“He vuelto”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

    BannerArlaukasHe vuelto, y aunque suene a amenaza, no lo es. Tras unos meses con dificultades para escribir, por fin he podido sentarme un momento y concentrarme para dejaros unas líneas. ¿Ha vuelto?, ¿pero dónde ha estado? Se preguntará más de uno. Pues bien, durante los meses de verano y por lo que queda de curso, he estado y estaré en un proyecto con adolescentes en riesgo de exclusión social en el Barrio Diego Sayago de Huelva, más conocido como “El Torrejón”. Esa frustración que tuve hace unos meses por no encontrar trabajo, cerca o lejos, ha acabado trayéndome a un precioso proyecto. ¿Acaso no hay adolescentes o familias enteras así en nuestra ciudad? Si, las hay. Pero a parte de Servicios Sociales, poco más se puede contar y menos en forma de fundación que se dedique exclusivamente a trabajar en este tipo de barrios.

    Me gustaría contaros que vuelvo a la tierra del Gallo, del Gazpacho, de la Alameda, de la Pedestre y la Cal y el Olivo. Pero os mentiría. Este proyecto es tan ilusionante que me retendrá aquí varios años, entre adolescentes, payos, gitanos e inmigrantes, peleando contra una sociedad que los encasilla y los expulsa por querer buscar una salida a sus vidas. Porque si para nosotros, que tenemos la vida solucionada puede llegar a ser difícil, imaginad lo que puede llegar a ser para estos, luchando entre complejos, frustraciones y continuos encasillamientos por ser del barrio que son.

    No es mi primera experiencia entre adolescentes, ni siquiera entre adolescentes en riesgo de exclusión. Hace años participé varias veces en las “Colonias de la Hermandad del Rocío”, me invitaron y las disfruté mientras pude, y no dudo que esa experiencia con los chavales marcó mi preferencia por una forma de ser y participar entre ellos y también por un tipo de destinatarios en concreto. Por supuesto, los años como animador voluntario en Salerón, recalco lo de voluntario, me ayudaron a formarme de una manera muy específica, creyendo siempre en el futuro de los jóvenes y adolescentes con los que me encontraba tarde tras tarde.

    Con todos estos mimbres creía que mi vocación era el Magisterio. Mal recibido el mensaje por mi parte, era evidente a la legua, al menos ahora lo veo así, que tenía que haber estudiado Educación Social o algo similar. Evidentemente, mi orientación vocacional fue más instinto que el trabajo de un profesional. Aun así, de nada me arrepiento, soy Maestro y lo puedo decir con satisfacción, orgulloso del trabajo realizado para conseguirlo.

    Finalizando, saco un par de conclusiones de todo esto. En primer lugar, si algo he aprendido en estos años es a ser flexible, a adaptarme a distintas situaciones que me han ido ocurriendo, manteniendo siempre una línea concreta. Siguiendo los consejos de Bukowski: “Encuentra algo que te apasione y deja que te consuma”.

    Por otro, a pesar de lo que la macroeconomía o de lo que los estudios digan, cada mañana, cuando voy al trabajo, encuentro a personas buscando en la basura, o a familias que hace unos años podían disfrutar de una vida tranquila y en un tiempo se vieron sin nada. Adolescentes en los que su familia no puede permitirse pagar una pequeña cuota para realizar excursiones u otras actividades, o padres que trabajan en algo ilegal para poder llevar algo de comer a casa. Son crudas las historias que acompañan a cada adolescente con los que me encuentro, pero es eso lo que hace levantarme cada mañana para seguir luchando por algo en lo que creo. Ayudar a crear un mundo mejor dándole las herramientas necesarias a quienes mas lo necesitan.

    Compartir