“Herejes”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

    Hace unos meses Juan Cobos Wilkins me recomendaba leer, leer sin parar, sobre todo poesía, que era de lo que hablábamos en ese momento, al empezar el verano. Y fue así como encontré partes de las palabras que os dejo para este mes.

    Creo en la Educación, creo en la Educación y en los educadores como elementos de crítica a la sociedad, incluso en la educación que se critica a sí misma y con esto a toda la sociedad en la que está inserta. Esto no es nada nuevo, ya lo dejé por escrito en esta misma columna hace años.

    Evidentemente no tengo el secreto para que esto ocurra, pero sé que leer a los clásicos y a los cánones nos pone en una situación privilegiada para que esto comience a ocurrir. De ahí la importancia que tiene leer, la importancia de enseñar a leer y a escribir. Sin duda, como suele decirme un amigo, creo en el Humanismo para ensancharnos y crecer como persona, qué duda cabe. Pero no creo que necesariamente se te tengan que dar mejor las lenguas o los idiomas, que las matemáticas o las ciencias (que es como se estructura el sistema de estudio a partir de la secundaria) para que podamos disfrutar de un libro o un cuadro o de la música de un tipo o de otro, solo porque no sean la materia que nos guste.

    Por otro lado, la escuela, que hace elegir a tan temprana edad, suele crear más frustraciones que vocaciones reales, pero pasarán más leyes educativas y esto seguirá inamovible…

    Quizás ante estos conocimientos uno empiece a sentirse un poco hereje en este mundo en el que vivimos. Sentirse hereje ante un mundo de mentira, ante un mundo gris en el que siempre vas con la sonrisa como estandarte. No porque uno sea un inconsciente y decida pasar del mundo y lo que pasa, más bien todo lo contrario. Porque a pesar de todo se puede ver lo mejor de cada cosa que nos pasa, sea de una manera o de otra, obteniendo herramientas para poder decidir ante los acontecimientos diarios, que no son otra cosa que decisiones diarias que a pesar de la reversibilidad de algunas, nos hacen estar atentos en el día a día, y muchas no dependen directamente de las nuestras, pero, por qué no, seamos conscientes y activos en las que dependen de nosotros y no es poco motivo para ir sonriendo, por eso creo en esto que hoy escribo.

    Por otra parte, no podemos ceder el patrimonio de la felicidad a una empresa: normalmente, cuando estoy con un grupo de adolescentes, me gusta preguntarles lo típico y que tantas veces nos preguntan, eso de: “¿Y qué quieres ser de mayor?”, dejo que contesten, que me cuenten sus aspiraciones, sus objetivos, sus metas y cuando han acabado les vuelvo a preguntar: “¿Entonces no queréis ser felices?”, ante esto sus caras cambian completamente, y sus respuestas también.

    Y una de las finalidades de leer, de viajar, de hacer cosas inútiles, enlazando con la columna del mes pasado es ayudarnos a encontrar esa felicidad, que en definitiva no es otra cosa que ser coherentes entre lo que creemos que debe ser la vida y la forma en la que la llevamos adelante.

    Hoy en día ser hereje es también plantarle cara al sistema económico, del que es difícil escapar, a la falta de valores, a la falta de esperanza en el ser humano. También es sonreirle a los buscadores de crispaciones y malosentendidos.

    Ser hereje en este mundo de mentira, de perfiles falsos en redes sociales, de masters que se diluyen en los dedos, de dictadores en los altares, de demagogos pidiendo paso, de cobardes que huyen, de payasos cambiapieles, de vendidos al sistema, no es otra cosa que ser pacientes buscadores de oro tamizando arena en el río, incansable y sin prisas, hasta encontrar una pepita.

    Porque en definitiva, lo que las escuelas deben conseguir no es otra cosa que personas maduras con ​actitud crítica​, ante lo que creen y lo que no, con una opinión formada de casi todo, y para eso no solo necesitamos leer y leer mucho, sino hablar, dialogar y llegar a acuerdos con personas que creemos en nuestras antípodas o meternos en sitios o situaciones en las que jamás nos hubiéramos pensado. Eso también es ser hereje en un mundo polarizado de blancos y negros, no parece fácil apreciar la gama de colores que oscilan entre uno y otro.

    En definitiva, en este mundo de intereses, de palabras vacías, de políticos de broma y ciudadanos convertidos en hooligans de sus ideales políticos, lo mejor que podemos hacer, como si de un nuevo grupúsculo secreto se tratase, es abandonar las imposiciones políticas mayoritarias para convertirnos en herejes.

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