso  el dar un paseo por el centro significaba permanecer aun en la niñez? ¡No!, ¡ellas ya son mayores! Y sólo quieren hablar de chicos y ropa. Me sentía mal a su lado, pero sabía que si no hacía lo mismo que ellas, me quedaría totalmente sola, aislada y sin amigas. Me convertiría en la paria señalada del instituto que no sigue la onda “mileniar” y todo el mundo se mofaría de mí.

    Llegó Halloween y Rosa decidió dar una fiesta de pijamas en su casa. Aprovechando que sus padres no estaban, mi compañera de clase de tercero A nos invitó a pasar la noche en su chalet del pantano, donde no faltarían las pizzas, los refrescos y como no, el acceso a todo el alcohol disponible carente de vigilancia.

    Cuando llegué, la casa permanecía a oscuras, al igual que la calle. Un silencio sepulcral lo cubría todo. La cancela metálica estaba abierta. Caminé despacio por el jardincito apretando la bolsa de patatas y chuches que había comprado antes de venir. Una brisa suave comenzó a golpear los árboles cercanos y hacía tambalear mis rizos. Recelosa, continué avanzando hasta la puerta principal, que también estaba abierta. La empujé ligeramente y ante mí se abrió un pasillo sin fondo. ¿Rosa?, ¿Rosa?, ¿Cecilia?, ¿Merche? ¿Chicas? ¡Ya estoy aquí! ¡Por favor dónde estáis! Nadie respondió. Decidí usar la linterna del móvil  para poder ver algo pero mis temblorosas manos no pudieron sostenerlo, y con torpeza cayó al suelo. Me agaché, y a tientas busqué el teléfono sobre el parquet hasta que escuché un crujido, luego un paso, luego muchos… pasos que aceleraron con rapidez hasta que algo se echó encima de mí y grité.

    De pronto se encendieron las luces y todas las chicas rieron a carcajadas. Pecas, el pequeño Yorkshire de Rosa, me lamía la cara traviesamente mientras yo salía de mi estupor. Me había convertido en el hazmerreír de la pandilla.

    Al terminar la segunda botella de Ron, Rosa pensó que jugáramos a los retos. Curiosamente, la primera en actuar debía ser yo, bajo la amenaza de ser expulsada del grupo si no lo hacía.

    Entre todas me encerraron el baño para que no me echara atrás. Debía sostener una vela frente al espejo mientras daba tres vueltas y pronunciaba un nombre ridículo. Asustada las di, y me alegré de que no pasara nada. Cuando las chicas abrieron la puerta me di cuenta de que no podía moverme, pero mi imagen reflejada sí salía con ellas de la habitación. Grité con todas mis fuerzas desesperada ¡Estoy aquí!, ¡Socorro!,  ¡Ayuda!, ¡Sacadme!

    Ahora ella posee mi cuerpo y no puedo hacer nada. Por mucho que aporreo el cristal con mis puños ensangrentados nadie me oye, ni Merche, ni Rosa, ni siquiera sus padres que acababan de llegar. Maldigo el momento en que pronuncié su nombre tres veces. ¡Verónica, Verónica, Verónica!

     

    CATEGORÍA INFANTIL

    GANADOR!!! “El torero fantasma”

    CAROLINA BORROMEO BERLANGA. 11 AÑOS

    El día 31 de octubre en una corrida de toros, un torero llamado Joaquín Torres, estaba esperando al toro en la puerta de toriles, el toro salió y a Joaquín le fallaron las piernas y este no pudo correr como siempre hacía. El toro le dio una cornada y tras varios golpes en el pecho sus compañeros consiguieron separar al toro de Joaquín. Sus compañeros corrían todo lo que podían con Joaquín en brazos. Lo asistieron en la plaza pero rápidamente tuvo que ser trasladado en helicóptero al hospital más cercano. Cuando llegó al hospital los médicos dijeron que había perdido mucha sangre y además tenía dañado el corazón. Tras varias horas en quirófano los médicos comunicaron su muerte a todos sus compañeros y familiares, no se pudo hacer nada por él. Todo el mundo se puso de luto y la plaza donde ocurrió el accidente le llamaron plaza Torres, en su honor.

    Pasó un año y se volvió a festejar una nueva corrida de toros en la plaza Torres. Esta vez, iba a torear un joven torero llamado Paco Fernández. Antes de torear todos los toreros pasaban por la capilla de la plaza para rezar y pedir que la faena le fuera bien.

    Paco hizo una faena estupenda. Al terminar todo el festejo, ya de noche antes de irse a casa, se acordó de que se olvidó su estampita de la virgen en la capilla. Decidió de ir en un momento a recogerla porque era muy importante para él.

    Cuando salía de la capilla se encontró con otro torero al que no conocía, estuvieron hablando un buen rato y Paco se quedó muy impresionado con este hombre y cuando fue a preguntarle su nombre para darle la gracias por sus consejos, desapareció misteriosamente. Paco quedó extrañado pero estaba tan cansado que no le dio más importancia, y se fue a dormir.

    Al día siguiente Paco salió en todos los periódicos, todos decían la buena faena que había hecho y lo que se parecía al fallecido Joaquín Torres. Paco vio la foto de Joaquín en el periódico y descubrió que había sido el hombre con el que estuvo hablando la noche anterior. Paco volvió a ir la plaza por la noche, quería volver a ver si era verdad que había visto un fantasma. Volvió a la capilla pero no vio a nadie fue a la puerta de toriles y tampoco vio. Pero no se sabe cómo la puerta de los toros que habían encerrados para la siguiente corrida se abrió. Paco no se dio cuenta y el toro que se escapó corrió hacia él y le clavó los cuernos en el corazón. Cuando el joven torero estaba muriendo, escuchó una voz que decía que la plaza Torres estaba maldita. Abrió un poco los ojos y vio la silueta de Joaquín.

    Todos los años se celebraba una corrida de toros en esa plaza, pero misteriosamente siempre moría alguien desangrando con algo clavado en el corazón.


