ENTREVISTA, Moroneando sobre… “Sociedades alternativas, con Óscar García Jurado”, por J.D. Vidal Gallardo

0
1
El economista moronense, Óscar García Jurado
moroninfo-mar17

*En entrevistas y reflexiones anteriores: https://moroninformacion.es/entrevista-moroneando-sobre-lunares-y-volantes-con-susana-navarro-pilares-parte-ii-por-j-d-vidal-gallardo/


Sociedades y economías alternativas. Conocer las dinámicas financieras que actualmente predominan. Otras posibilidades de ser, estar y hacer desde lo colectivo. Entender que la política es cosa de todos, que la hacemos a diario, que es mucho más que lo que vemos a través de los medios y que no tiene por qué ser algo inútil o aborrecedor. La importancia de los entornos sostenibles. Conocer las múltiples opciones colaborativas que los vecinos de un territorio tienen para, unidos, influir en la marcha de las decisiones tomadas en ese enclave. Crecer desde iniciativas, movimientos y proyectos comunitarios y transformadores… Acerca de todo esto reflexionaremos a partir de hoy, de forma clara, dinámica y divulgativa, y a lo largo del próximo mes, con Óscar García Jurado, otro moronero cuyo campo de pensamiento y acción va dejando sus semillas allende nuestras fronteras.

De la generación del 72, el protagonista de este Moroneando siempre ha vivido en nuestro pueblo (actualmente en La Lahiz, cerca del municipio), “salvo en los años de estudiante, que lo hice en Sevilla”. Los Palomitos y el Paseo de la Talega lo vieron crecer, con Los Grupos hizo sus pinitos en fútbol y con el club de frontenis Morón 85 los hizo en frontón. De su época de juventud recuerda “divertirse charlando horas y horas, tomando litros, y yendo de pueblo en pueblo acompañado de un grupo de buenos amigos; así hasta que los controles de alcoholemia de la Guardia Civil nos hicieron ‘romper’ vínculos con los pueblos vecinos”. Y es Morón también donde afirma haber aprendido lo que es la política, “en el Centro Social Okupado Julio Vélez y en la Asamblea Moronera Alternativa (AMA-Morón)”.

moroninfo-mar17

Como economista, sus estudios se centran en las economías de los pueblos y territorios concretos, es decir, está especializado en economía territorial, empleo y economías sociales, “así como en la búsqueda de alternativas de economía cooperativa y transformadora”. Ha sido investigador en el Instituto de Desarrollo Regional de Universidad de Sevilla (2002-2010), y ejerció como profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla en el departamento de Economía, Métodos Cuantitativos e Historia Económica (2010-2016), pero dejó las aulas “cuando me sentí como el muñeco de un ventrílocuo”. Fue también en 2016 cuando obtuvo el doctorado en economía territorial con un trabajo sobre el Desarrollo Local de Andalucía.

¿Quieren más? Óscar ha sido socio fundador y de trabajo de Autonomía Sur, cooperativa con sede en Sevilla; actualmente es socio trabajador en Talaios Kooperatiba, con sede en Rentería (Guipúzcoa); es autor del blog https://esparragosytagarninas.wordpress.com/, en el que además de sus artículos podemos seguir sus intervenciones en Flamencomanía, de Radio Grazalema (con muchos de esos textos y con diferentes amigos intervendrá el próximo verano, virus mediante, en Voces del Extremo, festival de poesía organizado por Antonio Orihuela); también colabora con las cooperativas SATcoopera o Coop57 Andalucía; imparte cursos y formaciones sobre temáticas relacionadas con la economía social y solidaria, economía territorial o empleo y renta básica; escribe y forma parte del Consejo Editorial de Portal del Andalucía; ha publicado y participado en libros como El capitalismo en carne y hueso, Aproximación a la economía crítica para entender y actuar, Catálogo de políticas miserables, Informes Sur, ¿Qué es la Renta Básica de las iguales, Vivir donde quieras. Del PER a la Renta Básica en el medio rural andaluz o Soberanías. Una propuesta contra el capitalismo; y, junto con todo ello, es un gran divulgador (*dato que no resulta baladí, porque la divulgación es, en nuestros días, una cualidad de inmensa relevancia, sea en el campo que sea).

