“Gracias, Coripe”, por José Carlos Valverde

    Mi idilio con Coripe ya es una realidad. Quedé admirado y maravillado por su gente. Un pueblo unido, que rema en la misma dirección; defensor de sus tradiciones y su cultura; atento y elegante; pero sobre todo, acogedor. Con todo el cariño lo describía, entre muchos nervios y casi temblando, de la siguiente forma:

    “Coripe es una villa que Dios descolgó en la Sierra Sur de la provincia de Sevilla y que arropó entre olivares de montaña y bosques naturales de pueblo. Y eso, amigos míos, os lo digo con esta envidia piadosa; esa bendita suerte, son motivos suficientes para estar orgulloso. Para que estéis orgullosos de vuestro patrimonio…”

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    El pasado viernes dejé de ser un forastero para sus calles y su gente, y comenzamos, sin querer y por sorpresa, como suceden las cosas eternas y con verdad, una relación de entendimiento y respeto que ya venía de meses atrás. Ese día pasé de conocer Coripe, a llevarlo para siempre en mi corazón. Aquel rinconcito privilegiado del universo hoy tiene un nuevo hijo adoptivo, si me lo permiten, a poco más de veinte kilómetros de distancia.

     “…Mi relación con el pueblo de Coripe se remonta prácticamente a mi niñez”. Así comencé el grueso del pregón tras los saludos protocolarios y las infinitas gracias que di varias veces durante la lectura del texto. Repasé mis peripecias junto a mi abuelo, y me emocioné durante el viaje por tantos recuerdos que la memoria quiso traerme de nuevo, algunos años más tarde.

    Siendo sincero mi pregón comenzó el jueves. Durante la cena de apertura conversé con numerosas personas relacionadas con el mundo de la cultura. Gente sabia, culta, con una historia interna y personal cargada de emotividad y ternura. Pude ver el brillo de la verdad en sus ojos, en su experiencia, también en sus arrugas cargadas de vida. Valga mi abrazo para Pedro Ayllón y Curro Carrascosa, dirigentes de la asociación cultural y etnológica “El Chaparro”. Mis mejores deseos para ellos y prosperidad y frutos para su rinconcito didáctico.

    No hubo mucho tiempo para más. Aquella noche guardé fuerzas porque el plato fuerte llegaba, como era de esperar, el viernes de feria.

    Y es que Coripe no tiene una feria cualquiera, doy fe de ello. Coripe posee un catálogo de tradiciones  impresionantes e incuestionables que han sido reclutadas bajo el oro festivo de San Pedro Apóstol. Porque su gente se toma muy en serio sus responsabilidades, y la feria es un compromiso conjunto de sus habitantes, independientemente de cualquier diferencia entre ellos. Y eso honra y dignifica a toda su comunidad.

    Minutos antes de subirme al escenario, y tras una presentación emotiva y maravillosa de Antonio Rodríguez, pregonero en 2016, y unas acogedoras palabras de su alcalde, Antonio Pérez, pude conocer casi a modo de novatada, que iba a tener el inmenso honor de ser el primer pregonero, en toda la historia de su localidad, que no pertenecía a aquella tierra. Y qué queréis que os explique, pero esa bendita fortuna no me ayudó demasiado a paliar los temblores. Pero ahí queda el dato para su estudio.

    Mi lectura, como no podía ser de otra forma, iba a ser crítica. Un ataque directo y enrabietado a la censura en base a una defensa de las tradiciones y a la libertad de expresión. Ofrecí un texto durísimo, rocoso y sin tabúes. Directo.

     Uno de los fragmentos más aplaudidos fue el siguiente:

    “…En definitiva, si un grupo de poder, ya sean colectivos, asociaciones, o partidos políticos, monopoliza la opinión y el pensamiento, es decir decide que esta tradición de más de 100 años es nociva, y persigue a sus detractores, el pueblo de Coripe; las víctimas no son solamente los perseguidos, no es solo Coripe, sino todos nosotros, toda la sociedad, que perdemos nuestro derecho al pensamiento plural y a la libertad…”

    Hubo ratos para hablar del humor, del chiste, y los ataques que estos, en los últimos años, han sufrido como mártires de una sociedad que ha polarizado la libertad de expresión y la corrección política.

    “…El pensamiento totalitario encuentra en el chiste, en la sátira, un deseo de humillación. Cuando no es así. Condena a la carta y cree que la libertad de expresión es una cuestión ideológica y no un derecho universal. Se equivocan…”

    “…pero nunca olviden, a pesar de todo, que el chiste, la sátira, o cualquier ejemplo similar, tienen una particularidad única. No convierte en mejores personas a quienes no les haya hecho gracia que a quienes sí. Porque si hay algo útil para frenar los totalitarismos, es el humor… ¡Es el humor!”

    Para finalizar recordé a los vecinos de Coripe que, como tanta buena gente, han tenido que coger las maletas para buscar nuevas oportunidades laborales alejadas de sus familiares y amigos. También honré a los seres queridos que ya no están pero su ausencia pesa más que el olvido. Fue un momento verdaderamente entrañable y difícil de explicar.

    “…Y desde aquí, con los labios arrugados hacia arriba, lanzar un beso gigante a todos ellos, en especial, me van a consentir (una vez más), a mis abuelos que siempre viajan conmigo en un pequeño y escondido balcón de mi corazón. Va por ellos y por todas esas almas eternas que hoy, a buen seguro, han descorchado su botella y también han comenzado su feria en los miradores del cielo…”

    No olvidaré aquel viernes, 29 de junio. No lo olvidaré jamás. Es imposible mientras me lata el corazón y corra sangre en mis venas. Coripe ya forma parte de mi vida y mi recuerdo. Su gente me ganó en cada aplauso; con sus gestos de cariño mientras caminaba por sus calles, su acogida; con cada interrupción, que fueron muchísimas. Acabé emocionado con la mirada perdida y los ojos empañados de nostalgia, rendido a un público que terminó de emocionarme cuando se levantó de su asiento entre aplausos para despedirme. Fue increíble, no encuentro palabras.

    Uno de los momentos más dulces e inesperados sucedió al bajarme del escenario. Un señor mayor me esperaba, se acercó titubeante, sonrió, y tendió su mano. Tras estrecharla con la mía, se aproximó un poco más y me susurró al oído:

    “Enhorabuena. Qué cojones tienes. Gracias, muchas gracias por estar hoy aquí y defendernos. Además te voy a decir una cosa: quien no dice palabrotas no dice nunca la verdad”.

    Queridos amigos, porque ya somos amigos, ¿no? Siempre estaré en deuda con ustedes… Gracias una vez más. Gracias siempre. Siempre gracias, Coripe…

    Por cierto, moralistas, hagan caso a mis consejos:

    “Por favor, si quieren cambiar algo, propietarios de la moralidad y defensores de la justicia, cambien la realidad y dejen las fiestas, la sátira, y sobre todo, al pueblo de Coripe, en paz. ¡Viva Coripe!”

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