    “Leyenda terrorífica en el Paseo del Gallo de Morón de la Frontera”

    DARIO BARROSO CORTES. 1º ESO

    Hace muchos años, como entre 20 o 25 aproximadamente en el Paseo del Gallo de Morón, ocurrió un lamentable accidente, debido a una neblina que cubría por completo el cielo en la pista de aterrizaje de los aviones de la Base aérea de este pueblo, el piloto aterrizó de forma urgente y obligado en la zona que todos conocemos como “La Peña”, donde se encuentra hoy día nuestro famoso “GALLO”, en donde se estaba haciendo por parte del ayuntamiento una excursión a dicho monumento local.

    El avión terminó estrellándose, llevándose consigo la vida de 40 personas que realizaban la ruta turística por nuestro pueblo y en aquel instante la visita precisamente estaba en el Gallo.

    Se dice que desde entonces almas en pena deambulan por el entorno del gallo de Morón y la Peña, pues tanto guías turísticos como visitantes aseguran ver personas que parecen perdidas, caminan sin rumbo fijo y su vestimenta parece pasada de moda, como si fueran de otra época, cuando se les trata de alcanzar se desaparecen entre la gente que están allí presentes, se van perdiendo como en un ligero humo.

    De entre todos los fantasmas, sobresale el espíritu de un niño de 12 años, pues a lo largo de los años, todos los que lo han visto coinciden en que este niño lleva consigo una pelota roja, incluso se ha logrado comunicar con los testigos, a quienes les ha pedido que le haga un pase con la pelota.

    En la mayoría de las ocasiones se deja ver, en especial delante del Gallo señalando con el dedo hacia nuestro Castillo. En internet circulan videos y fotografías donde el fantasma del niño fue grabado, uno de los videos más famosos, es donde se aprecia que el niño junto a otros amigos juega divertidamente en el paseo del Gallo Y la foto más conocida es donde este chico se asoma también por lo alto de la Torre del Homenaje.

    La próxima vez que visites Nuestro Gallo o nuestro Castillo, presta atención, entre la gente que te acompañe ya que te podrías encontrar un fantasma esperando llegar a su destino.


    “Malos días, Morón”

    ANTONIO LOBO GUILLÉN. 12 AÑOS

    Érase una vez, un niño cualquiera que vivía en Morón de la Frontera.

    El día anterior a la mañana de Halloween, el niño estaba decorando su hogar de forma extravagante con multitud de adornos para la fiesta del día siguiente. Pero, antes de terminar de decorar su porche, algo le rozó el brazo. Era una figura sombría tapada con una larga y fina capa negra. El monstruo se destapó la cara y el joven lo identificó varios segundos más tarde como el recaudador de impuestos de “La leyenda del Gallo de Morón”. El niño, asustado, se fijó en un largo cuchillo que poseía en su huesuda mano derecha. El muchacho intentó salir corriendo pero ya era demasiado tarde, el espectro ya le había clavado su afilado cuchillo en el pecho lo que le provocó una muerte instantánea. Desde ese día, el joven regresa al mundo de los vivos el día anterior a la noche de Halloween. Y vaga por las calles de Morón, escuchando a lo lejos, el sonido de la bolsa de monedas que lleva en sus huesudas manos el recaudador de impuestos. El niño terminó su oscuro trayecto por las calles, frente al reloj del Ayuntamiento de la localidad. El espectro, vio que solo faltaban doce segundos para dar las doce y volver a su lugar de descanso en la Avenida del Recuerdo. Pero, de repente, sintió calor en la cara.

    Era el Sol, dándole en la cara. De pronto, el niño se dio cuenta de que se encontraba en su habitación. Él pensó que todo lo ocurrido había sido un sueño pero, al bajar los pies de su cama, tocó una bolsita vieja que estaba húmeda. El niño, la abrió y vio que se encontraba repleta de monedas de plata manchadas de sangre.

    ¿Habrá sido todo un sueño, o no?


    “El terror de la tumba del Gallo”

    MARÍA FERNÁNDEZ MATA. 13 AÑOS

    Me desperté cuando algo me molestaba en el oído. Abrí los ojos, todo estaba oscuro. Nada raro, me di cuenta de que el despertador estaba sonando. Me peiné, vestí y cuando fui a desayunar, como todos los días, cogí mi móvil para ver lo que pasaba alrededor. Perdonadme, no me he presentado, me llamo María y vivo en Morón. Bueno, sólo veía en mi pantalla: “Feliz Halloween”, nada interesante, hasta que… de repente, mi móvil se quedó negro y “pillado”. Fue cuando estaba leyendo una noticia interesante, en resumen, sólo leí que se cumplían 118 años de una tumba enterrada justamente en El gallo de Morón. Únicamente con recordar dónde estaba situada La Peña, se me ponía la piel de “Gallo”. Nunca mejor dicho. La verdad, no sabía si era real, pero tenía que averiguar quién era.

    ¡No!!!, llegué tarde…Así que no fue hasta después de las clases cuando le conté a mis amigos todo, que, aunque no me creían, me quisieron ayudar. Quedamos por la tarde para preguntar a personas mayores de Morón. Preguntamos a abuelos, padres, maestros…Decidimos ir a un convento de monjas, y una, muy mayor, nos contestó que un cura, en 1900, se mató, y las monjas lo enterraron allí. Nos contó que ella se quedó ciega un 31 de octubre que fue a visitar la tumba y tocó el gallo. Directamente, no sacamos más el tema y salimos de allí.

    Íbamos bajando lentamente por la Corredera cuando se me ocurrió preguntar: “¿Y si sólo vamos un momento?”.


    “Una noche en el cementerio”

    JOSÉ RUBÉN GARCÍA SIERRA. 13 AÑOS

    Un día, en un humilde pueblo como Morón, un grupo de amigos se retaron a pasar la noche de Halloween en el cementerio. Prepararon lo más importante para cumplir ese terrorífico reto de Halloween, a uno de ellos se le ocurrió la espeluznante idea de jugar a la ouija dentro de un mausoleo.