Óscar, ¿dejo algo en el tintero? “Que me gustaría morir en Morón, que ese día no me lleven a ninguna iglesia, y que los colegas-compañeros echen mis cenizas en el olivar de La Lahiz y, si tienen ganas, reciten versos de Julio Vélez y Antonio Orihuela. Eso sí, que eso pase dentro de muchos muchos muchos muchos años”. Dicho queda. Y, ahora sí, ¡vamos allá!

La primera parte de la entrevista reflexionará sobre una de sus obras más interesantes: El capitalismo en carne y hueso. Las aceituneras de Morón de la Frontera (2009. Ed. Planta Baja, Zambra y Baladre), libro de conexión muy especial con nuestro pueblo, por muchas razones. “Aliñar”, “partir”, “deshuesar”… De todo eso habrá en estas líneas, así como de mujeres que trabajaron lo más grande en dicha industria, voces que merecen ser escuchadas y que fueron las grandes protagonistas del ascenso de nuestro principal motor económico a mitad del pasado siglo. La crítica explicativa del funcionamiento de una parte del sistema económico irá de la mano de un particular y humilde homenaje a nuestras aceituneras y, en general, a todas esas mujeres y hombres que tanto trabajaron sin la protección legal conveniente en muchas ocasiones, o sin el reconocimiento social merecido en otras.

Libro El capitalismo en carne y hueso

J. D. Óscar, la dedicatoria del libro es para “las no nombradas, las no recordadas, las inexistentes; las que no tienen empleo pero trabajan más que nadie; las mujeres aceituneras de Morón de la Frontera”. Su significado y valor me llevan a pensar en muchos de los personajes explicados y homenajeados por José Luis Sampedro, o en los imprescindibles de Bertolt Brecht, o en las almas valientes de Virginia Stephen (Woolf), o en los nadies a los que tantas veces escribió, recitó, rescató y admiró Eduardo Galeano…

Óscar: Es la dedicatoria que sentía que debía hacer. A lo largo de muchos meses, con la ayuda de Juan Ulecia y Carlos Fernández, realizamos entrevistas a mujeres de diversas edades que habían trabajado y/o trabajaban aún en las fábricas. Lo que aprendimos, sentimos, conocimos en aquellas entrevistas ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. No exagero. Reímos, lloramos, aprendimos… Desde luego, las mujeres y hombres de nuestro pueblo que han dedicado su sacrificio y dignidad a las faenas aceituneras no han sido, a día de hoy, homenajeadas/os como merecen. Nunca las personas de clase trabajadora son homenajeadas como merecen, ni en Morón ni en casi ningún sitio. Mientras el poder lo tengan otras personas, otras clases, otros grupos, los homenajes mirarán hacia otros lados (máxime en una tierra como Andalucía, donde incluso a la Duquesa de Alba se le concedió una medalla al mérito al trabajo…). Así que, en definitiva, la dedicatoria de ese libro no podía ser otra.

J. D. Nos centraremos más adelante en la relación entre la industria aceitunera y el entorno, el medio ambiente, pero, por ahora, y engarzando con lo educativo: ¿Tendría que enseñarse en las aulas, desde los primeros ciclos del colegio y también en institutos, una conciencia sobre el impacto que el desarrollo de industrias concretas tienen en las gentes, condiciones y entorno de ese lugar?

Óscar: Me parece que la lejanía con el medio local es un grave déficit del sistema educativo actual. Al alumnado de primaria y secundaria se le pregunta dónde nace el río Nilo, pero ni el profesor sabe dónde nace el Guadaíra. En nuestro pueblo apenas se conoce la relevancia que tiene la industria local de la aceituna de mesa. Apenas se conoce nuestro término municipal. Pasa en Morón y pasa en otros muchos pueblos y ciudades andaluzas. Creo que es fundamental enseñar geografía, historia, economía y otras materias de ese ámbito desde lo local, desde lo más próximo, porque verdaderamente el conocimiento de lo más próximo te hace quererlo más, cuidarlo más, y, por tanto, ser mejor persona y mejor ciudadano.

J. D. De manera aún general, ¿en qué medida el desarrollo de la industria de la aceituna de mesa en Morón ha ido de la mano (o no) con la defensa de los derechos laborales/sindicales de sus trabajadores, el fomento de una sociedad más justa o el respeto por el medio ambiente de nuestro municipio?

