ENTREVISTA_ Un joven moronense que ha superado el Covid quiere montar una asociación donde más personas curadas puedan encontrar apoyo ante la enfermedad

    Un joven moronense de 32 años, que quiere mantener su anonimato, nos ha contado su experiencia con la enfermedad del Covid-19. Un virus cuyo positivo recibió el pasado el 16 de septiembre y, aunque ya se ha curado, le ha dejado algunas secuelas, tales como un dolor articular que, debido a su intensidad, dificulta su movilidad. Es por eso, y por el hecho de lo que le ha costado que le diagnostiquen tales secuelas, que ha pensado en crear una asociación en nuestra ciudad para personas que, como él, han pasado por el Covid-19 y también han tenido alguna secuela, o que, sin haberla tenido, necesitan de “un sitio donde podamos tener esa contención y esa comprensión que nos pueda faltar en otro lugar”.

    Esto es lo que nos ha contado.

    PREGUNTA: ¿Recuerdas cómo te contagiaste? Cuéntanos cómo fue tu proceso con el Covid-19.

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    RESPUESTA: Sí, me contagié en una cafetería porque la superficie no estaba bien desinfectada y me llevé las manos a los ojos. Recuerdo que me empezaron a picar mucho y se me pusieron rojos.

    Lo primero que sentí, a parte del picor de los ojos, fue un cansancio muy fuerte como si pesase cincuenta kilos más. Como sabía que esto podría ser síntoma Covid me tomé la temperatura y tenía 37,5 de temperatura. Luego me la tomé otra vez y me fue aumentando dos décimas por cada cinco minutos más o menos hasta llegar a 39. Lo siguiente fue tener que tumbarme en la cama, apenas podía estar de pie y tenía un dolor de cabeza muy intenso. Me tomé un ibuprofeno y entonces empezó a bajarme la fiebre.

    Al día siguiente, que fue lunes, llamé a mi centro de salud e informé de que podía tener Covid. Hablé con mi médico de cabecera y me dijo que estuviera un día sin tomar ibuprofeno para ver si la fiebre persistía. Me comentó que me llamaría al día siguiente a primera hora para ver cómo seguía y que si tenía fiebre me mandaría una PCR. Ese día lo pasé muy mal porque, aparte de la fiebre muy alta, me empezó a doler también el cuerpo, y junto con el dolor de cabeza, se hacía insoportable. A la noche no pude más y con la temperatura pasando de los 39 y el dolor intenso me volví a tomar otro ibuprofeno.

    A la mañana siguiente me llamó mi médico a primera hora, le comenté lo que me pasó y me mandó la PCR. Como no tenía vehículo tuve que hacer un gran esfuerzo físico para llegar al sitio donde hacían las pruebas con tres mascarillas y evitar a toda la gente que viese por el camino.

    Me hicieron la prueba un martes por la mañana sobre las 12 horas y el miércoles sobre las 20 horas me llamaron para decirme que había dado positivo, que tenía que aislarme y darle los nombres de todas las personas con las que había estado en contacto desde tres días antes.

    Lo que ocurrió después fue muy rápido. Al día siguiente empecé con tos y picor de garganta. Después vino el dolor torácico, dificultad para respirar, mucosidad en la garganta y afonía. Posteriormente tuve mareo y vértigo. El médico me comentó que de seguir así tendrían que hacerme una radiografía de tórax y que dependiendo de cómo saliese requeriría de hospitalización o no. Al final por suerte no hizo falta el ingreso.

    Recuerdo que lo peor vino en el primer fin de semana porque además de tener todo lo anterior empecé con los vómitos. Apenas podía meter algo en el cuerpo. Pasaron los días y los síntomas fueron desapareciendo hasta llegar al día 16 después de desarrollar el primer síntoma. El médico me comentó que me daría el alta cuando estuviese tres días sin síntomas y así estuve hasta el cuarto día que empecé con un fuerte cansancio y con dificultad para respirar al hacer cualquier esfuerzo físico. Como eran síntomas Covid no me dieron de alta. Al día 23, a base de insistir para que me viese un médico, me hicieron una prueba de antígenos que salió negativa.