    Al fin llegó ese día tan esperado, ese día en el que iban a cumplir el reto sin pensar en lo que pudiera pasar aquel 31 de octubre.

    Llegaron las 00:00 horas, y los niños empezaron a contar historias de miedo. Un chico contó que su difunta abuela podía ver espíritus, espíritus que se encontraban en el mimo mausoleo donde se resguardaron ese 31 de octubre.

    Hacia las 02:00 de la noche y se empezaron a escuchar ruidos extraños, ruidos que provenían de una puerta secreta en el mausoleo. Hicieron una votación, una votación que debía elegir qué hacían, si jugar a la ouija en el mausoleo o bajar por la puerta secreta.

    A 03: 25 de la noche, iban bajando tras entrar por la puerta secreta. Los ruidos eran cada vez más fuertes. Al fin, llegaron al fondo del todo y sacaron la ouija.

    Eran las 03:33 cuando empezó el juego: usaron un vaso para contactar con los espíritus. La puerta secreta se cerró y quedó bloqueada. Los niños se asustaron. La linterna comenzó a fallar hasta que se quedaron a oscuras. Desapareció un chico del grupo. No tenían cobertura y quedaron atrapados hasta morir.


    “El lado oscuro del callejón”

    MIGUEL LARA FERNÁNDEZ. 13 AÑOS

    Se acercaba el día de Halloween y Marcos, un niño que vivía con sus padres en una pequeña casa situada en el centro de Morón de la Frontera, se preparaba para salir con sus amigos, para realizar el típico “truco o trato de todos los años”.

    Había llegado el día de Halloween y Marcos estaba muy feliz. Marcos salió de casa para dirigirse hacia donde había quedado con sus amigos. Tras haber realizado el truco o trato, todos se dirigieron hacia sus casas. Marcos se confundió de calle y tiró por una que no era, pero él continuó hacia adelante.

    Tras haber caminado durante unos minutos, Marcos se topó con un callejón donde nunca antes había estado. Al final del callejón había una niña sentada en el acerado llorando. Marcos se acercó, se sentó junto a ella y le preguntó: “¿Qué te pasa?”. Tras la pregunta de Marcos, la niña dejó de llorar. De repente, levantó la cabeza y señaló hacia enfrente y dijo: “Él me mató”. Marcos miró inmediatamente hacia el frente, pero no vio nada. Después miró hacia su lado, donde estaba la niña, pero había desaparecido. Miró de nuevo hacia el frente y vio a la niña ahorcada junto a un hombre vestido de negro. Marcos corrió, pero cuando se dio cuenta, estaba rodeado de un hombre sin cabeza, de la niña ahorcada, del hombre vestido de negro y de una mujer que se había muerto ahogada. Finalmente, Marcos murió de un infarto al corazón.

    Marcos reside desde entonces en ese callejón con todas las personas que han muerto ahí.


    “Morón de la Frontera, 7 de abril de 2008”

    ANA GARCÍA RODRÍGUEZ. 13 AÑOS

    Lucas era un joven de 22 años. Durante dos o tres meses Lucas se dio cuenta de que cuando pasaba cerca del cementerio, sucedían hechos muy extraños: oía voces muy agudas que decían palabras en inglés muy perturbadoras, los papeles que estaban dentro de la papelera se salían solos….

    Hasta que un día, Lucas decidió ir a investigar qué pasaba. No lo quería hacer solo, así que le pidió ayuda a su hermana menor, Sara, de 19 años.

    El día 10 de abril de 2008 decidieron preparar algunas herramientas necesarias para poder investigar mejor. Sara y Lucas cogieron sus bicicletas y sus mochilas y fueron hacia la zona donde sucedían los fenómenos extraños a Lucas.

    Estuvieron observando varias horas, pero como veían que no ocurría nada, decidieron entrar al cementerio, a ver qué pasaba.

    Después de estar un rato buscando por todo el cementerio hicieron varios descubrimientos: el agua de la fuente se cortaba cada cuatro minutos, las flores que estaban apoyadas en las tumbas daban vueltas y se les caían los pétalos, … Oyeron de nuevo las voces y vieron muchas sombras.

    Después de investigar mucho, descubrieron que allí fue asesinado un hombre bastante gamberro. Al descubrir que sólo era un espíritu haciendo travesuras, decidieron comentárselo a los de mantenimiento y olvidar el asunto.


    “La noche del 31 al 1”

    NEREA SAURA CASTRO. 14 AÑOS

    Una fría noche de otoño por fin llegó la noche de Halloween. Hacía ya muchos años que los niños y niñas de Morón de la Frontera salían por todas las casas y calles disfrazados pidiendo caramelos. Todos parecían pasárselo muy bien hasta el día después. Nadie sabía qué estaba pasando. Ocurrían cosas muy raras en hechos muy raros en todas partes. María, nuestra protagonista no era muy fanática de las historias ni de los cuentos de miedo, pero no quería parecer una niña pequeña a la que le asustaba una simple película, aunque era de verdad que le daba mucho miedo.

    Una noche todo cambió, escuchó ruidos en su habitación y sintió miedo, aun así, decidió levantarse e investigar. Fue directa al salón y dijo:

    – ¿Hay alguien…? – preguntó asustada.

    – ¡Socorro! – gritó alguien de repente.

    María se asustó y con voz temblorosa dijo:

    – ¿Q Quíén e – es?

    Pero ya nadie contestaba. Entonces, levantó la cabeza y vio a una niña, pero no era una niña normal, era una niña de pelo negro y largo, piel muy blanca, como el vestido que llevaba puesto.

    – ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?

    – Ayúdame, por favor.

    – Pero yo no puedo.

    Y era verdad que no podía, no tenía la fuerza posible para hacerlo.