Óscar: El desarrollo de esta industria en Morón ha tenido como objetivo esencial la maximización de los beneficios empresariales. A partir de ahí, y en función de la época histórica, de la fuerza de los grupos sindicales u obreros o del contexto socio-político, el principal objetivo empresarial se debe modular más o menos a mejorar la vida de la gente que trabaja en esas fábricas. Eso ocurre en esta industria y en cualquiera otra. En nuestro caso, y mirando los más de cien años de historia de la industria aceitunera en Morón, ha habido demasiada carne para muy pocos, y mucho hueso para muchas personas.

J. D. Personal y maquinaria, dicotomía no siempre es ‘amistosa’ en el sector productivo laboral. Morón, industria aceitunera, 1970: unas 2.000 personas empleadas; principios del S. XXI: unas 1.000. ¿Hoy…?

Óscar: Desconozco los datos exactos hoy, pero no creo que haya más empleo actualmente. El objetivo de maximizar beneficios provoca que los ‘recursos humanos’ (tal y como con entendidos por el sistema) sean considerados algo a utilizar lo menos posible. Las empresas no están para dar empleo, sino para utilizarlo en ganar dinero, y cuanto menos (empleo) utilicen, más productivas y competitivas son. Por tanto, en la medida que la industria aceitunera local ha ganado en competitividad y productividad, lo normal es que no haya aumentado el nivel de empleo generado. Además, en los últimos años algunas empresas pequeñas y medianas del sector han desaparecido, al tiempo que las dos grandes se han afianzado tanto en el sector local como a nivel mundial.

J. D. Explicas en esta obra la dinámica que llevó a cientos de moronenses a perder gradualmente sus trabajos a medida que las fábricas introdujeron avances tecnológicos, generando (estos) mayores beneficios para las directivas y no necesariamente mejores condiciones para quienes mantenían el empleo. ¿Tiene límites la sustitución de la mano de obra por la ‘mano robotizada’ (que genera más dinero, no protesta y todo lo acata)?

Óscar: La robotización y hasta dónde llegará la sustitución de las personas por las máquinas es un temazo. Todo tiene un límite, lógicamente, y trabajo asalariado seguirá habiendo mientras haya capitalismo, ya que es uno de sus elementos esenciales. En la industria, en el sector secundario, seguirá habiendo sustitución de máquina-capital por personas-trabajo, lo cual no quita que se esté generando en el sector servicios, y que actividades que antes no estaban mercantilizadas (trabajo de cuidados domésticos, reproductivos…) hoy sí lo estén. Yo creo que las máquinas deben realizar el esfuerzo por las personas. Ahora bien, el uso de las máquinas siempre debería de estar al servicio de la mejora de la vida de la gente, de toda, no solo de aquellas que poseen capital y son sus propietarias. Si esto no cambia, la robotización no servirá para facilitar nuestras vidas, sino para generar más ganancias a un número cada vez menor de personas privilegiadas. Es necesario cambiar esa proyección, y, como casi todo, se puede hacer.

J. D. La estacionalidad (y la escasa calidad de las condiciones de los empleos) ligada a los puestos ocupados por mujeres en la industria aceitunera aruncitana durante décadas. ¿En qué medida se ha avanzado en ese aspecto?

Óscar: Las condiciones y la calidad del empleo no han mejorado. Es más, hoy hasta las personas que se dicen que están fijas tienen un contrato que con muy poco dinero pueden ser rotos por la parte empleadora. Es decir, tras las diversas reformas laborales realizadas por PSOE y PP, las personas con empleo tienen cada vez menos derechos y son consideradas cada vez más como recursos o mercancías que se pueden usar o dejar de usar de modo “flexible”, como se dice en el argot empresarial.

J. D. Pones el foco en la economía territorial: ¿Cómo la resumirías (tanto la idea en sí como su vínculo con el progreso humano y social de familias, colectivos y entornos)?

Óscar: Cuando acabé la carrera de economía yo sentía que me había equivocado. Mi idea al comenzar esos estudios era conocer esencialmente de qué come la gente de mi pueblo. A esa pregunta debe responder la economía territorial, y eso es a lo que afortunadamente me dediqué cuando comencé con los cursos de doctorado, tras terminar la licenciatura. Y claro, el vínculo con el progreso humano y social de un colectivo es más que evidente, pues al acercarte a un territorio concreto puedes analizar verdaderamente cómo se genera, apropia y reparte la riqueza generada. Y esa es la cuestión: ver de qué come la gente de nuestros barrios, pueblos y territorios está directamente relacionado con cómo se reparte la riqueza y con los impactos de esa actividad económica en la vida, ya sea o no humana.