    De los síntomas que tenía me dijeron que estaban empezando a ver a pacientes con secuelas y que era todo muy nuevo. Me hicieron una radiografía que salió bien y me mandaron a neumología.

    P: ¿Sentiste alguna vez algún tipo de rechazo o incomprensión por personas cercanas a ti?

    R: Sí. Cuando di positivo, al igual que cuando lo sospechaba, informé a las personas con las que tuve contacto esos días. No todas respondieron de la misma forma. Las que peor respondieron me mandaron una y otra vez WhatsApp, y al ver que no contestaba empezaron a llamarme. Fue una situación muy violenta porque estaba con 39 de fiebre, asustado porque no sabía por dónde iba a ir la enfermedad, preocupado porque alguien de mi familia se hubiese contagiado también y no paraban de escribirme y llamarme una y otra vez.

    Cuando les cogí el teléfono cansado de tanta llamada me volvieron a insistir que no diera sus nombres. Intentaron convencerme de que no estuve con ellos. Me explicaron por qué no quería que lo hiciera y me preguntaron cómo estaba. En los días posteriores me volvieron a llamar para preguntarme como estaba, pero no les respondí. En parte porque por la enfermedad no tenía fuerzas y por otra porque todavía estaba dolido por la primera reacción que tuvieron.

    Después de pasar la enfermedad escuchas conversaciones en el supermercado, en la carnicería, en la frutería, etc. A veces escuchas auténticas barbaridades como que el Covid no existe, que es una gripe o que es un invento para recortar nuestras libertades. Dudan de la fiabilidad de los test, o lo más fuerte que he escuchado hasta ahora, que los que tenemos secuelas no los estamos inventando todo para tener una paga. Si algo me llama la atención de todas estas personas con prejuicios es que todas tienen miedo, porque cuando les dices que has tenido Covid19 todas se echan hacia atrás alejándose lo máximo posible de ti.

    Pasar por todo esto fue duro. Estaba encerrado en mi habitación por miedo a contagiar a alguien de mi familia. Mi forma de comunicación con el exterior cuando tenía fuerzas, que eran pocas veces, fueron el móvil, la televisión y el ordenador y me hicieron más llevadera la enfermedad. No quiero ni imaginarme lo que sentirán las personas que han pasado por planta y UCI al escuchar esas palabras llenas de prejuicios y desconocimiento.

    Puedo entender el miedo y el desconocimiento, pero por favor, traten de entendernos. Ya no podemos contagiar y a día de hoy nuestra donación de sangre salva la vida de muchos enfermos de Covid19 que están en UCI. Sabemos mejor que nadie que el virus existe y que no es un invento y que no es una cuestión de libertades o de meter miedo, es una cuestión de salvar vidas, durante y después de la enfermedad.

    P: La enfermedad se fue, pero te ha dejado secuelas.

    R: Sí. De todas las secuelas que me han podido tocar he tenido mucha suerte. Hay gente muchísimo peor que yo. Las secuelas comenzaron el día 19 después de haber desarrollado el primer síntoma. Lo primero que noté fue que no tenía fuerzas. Cuando subía unas escaleras o una cuesta me ahogaba y sentía presión en el pecho. Muchas veces terminaba teniendo que sentarme porque me ahogaba, me mareaba y momentos después tenía un fuerte dolor de cabeza que iba acompañado de vértigo.

    Casi dos meses después tuve una recaída y pasé poco más de una semana en cama sin poder moverme apenas. A los tres días después de poder levantarme desarrollé un dolor articular que debido a su intensidad dificulta mi movilidad. Le estoy echando ganas y sé que esto terminará probablemente desapareciendo. El problema está en la gente que no ha corrido con mi suerte.

    P: ¿Te ha costado que te diagnostiquen esas secuelas? ¿En qué parte del proceso estás ahora mismo?