    – ¡¿Acaso no vas a ayudarme?!

    – De verdad, que no puedo ….

    – ¡Pues seré tu peor enemiga!

    Ahora María sí que tenía miedo de verdad, pero no podía contárselo a nadie, así que se aguantaría como pudiera, aunque miles de preguntas surcaban su cabeza: ¿En qué querría que le ayudara?, ¿qué le haría por no querer ayudarla? No lo sabía, pero tenía miedo.

    A la mañana siguiente, María no estaba en su habitación. Nadie volvió a saber nuca nada más de ella….


    “El Castillo”

    DARÍO MURCIA ROMERO. 13 AÑOS

    Era el año 1876, y en Morón de la Frontera se acababa de construir un enorme castillo. Los habitantes de Morón querían vivir en aquel asombroso castillo, y los más adinerados compraban esclavos para mudarse a aquel lugar.

    Un día la familia Lebrón, que era la familia más rica del lugar, compró una esclava que se rumoreaba que era una bruja. Uno de los miembros de la familia, llamado Juan se enamoró perdidamente de la esclava llamada Cristina.

    Una noche Juan fue a visitar a Cristina y le dijo que él la liberaría de ser la esclava de su familia. Cristina muy asombrada le dijo:

    -¿En serio harías eso por mí? Gracias, pero no quiero provocar una pelea familiar.

    -No pasa nada, te ayudaré de todas formas, no quiero que mis padres sean dueños de una persona y menos de una mujer tan guapa- dijo Juan.

    -Mu…Muchas gracias no sé cómo agradecertelo- dijo Cristina sonrojada.

    -¡No hay de qué! Bueno mañana vengo a contarte mi plan- exclamó Juan.

    A la noche siguiente Juan volvió a ver a Cristina:

    -¡Hola Cristina! Vengo a contarte mi plan. Mi padre tiene la llave de tu celda en su habitación, así que voy a aprovechar que está durmiendo para robarla y luego te sacaré de aquí ¿vale?- explicó Juan.

    -Vale, pero ten cuidado de que no te descubran- dijo Cristina

    -No te preocupes, ahora vuelvo- dijo Juan.

    Juan fue a la habitación de sus padres, pero tropezó y despertó a su padre.

    El padre de Juan, asustado, cogió una pistola que tenía en su mesita de noche y disparó, matando al instante a Juan. Cristina escuchó el ruido y al ver que Juan no volvía se echó a llorar al imaginarse lo peor.Entonces, empezó a gritar unas palabras maldiciendo al asesino de Juan, porque también estaba locamente enamorada de él.

    El padre de Juan empezó a sentirse muy enfermo y a la mañana siguiente amaneció muerto.

    Desde aquel entonces Cristina maldecía a todas las familias que compraban esclavos para que no sufrieran como sufrió ella.


    “La leyenda del instituto”

    NEREA RODRÍGUEZ TORO. 14 AÑOS

    Y como otro día más, María iba al instituto atemorizada, no porque se metieran con ella, sino porque de pequeña le contaron una historia sobre algo que había ocurrido en ese lugar, algo tenebroso y horrible de lo que ella no quería hablar. Ese lugar era el IES Carrillo Salcedo, en el barrio del Rancho.

    Ella se decía a si misma que aquello que le habían contado no era cierto, pero mirara donde mirara en aquel lugar, ella veía cosas muy extrañas como arañazos en las paredes o manchas de sangre en el suelo, que no le permitían olvidar aquella historia.

    Cuando sonó el timbre, como cada día María se fue a casa y le dijo a su madre que por favor la cambiara de instituto, porque ya no podía ir más a aquel lugar. La madre le preguntó extrañada qué le sucedía y la niña se lo contó absolutamente todo.

    La madre decidió ir a reunirse con los profesores del centro para intentar buscar una solución sin que María tuviese que cambiarse de instituto. Finalmente, le explicaron que la niña tenía mucha imaginación y que nada de lo que contaba o decía ver era cierto. La madre habló con ella y le hizo entender que todo había sido producto de su fantasía, así que María más tranquila regresó al instituto.

    Durante varias semanas María estuvo tranquila, ya no sentía ese miedo que la había acompañado durante tanto tiempo. Una tarde, tuvo que acudir al instituto para recoger sus notas, y de repente, vio una figura reflejada en el espejo del baño de chicas. Era algo escalofriante que le decía:

    -¡La próxima serás tú!

    María empezó a gritar y a llorar desconsoladamente. Salió corriendo de aquel lugar sin mirar atrás. Estuvo varios días desaparecida, hasta que la encontraron detrás de la estatua del Gallo de Morón. Estaba sin vida, su cuerpo estaba cubierto de sangre y en su mano sostenía un puñal. Se había suicidado.

    Nadie podía explicarse por qué y cómo había sucedido aquello. Desde ese día se cuenta que por las noches se escucha gritar por las calles de Morón a la niña pidiendo ayuda.


    “El círculo de los cascabeles”

    SERGIO CÁCERES MACHO. 13 AÑOS

    Cuenta la mitología china que hay muchas formas de contactar con espíritus, demonios y seres mitológicos.

    Una de esas formas es el círculo de los cascabeles consiste en un grupo mixto de 10 personas 5 chicos y 5 chicas. Cada uno y cada una debe ponerse 1 cascabel en las extremidades y cuello.

    Cuando Pablo leyó esto solo podía reír pero su compañero no se reía tanto y le advirtió de las consecuencias.

    Pablo quería demostrar que era falso, reunió a 5 chicos y 5 chicas. Compraron los cascabeles y procedieron con el ritual. Cuando se cogieron de las manos, todos empezaron a llorar desconsoladamente.

    Decidieron romper el círculo pero no podían, estaban completamente inmóviles. De repente, los cascabeles crearon una melodía muy siniestra a la que acompañaba el silbido del viento. Escuchaban gritos, llantos, frenazos de coches…

    De repente escuchan una cálida voz de un anciano que dijo: no os quiero hacer daño _

    la voz cambió a una más metálica y siniestra_ pero estas son las reglas .