J. D. ¿Conocer las economías locales ayuda a entender las globales, o el sentido es más lógico a la inversa? Más concretamente, ¿podemos entender lo que pasa en los sistemas sociales-financieros de otros lugares a partir de, por ejemplo, lo que conocemos de las dinámicas dadas en Morón y comarca?

Óscar: Una vez tuve un alumno (que posteriormente trabajó conmigo) que contaba que en su clase me llamaban el “profesor aceituno”. Me merecía el mote porque a partir de la economía moronera y la industria de la aceituna les explicaba multitud de conceptos de teoría económica, economía aplicada, etc. Yo creo que la gente sabría más de economía si se acercara a su estudio y conocimiento desde lo cercano. Como pasa en todo. Lo que ocurre es que no hay mucho interés en que la gente sepa de economía. La información es poder, y la información económica es doble poder. Así puede uno explicarse por qué la economía parece tan difícil.

J. D. Calificas “de autoría colectiva” tu libro, el cual afirmas que pudiste hacer “gracias al conjunto de saberes y conocimientos colectivos” transmitidos para no perderse. Poner en valor lo colectivo y comunitario en una época en la que tanto pesa el individualismo y el afán por destacar… Además de lo que conllevó la fase de investigación, ¿cuánto de mágico tuvo escuchar las voces veteranas y experimentadas de las aceituneras que se prestaron a contarte sus historias?

Óscar: La investigación, el libro e incluso la tesis doctoral no tienen apenas valor en comparación con el privilegio de vivir lo que vivimos en aquellas entrevistas. Creo que parte del callejón sin salida en el que estamos es creernos que podemos ser unos Robinson Crusoe, que es posible vivir solos, que las cosas se hacen individualmente, que todo es apropiable por una persona y que se puede excluir al resto… Al contrario, creo que ante el escenario actual hemos de reivindicar más que nunca lo común, lo colectivo, lo comunitario. “Solo no puedes, con amigos sí”, de la Bola de Cristal, es un lema que siempre me ha guiado.

J. D. Aportas cifras (globales y concretas) que hablan por sí solas: a principios del presente siglo, 10 millones de aceitunas eran producidas al año, de las cuales 9 se destinaban al aceite de oliva y 1 a la aceituna de mesa. Más allá de los datos, ¿cómo se traducen estos en el peso real que Andalucía (o Morón, concretamente) tienen luego en los lugares donde se deciden las condiciones comerciales internacionales del producto?

Óscar: El aceite es bastante más relevante que la aceituna de mesa. También se han seguido unas estrategias de valorización del producto que en mi opinión han sido bastante más inteligentes que lo que ha ocurrido con la aceituna de mesa. No obstante, creo que empresarios de Morón tienen mucho poder en despachos de Sevilla e incluso Madrid.

J. D. ¿Cómo sobrevive hoy una pequeña o mediana empresa aceitunera de Morón si se resiste a ser subcontratada por ‘una de las grandes’?

Óscar: Eso es muy difícil. La única salida que le queda es trabajar la calidad del producto e intentar líneas de comercialización propias capaces de valorizar dicho producto. En toda la industria agroalimentaria, y en otros sectores industriales, el control de las grandes cadenas de distribución provoca que las pequeñas empresas apenas puedan acceder a los mercados y, por tanto, el camino que les queda es la subcontratación.

J. D. ¿Sigue el mercado estadounidense controlando hoy los precios y márgenes de beneficios de productores/distribuidores de nuestra aceituna en la medida en que lo hacía en los años 60 o 70?

Óscar durante una de sus ponencias

Óscar: Creo que sí. De hecho, se puede ver el impacto que tuvieron las restricciones comerciales que impuso la administración Trump.

J. D. Cuando en esos años 60 Morón acrecentaba su protagonismo internacional a través de la estrategia internacional de Ángel Camacho mediante IESA, o del crecimiento de la Cooperativa Agropecuaria y Caja Rural Nto. P. J. de la Cañada, etc., ¿era consciente la población aruncitana de lo que todo ello suponía? ¿Llegaba a las calles esa información?

Óscar: No lo creo, porque hoy, en la sociedad de la información en la que vivimos, tampoco se tiene demasiada información sobre la relevancia que Ángel Camacho y Aceitunas Guadalquivir tienen en la industria de la aceituna mundial.