    R: Tengo que decir que depende de por quién. A urgencias fui dos veces poco tiempo después de darme de alta por Covid19. En las dos ocasiones me diagnosticaron síndrome de fatiga crónica. Me comentaron que les estaban llegando muchos pacientes que pasaron por el Covid diciendo lo mismo que yo con las mismas palabras. Cuando les pregunté qué cuánto tiempo iba a estar así me dijeron que por lo que estaban viendo meses. La última vez que fui me recomendaron que fuese a mi médico para que me hiciera una analítica completa.

    La atención primaria, por lo menos en mi caso, va un poco por detrás. Mi médico de cabecera no sabía por dónde coger los síntomas, hasta me llegó a decir que “a ver si has cogido el Covid otra vez” haciendo alusión a la segunda recaída que tuve “porque en medicina no hay nada seguro al 100%”. Me hizo una analítica en plena segunda recaída, tenía cosillas, pero nada importante.

    Cuando finalicé la recaída y al desarrollar el dolor en las articulaciones pedí cita con mi médico de cabecera, pero como la tenía para una semana me fui a urgencias. Tuve suerte de que la médica que me tocó pasó por el Covid19 y me miró en profundidad. Me dio un diagnóstico de poliartropatía y poliartritis. Además, me recomendó que fuese a medicina interna para que me estudiarán las posibles secuelas que me pudo dejar el Covid19.

    Pasó la semana y a base de insistir conseguí que mi médico de cabecera me mandase a medicina interna al Valme. En cuestión de un poco más de una semana me llamaron del Valme y me dieron cita de un día para otro. Después de observarme, el especialista me comentó que lo que tengo es síndrome post- COVID-19 (poliartralgias) y que la semana que pasé en cama fue por una recaída en las secuelas que se debe a una respuesta del sistema inmunológico que continúa en alerta. Me dijo que tuviera paciencia que con el tiempo pasaría.

    P: ¿Cómo nace la idea de crear una asociación? ¿Por qué crees que es necesaria?

    R: En momentos de mi enfermedad y ahora que ya la he superado me he sentido solo e incomprendido. Hay que temerle al Covid19, pero no a quien lo ha tenido. Yo hablo con gente que lo ha pasado mucho peor que yo con el Covid19 y les miro y veo miedo en sus ojos. Saben que el virus les ha dejado tan mal que una reinfección les sería letal porque los anticuerpos no son eternos. Además de saber eso tienen que enfrentar situaciones discriminatorias o incomprensibles en su trabajo, entre sus amistades y a veces incluso en su familia. Porque el Covid no es solo una enfermedad también son sus secuelas y las secuelas no todo el mundo las entiende.

    Imaginaros lo que puede suponer para una persona que ha pasado por un hospital por Covid19 lo que es entrar en internet y lo primero que ve es Xovid19, va al supermercado y lo que habla todo el mundo Covid19, el simple hecho de salir y ver la gente con mascarilla supone pensar en Covid19. Yo he tenido mucha suerte, pero he conocido gente a través de grupos de internet que se siente así.

    Existen personas con secuelas que por las mismas tienen que enfrentarse también a prejuicios de otro tipo. Hay a día de hoy gente que no entiende que la ansiedad y la depresión son enfermedades y que por desgracia son síntomas que están aumentando entre las personas que tienen secuelas por Covid19. Hay gente que no entiende que la fatiga crónica es una enfermedad y no un cuento para no hacer nada. Es una enfermedad que limita muchísimo a la persona y que necesita mucho del apoyo familiar.

    Es por eso que se me ocurrió la idea de formar esta asociación en Morón. Para que los que hemos pasado la enfermedad y que tenemos o hayan tenido secuelas tengamos un sitio donde podamos hablar con gente que ha tenido o tiene lo mismo. Un sitio donde podamos tener esa contención y esa comprensión que nos pueda faltar en otro lugar. Un sitio donde podamos unir fuerzas con otras personas que enfrentan o han enfrentado nuestras mismas dificultades derivadas de esta enfermedad, y que podamos tratar de encontrar una solución.