    Los cascabeles apretaban cada vez más, hasta que un niño gritó de verdadero dolor. Todo empezó a desvanecerse frente a ellos / as. Los cascabeles se soltaron, podía moverse…, dejaron de llorar, pero cayeron notas del cielo con el nombre de cada persona con el alma, personalidad y futuro de cada uno de ellos/as.

    Al día siguiente, todos tenían en su cama una libreta que decía:

    NOSOTROS SOMOS PARTE TUYA Y TU PARTE NUESTRA.


    “Las vías del tren”

    LUCÍA ROSA LOBATO. 13 AÑOS

    Antiguamente Morón de la Frontera tenía una estación de tren y unas vías de tren, que actualmente están abandonadas. El motivo, según una leyenda, es que en 1965 un niño y su madre iban a tomar el tren, pero la madre se encontró a una amiga y se puso a conversar con ella durante un instante. El niño aprovechó la ocasión para ver más de cerca las vías, pero resbaló con tan mala suerte de caer en las vías, justo cuando el tren iba a pasar. Tan solo se oyó un grito fuerte que llamó la atención de las personas que esperaban al tren. La madre del niño, al no encontrar a su hijo, corriendo se acercó a las vías y vio el cuerpo inerte de su hijo, dio un grito desgarrador y rompió en llanto. Dos meses después la madre, al no poder soportar el dolor, decidió acabar con su vida de la misma manera en la que había muerto su hijo: arrojándose a las vías del tren. El municipio lo intentó ocultar porque sabían que si las dos muertes salían a la luz, cerrarían la estación de tren para siempre, y así fue. En 1967 cerraron la estación del tren y jamás la han vuelto a abrir.

    A día de hoy, muchas personas aseguran oír en la vieja estación abandonada, los gritos y el llanto de la madre que sigue buscando a su hijo muerto, y cada año, cuando se cumple el aniversario de ambas muertes se pueden ver en las vías del tren las marcas de dos cuerpos que yacen uno al lado del otro.


    “Recién casados”

    CARMEN MONTES PORTILLO. 13 AÑOS

    Raquel y Miguel era una pareja de recién casados. Cuando volvieron de la luna de miel decidieron mudarse a una casa antigua al final del Pantano, un barrio de Morón de la Frontera.

    El primer día de mudanza Raquel fue a dejar unas cosas en la cocina, mientras Miguel fue a dejar unas cosas en el sótano. De pronto, Raquel escuchó un golpe y decidió bajar a ver qué había pasado. Cuando bajó, vio a Miguel tirado en el suelo, lo ayudó a levantarse y le preguntó qué había pasado. Él le dijo que había sentido como si alguien lo hubiese empujado. Olvidaron el tema y siguieron con la mudanza. Cenaron y se acostaron temprano. A media noche Miguel se despertó para ir al cuarto de baño, y de repente, escuchó pasos que subían por las escaleras, al asomarse no vio nada así que volvió a entrar en el baño. Mientras Miguel estaba en el baño, Raquel se despertó al escuchar unos arañazos dentro del armario, se asustó y se abrazó muy fuerte a “Miguel”. En ese instante, Miguel salió del cuarto de baño, ella lo miró sorprendida, y notó que la extraña figura a la que estaba abrazada desapareció.

    Al día siguiente, Miguel bajó a la cocina a cortar el pan para el desayuno, y repentinamente, el cuchillo salió disparado hacia él, pero consiguió cogerlo antes de que le hiciera daño. Mientras tanto, Raquel se duchaba, pero de pronto empezó a salir el agua hirviendo y el cuarto de baño se llenó de vapor, al no poder graduar el agua salió de la ducha y sin apenas ver nada cogió la toalla y se vistió. Salió del cuarto de baño y mientras bajaba las escaleras alguien la empujó y cayó rodando hasta llegar a los pies de Miguel. Él le preguntó qué le había pasado y ella llorando le dijo que creía que pasaba algo extraño en aquella casa, pero Miguel quitándole importancia al asunto, le dijo que debería descansar, que todo sería producto de los agotadores días de mudanza.

    Por la tarde decidieron salir a pasear por la Alameda y regresar por la noche. Cuando llegaron, se fueron a dormir. A media noche, saltó la alarma del coche, y mientras se escuchaban unos pasos subiendo por las escaleras, las luces de toda la casa se apagaban y se encendían una y otra vez. Raquel empezó a llorar muerta de miedo, y Miguel dijo: ¡Vámonos de aquí! Los dos salieron corriendo, pero al final de las escaleras los esperaba una sombra con dos cuchillos. Raquel la vio y al gritar desapareció, pero al instante volvió a aparecer detrás de ellos hincándole un cuchillo a cada uno por la espalda.


    “Búscame…”

    LOLA ALEMÁN DELGADO. 12 AÑOS

    Aquel día de octubre fui con mi amiga al mercadillo, compré una chaqueta de segunda mano de cuero, negra y con una cremallera plateada.

    En un momento mi amiga se acercó a un puesto de gafas de sol y mientras la esperaba, una anciana se me acercó y me dijo:

    -Esa era la chaqueta favorita de Susan.

    Giré un momento la cabeza para ver donde estaba mi amiga y cuando volví a mirar a la anciana para preguntarle quién era Susan, había desaparecido, pensé que se había perdido entre la multitud de gente así que me fui con mi amiga a seguir viendo puestos.

    Esa misma noche estrené la chaqueta para ir al cine, ¡no podía esperar!, durante la sesión de cine escuchaba voces raras, y cuando me quitaba la chaqueta sentía un escalofrío y me la volvía a poner, en algunas voces se distinguían las palabras susurrantes:

    -Nunca nadie me encontró…

    Esa noche tuve pesadillas, alguien me perseguía e intentaba estrangularme y cuando me atrapaba y me apretaba el cuello me desperté nerviosa y asustada y pensé:

    -Todo esto es culpa de la vieja esa que me ha metido cuentos en la cabeza…

    Me volví a dormir y esta vez soñé con una chica de pelo largo y rubio, con los ojos verdes. Oí que me susurraba:

    -Soy Susan, BÚSCAME.