    P: ¿Te gustaría contar en ella con personal especializado (psicólogos) para que apoyen a los pacientes Covid?

    R: Sería lo ideal. Aunque sabiendo cómo están las cosas es difícil. Es más factible formar grupos de autoayuda que vayan en función de las secuelas y preferencias de los miembros de la asociación y cuando sea procedente coordinarnos con quien haga falta.

    P: ¿Y contar con el apoyo de instituciones (ya sean públicas o privadas)?

    R: Sería también lo ideal. Cuanta más ayuda mejor. Pero habría que hacer un inciso en una cosa. Cada quién tiene su ideología y su forma de pensar sobre cómo se está gestionando la pandemia y puede estar de acuerdo o no. La idea es formar una asociación para ayudar a sus miembros a pasar por este difícil proceso mediante diferentes actividades no criticar o alabar políticas determinadas de cada partido.

    P: Qué le dirías a aquellas personas que aún niegan el Covid-19.

    R: Creo que hay personas que niegan el Covid19 y otras igualmente peligrosas que niegan la vacuna.

    Hoy en día vivimos en un mundo globalizado e hiperconectado. Es fácil en momentos de mucho miedo y estrés dejarse llevar por una noticia conspiratoria. Precisamente porque esas noticias están diseñadas por expertos en la manipulación que aprovechan tus instintos más primitivos para manipularte. La conspiración es otro mercado más dentro de la industria de internet. Normalmente las mentiras que divulgan no producen un daño sustancial, la mayoría suele ser de índole política o económica. El problema es cuando estas mentiras afectan a la salud de la gente. Todos hemos visto el bulo de los antis mascarillas y como un movimiento que hasta hace poco era minoritario está cogiendo fuerza, los antivacunas.

    Las vacunas se prueban y tienen cuatro fases por algo y tienen que pasar por la Agencia Europea de Medicamentos para distribuirse. No se va a poner en circulación una vacuna que ponga en peligro la vida de la gente, es incomprensible. Lo más peligroso de esto es que se estima que para que la población sea inmune tenga que estar vacunada entre el 60 o el 70 por ciento de la población y algunos hablan del 90%. Por eso es importante que la gente no caiga en las noticias falsas de esta industria.

    En cuanto a los negacionistas del Covid19. Si no se lo creen que se pasen por los hospitales para verlo. La semana pasada cuando fui al hospital del Valme me quedé anonadado con lo que vi. La situación está muy mal como para a estas alturas negar lo evidente.

    P: ¿Qué le dirías a los jóvenes que, por el hecho de serlo, piensan que ‘no se van a infectar’?

    R: Pues sé que es difícil. La sociedad les está pidiendo a los más jóvenes que no lo sean y les ha tocado serlo en el momento más difícil que hemos vivido en décadas. Pero por desgracia el ser joven no te hace inmune a la enfermedad. De hecho, el otro día que estuve en urgencias vi pasar delante mía a un niño de 10 años que trajeron en la ambulancia con un tubo metido por la nariz que le daba oxígeno.

    Si se miran las estadísticas la tasa de contagio de 10 a 19 años y de 20 a 29 años casi triplican la tasa de la tercera edad. Está segunda ola se está cebando con los más jóvenes por la vuelta a los colegios, institutos y universidades. Pero la cosa va más allá, cada vez van apareciendo más jóvenes con secuelas de larga duración y que los limitarán por el resto de sus días. Puede sonaros a lo que nos decían de pequeños, que si nos portamos mal vendrá el coco y nos comerá, pero con una diferencia bastante grande, esta vez el coco es muy real.

    P: Algún mensaje que te gustaría trasladar a la población tras tu experiencia.

    R: Qué se cuiden porque el virus está ahí. Todavía no se sabe mucho del virus así que cuanto más tarden en cogerlo, lo que los cojan, menor riesgo tendrán para sus vidas. No es ninguna tontería. Cuídense para cuidar a los demás.

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