    Me desperté y volví a decir:

    -¡MALDITA VIEJA!, ¡MALDITA CHAQUETA!

    Tiré la chaqueta al suelo y cayó abierta dentro se podía leer el nombre “Susan Smith”.

    Bajé a la cocina para tomarme un vaso de leche, entonces me di cuenta de que las letras de colores con imán que siempre tengo desordenadas en mi nevera se habían ordenado solas, en el centro de la puerta blanca de mi nevera ponía en letras rojas: SUSAN.

    Subí a mi habitación, abrí mi portátil y me puse a investigar.

    En internet ponía que Susan Smith era una chica que fue asesinada en 2.016, el asesino aseguraba haber tirado su cuerpo por un precipicio, pero su cadáver nunca fue encontrado.


    “La gran desaparición de Morón”

    JESÚS AHUMADA RODRÍGUEZ. 12 AÑOS

    Cuenta una vieja leyenda que en el pueblo de Morón, hace muchos años había un hombre. Ese hombre era un secuestrador y destripador. Se llamaba Jacob. Siempre todos los 31 de octubre hacía una gran matanza. Primero organizaba una gran comida en su casa, para los pobres del pueblo. Después les ofrecía quedarse a dormir y siempre aceptaban, porque las camas eran unas camas muy cómodas. Cuando daban las diez de la noche cerraba todas las salidas que había en la casa.

    Preparaba todas sus herramientas para realizar la matanza. Iba llamando de puerta en puerta, para que las personas se despertasen e iba diciendo los nombres para así realizar su matanza. Después por la mañana tiraba los cuerpos en el campo, y borraba todas las pistas. Pero un año, un niño de 10 años llamado Pepe, dudaba en ir a aquella casa, pero acepto.

    Durmiendo llamaron a la puerta. Pepe había descubierto un escondite que había en la habitación. Se quedó allí durante un tiempo hasta que nombraron su nombre. Pepe no sabía qué hacer, así que se encogió mucho en aquel escondite y se quedó en silencio. Jacob dudó de si estaba dormido así que le dejó para el último. Pasaron 2 horas y él era el último. Jacob no paraba de llamarlo y no respondía, así que decidió subir para ver.

    Entró en todas las habitaciones y cuartos que había en la casa. Pepe nervioso estornudó, y Jacob lo escuchó. Jacob corriendo entró en la habitación donde se había escuchado el estornudo. Sus ansias de matarlo eran intensas. Jacob acabó encontrándolo y este le suplicaba por favor que no lo matara. Pepe agarró corriendo un cuchillo que tenía Jacob en su pantalón y se lo clavó. Pepe con todas sus fuerzas corrió hacía la puerta y consiguió abrirla. Corrió hacía el cuartel de la policía y les contó lo sucedido.

    Cuando llegaron a la casa, se la encontraron llena de sangre y con todos los cadáveres de los fallecidos. Los policías lo miraron con cara de sorpresa y lo acusaron como el gran destripador de Morón. El niño les juró que no había sido, pero estos no se lo creyeron. Condenaron a Pepe a cadena perpetua en la cárcel.


    ”Desde el espejo”

    ROCÍO FERNÁNDEZ PICHARDO. 15 AÑOS

    Era de noche, hacía mucho frío y no dejaba de llover. El viento hacía zarandear las ventanas del autobús que regresaba a Morón, en el que iba subida. Volvía de las últimas clases del día y de haber estado con el chico que me gusta. Había hablado con él, ya que hace poco perdió a su novia en un accidente de tráfico después de una fiesta, para darle algún consejo.

    El autobús frenó y el último pasajero que quedaba bajó tras dar las buenas noches. El conductor decidió cambiar la ruta, ya que yo era la única personaba que quedaba en ese autobús, o eso creía. Volvió a sonar el timbre, pero…. ¿si no hay nadie, quién ha picado? Solo sé que cuando se abrieron las puertas, sentí la sensación de que alguien había bajado y vi pasar una sombra a través del espejo derecho del bus.

    Esa misma noche soñé con ella. Era una niña de unos quince años, vestida con un vestido largo y blanco. Su pelo estaba alborotado y en su pálido rostro, se encontraban unos ojos grandes y oscuros, donde sus lágrimas invadidas por pintura facial, rímel, dejan un recorrido negro por sus mejillas. Su mano estaba cerrada, con enormes cristales clavados en sus nudillos.

    Empecé a sudar y a sentir cómo me agarraba del cuello, apretando cada vez más, advirtiéndome de que si no dejaba a su novio en paz, le haría a mi hermana lo mismo que me iba a hacer a mí.

    Al levantarme por la mañana, tuve la sensación de no sentirme igual que siempre. Me acerqué al espejo y vi mi cuerpo lleno de arañazos, moretones y cristales clavados, sobre la cama, ¿me ha matado? Fue lo último que me pregunté.

    A día de hoy, mi hermana no sabe nada de esto, solo piensa que me intenté suicidar, lo que confirmaron los médicos. Yo estoy en el espejo de esa habitación, protegiéndola.


    “Intriga en la ermita”

    IVÁN ELÍAS OSUNA. 12 AÑOS

    Hace muchísimos años, según mis padres, cuando ellos todavía eran unos niños algo ocurrió en la ermita de Morón.

    Me cuentan que todas las tarde-noches se iban a jugar a la plazoleta de la ermita. Un día decidieron entrar dentro de ella y, cual fue la sorpresa, que una vez dentro se encendieron las luces, empezó a hacer mucho frío y, de repente, se volvió a apagar todo. Solo una luz iluminaba al Cristo, al cual veían cómo se le meneaban los ojos de un lado a otro.

    Se asustaron mucho e intentaron salir de allí pero las puertas se cerraron con el cerrojo. Estaban atrapados: unos gritaban, otros lloraban y se escuchó una voz de fondo que les decía: “no tengáis miedo, no os pasará nada”.

    Contaba una leyenda que hubo un hombre que estuvo siempre con ese santo, era el que lo cuidaba, lo enceraba, le colocaba su ropa. Cayó por unas escaleras de la iglesia, murió pero su alma nunca salió de allí. Dicen que todos los años ese mismo día que murió, al Cristo le salen lágrimas de verdad y es que llora por ese hombre. Y que su espíritu es el que sigue secando sus lágrimas y encerando su cara de manera que no se ha vuelto a contratar a nadie para hacer ese trabajo.

    Podéis sacar vuestras propias conclusiones.


    “La Cueva”

    JESÚS GUERRA CAMACHO. 12 AÑOS

    Érase una vez un niño muy desobediente que se llamaba Manuel. Le dijo a sus padres que, con sus amigos, iba a salir a las calles de su pueblo, Morón de la Frontera y era mentira, ya que en realidad iban a ir al parque de Canillas a las ocho y media de la noche. Llegando allí encontraron una cueva muy misteriosa, los niños investigaron por allí y detrás de una piedra ponía: “Fuera de aquí”.

    Entraron poco a poco, había una habitación que tenía las paredes y el suelo con crucifijos invertidos y estrellas del diablo. Avanzando encontraron personas que descuartizaban a personas y las vendían al diablo.

    Nunca salimos de allí.


    “Los moradores del castillo”

    LUCÍA GARCÍA PORTILLO. 15 AÑOS

    Cuentan viejas leyendas, que en el castillo de Morón, nuestro tranquilo y armonioso pueblo, ocurren cosas no tan normales. Pues narran que las almas de sus antiguos moradores aún vagan por las ruinas de lo que solía ser su hogar, haciendo que cada valiente –o inepto, como lo veas- que se acerque al lugar pasada la medianoche, acabe con un mal recuerdo, o hasta pierda la cordura. Es el castigo que obtienen todos los que se atreven a merodear por allí, o al menos, eso reciben los pocos afortunados que logran salir. Pues, hay una larga lista de desaparecidos que se esfuman sin dejar rastro, en todos los casos, tras aventurarse a desmentir esos relatos.

    Ahora, volviendo al presente, me encuentro con mi mejor amiga, Alicia, a pocos minutos de las 12 pm, subiendo unas escaleras que llevan a la montaña de ese lugar maldito. Sinceramente, estoy muy asustado, me aterra no saber qué ocurrirá, el miedo me invade. Al contrario que a mi acompañante, que sube tranquila, riéndose de mí ¿Qué le voy a hacer si soy asustadizo?

    Una vez subidas las escaleras, nos hemos dado cuenta de que aún nos falta recorrer un camino para llegar a lo más alto. Agradezco que aún no lleguemos, aunque solo sea un retraso de lo inevitable. A los pocos metros de sendero ya me he retractado de lo antes dicho, las luces de las farolas que había iluminando la zona han comenzado a parpadear y, tras eso, se han apagado, pero no, eso tampoco significa un gran problema, como solución sacamos nuestros teléfonos móviles y usamos la función linterna –bendita tecnología- aunque no alumbre mucho, es de ayuda. Pensábamos que los móviles habían sido una buena solución, pero frente a nuestros ojos se ha levantado una niebla que comienza a espesarse y que nos genera aún más miedo.

    En unos eternos minutos ya llegamos al castillo, y al llegar lo primero que hemos hecho es mirar la hora. Son ya las 00:13, además, para colmo, las baterías de nuestros móviles están a nada de perecer (algo raro, pues salimos de nuestras casas con batería de sobra).

    Los dispositivos no son los únicos afectados por el misterio, mi amiga y yo también nos sentimos mal; mareo, nauseas y un frío helador nos acompaña. Al instante me he puesto muy nervioso y lo peor es que noto que Alicia también está tensa e incluso asustada, eso me aterra totalmente.

    Entre el abrumador silencio irrumpió un llanto, así que, ignorando nuestro propio miedo, fuimos a buscar el origen del ruido. Entre la niebla visualizamos a una mujer, vestida con ropas árabes, sentada en un escalón de piedra llorando, nos acercamos a ella aunque sabíamos que algo iba mal. Alicia puso una mano sobre el hombro de la mujer, intentando consolarla, la respuesta de esa mujer fue un lento erguimiento de cabeza mientras se retiraba el velo. Al terminar ese acto pudimos contemplar su rostro, cómo tenía los ojos irritados de llorar, su mirada triste y vacía, parecía carecer de un motivo para sonreír, al instante pronunció unas palabras.

    -Los cristianos… -sus palabras se veían interrumpidas por sus sollozos, mientras mantenía fija su mirada en nosotros- decapitaron a mi amado… y después a mí.

    Se nos heló la sangre, pues, al terminar de hablar, la cabeza de la mujer cayó al suelo y rodó, con una expresión que denotaba un profundo dolor, que después se transformó en una sonrisa. Tras eso perdimos la consciencia.

    -¿Eso es lo que pasó? –dijo el hombre sentado frente a mí, mientras anotaba en una libreta.

    -Sí, es la verdad –digo con la voz temblorosa- llevo días en este psiquiátrico, quiero salir.


    “Todo es un espejismo”

    MARTA NAVARRO ROMERO. 15 AÑOS

    Son las 23:00 de la noche, noto como dentro de poco las cinco cervezas me van a hacer efecto, pero todavía me mantengo. Es invierno pero igualmente llevo medias, ya rotas y una chaqueta más bien de adorno. Noto mis pies dando golpes y arañazos sobre el suelo por culpa de estos tacones.

    23:15 Me apoyo en un coche. Ya estoy mareada… ¡Imposible!…Creía ser la única a estas horas, en este Jardín de la Carrera. No me atrevo a girarme, ya que la segunda persona ha parado el coche, pero no el motor. Se ha encargado de hacerlo más fácil. Y empieza a pita hasta que e parece el ritmo de una canción. Me río inocente y bailo pero no llego a girarme.

    Algo vibra… un mensaje…23:30 “Eres la siguiente , después de mi. Reenvía este mensaje a la próxima víctima aunque sea tarde. Gracias por todo, mamá.”

    Mi mente solo piensa: ¿pero qué…? De repente…frío…un estremecedor sentimiento al oír las ruedas girar, poco a poco hace que desee correr, error mío el pensar que voy a salir de esta: son las 12:45.

    Tirada en el suelo, a causa de ni tropiezo, me arrastro y mis extrañas quejas an más allá del sonido del motor que prácticamente está a mi lado. Nunca me había sentido tan inútil y pesada.

    Las 00:00. Mis fuerzas se acaban pero el coche responde de otra manera y acelera, dejándome atrás; es entonces cuando todo se vuelve negro. 12:00 am. Me despierto como puedo; no sé cómo llegué al final a casa… No recuerdo la causa de mi dolor de cabeza. Al parecer mi amiga me recogió más tarde.

    Todo me pesaba, así que decidí relajarme viendo la tele.

    Ese sitio me suena… los jardines, chica desaparecida… sin rastro, ¿no oyeron nada? ¿Solamente dejó sus zapatos?

    Ni siquiera señales, marcas… Solo un mensaje que releo por instinto, dándome cuenta de que esta persona no se equivocó… Sí iba dirigido a mí.


    “La extraña figura”

    RAFAEL DE LA ORDEN GUIJO. 14 AÑOS

    Era un día normal, yo caminaba por los pasillos de una tienda a comprarle algún juguete a mi hermano pequeño David por su cumpleaños. Fue entonces cuando escuché un grito que decía “¿Miguel!”. Al oírlo me di la vuelta y estaba mi amigo Daniel. Nos saludamos. Acabé comprando un tren de juguete para mi hermano y acompañé a Daniel a su casa mientras charlábamos.

    Tras dejar atrás a Daniel, me fui por el Pozo Nuevo, como atajo hacia mi casa. Ya era de noche y tarde, asun así, había bastante gente por allí. Fue entonces cuando noté un escalofrío a mis espaldas. Me di la vuelta y vi cómo la gente se desplomaba, mientras escupían sangre. Me quedé en estado de shock. En ese momento, una extraña figura a lo lejos se puso a seguirme. Salí corriendo, mientras que veía a todo el mundo tirado por el suelo. De repente, me quedé quieto, comencé a escupir sangre por la boca y me desplomé como los demás. Entonces, aquella extraña figura se me acercó, me puso la mano en los ojos y fue cuando desperté, en mi cama.

    Me levanté, miré la fecha y era el mismo día. Todo estaba pasando como en el supuesto sueño. Volví a ir a la tienda, me volví a encontrar con Daniel, los pelos se me pusieron de punta. Salí corriendo hacia mi casa. La tragedia estaba a punto de ocurrir. Llegué a mi casa, no había nadie, miré por la ventana, y todo el pueblo había caído al suelo, desplomado nuevamente. Me desesperé.

    Entonces alguien me puso la mano en el hombro, me giré, era esa extraña figura con bata de doctor, vestido de médico. Volví a despertarme en una camilla y lo primero que vi fue su cara. Miré a los lados, y estaba en las Urgencias de San Francisco. Estaba confuso y cerré los ojos de nuevo.


    “Las chicas buenas no están despiertas hasta tan tarde”

    GINÉS BARROSO DORADO. 13 AÑOS

    Ese día marcó la historia de Morón de la Frontera….

    Pero empecemos por el principio.

    Una joven tuvo que pasar una noche sola en su casa, su única compañía, la de su perro… De repente, a media noche, se despertó oyendo los ladridos de su perro, aunque no le dio demasiada importancia. – Habrá visto un gato o algo así-, pensó, pero el animal no paraba de ladrar y oyó el ruido de un cristal roto. Comenzó a asustarse, a sentir un escalofrío intenso. Salió de la habitación y encendió la luz del pasillo, se acercó a la escalera y comenzó a bajar lentamente por ellas, dirigiéndose hasta donde se hallaba su perro. Estaba segura de que los ruidos provenían de la cocina y a medida que se acercaba, el perro ladraba más fuerte.

    De repente, el animal se calló. La chica extrañada y cada vez más asustada abrió la puerta de la cocina. No ve nada, todo estaba demasiado oscuro, pero se escuchaba un jadeo. Prosiguió a encender la luz y se quedó paralizada del susto, cuando vio a un hombre vestido de negro, de rodillas, levantando y bajando un cuchillo manchado de sangre. Al percibir a la joven, se dio la vuelta dejando ver su sudadera manchada de sangre y la máscara que tapaba su rostro, pero que dejaba ver una sonrisa burlona y los ojos negros.

    La chica observó que estaba apuñalando a su perro, tantas veces, que incluso se le veían las tripas al animal.

    Dirigió la mirada a la joven y le dijo: – Las chicas buenas no están despierta hasta tan tarde-. El misterioso hombre levantó el cuchillo y se acercó a ella, pero la joven reaccionó y salió corriendo hacia la puerta de la calle, pero cuando fue a abrirla, el cuchillo le atravesó el estómago. Comenzó a sangrar por la boca, mientras lloraba. Y el hombre le susurró al oído: – Las chicas buenas no están despiertas hasta tan tarde-.

    Al día siguiente, los padres llegaron a su casa. Al entrar estaba todo ordenado y limpio, pero oscuro. Las luces estaban apagadas, así que pensaron que su hija seguía durmiendo.

    La madre extrañada encendió la luz y vio la macabra escena: su hija tumbada en el suelo, sin ojos.

     

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