J. D. Hablando de cooperativas: tengo la sensación de que está volviendo a crecer el diálogo y el conocimiento acerca de lo que significan y de sus posibilidades, a pesar de vivir en un mundo en el que la economía de mercado, las grandes corporaciones y el capital parecen controlarlo todo. ¿Estoy en lo cierto o me puede la utopía?

Óscar: Hay muchos territorios en los que sí está pasando eso que comentas: las cooperativas entendidas como comunidades de trabajo donde prima el reparto y la democracia. No son pocos los empleos que se están generando a través de la economía social, ya sea mediante cooperativas de trabajo u otro tipo de alternativas empresariales donde el capital se subordina al trabajo.

J. D. Ellas, de nuevo. Explicas en tu obra la división del trabajo en función del tipo y responsabilidades del rol ejercido en una fábrica, y vemos que mientras la abrumadora mayoría de puestos de empresarios/dueños, personal de oficina/comerciales/de laboratorio, encargados/maestros y toneleros/faeneros eran ocupados por hombres, la casi totalidad de aceituneras eran mujeres (relleno, escogido y deshuesado), siendo estas el 80/90% del total de las plantillas y dándose unas diferencias brutales en las condiciones laborales de unos y otras. Las repercusiones sociológicas de dichos datos completan el cuadro. ¿Se han corregido esas lógicas como cabría esperar?

Óscar: Actuales directivos de las grandes empresas son gente de clase humilde. Eso no pasaba antes. No obstante, la clase social, el poder económico familiar, está muy presente en los cargos de cualquier empresa grande, no solo en las aceituneras. Esto nos lleva más a un debate de cómo la clase social sigue siendo un factor esencial para explicar la vida de la gente. Para mí no cabe duda. En cualquier análisis socio-económico la clase social es un factor esencial, si no el principal.

J. D. ¿Qué crees que pensarían algunas de las aceituneras a las que entrevistaste si escuchase en pleno 2020 eso de “tareas o faenas propias de mujeres”, como a ellas les decían con no muy buenas intenciones?

Óscar: Pues se lo tomarían como algo ‘normal’ porque hoy se dice eso en demasiadas partes. La discriminación por razón de género sigue existiendo, aquí y fuera de aquí.

J. D. Por cierto, y a modo de información de servicio público: ¿Se ha avanzado en dar solución a la situación de aquellas mujeres que no reciben hoy prestación o subsidio alguno debido a que apenas cotizaron (no les hacían contrato o no les contabilizaban todos los días que curraban) cuanto trabajaron? ¿Puede tramitarse hoy algo al respecto? Y misma cuestión acerca del reconocimiento de enfermedades o lesiones propias de las labores del sector.

Óscar: No tengo noticias de ello. Sí tengo alguna información de una familia que lo está pasando realmente mal para que se le reconozcan los derechos a una trabajadora de los años 60. A partir de ahí, no conozco ninguna acción colectiva, sindical o social para mejorar el problema de estas mujeres. Si la hay, la desconozco.

J. D. ¿Recibieron esas mujeres si en algún momento asesoría alguna -cuando trabajaban en las fábricas de aceituna- sobre cuestiones como vacaciones, permisos retribuidos, derechos, tipos de contrato…?

Óscar: Ya en los años 70 y 80 sí estaban organizadas, unas más que otras, y asesoradas por sindicatos. Con anterioridad, la situación era de abandono absoluto.

J. D. ¿Cómo se le quedan a uno las entrañas cuando la entrevistada dice que “había que echar el día como fuera” (acerca de las condiciones climáticas en las que trabajaban), que “la alternativa era limpiar las casas de familias pudientes; no había muchas más salidas”, o que tenían que aguantar escuchar aquello de “fabricantas”, “camacheras” o “son aceituneras porque no saben llevar su casa”?

Óscar: Pues como ahora cuando piensas en las condiciones de trabajo y vida de muchas personas en los invernaderos de la costa de Huelva o Almería. O en los dolores que sufren muchas de quienes trabajan “en los pavos”, o en otros muchos lugares. Hoy no hay que irse muy lejos para ver el sufrimiento que muchas personas padecen a cambio de un salario.

J. D. Emociona leer los testimonios de quienes relatan cómo fueron sus primeras sensaciones al tomar conciencia de la libertad personal, de pensamiento o sentimental (vital, diríamos) que experimentaron al comenzar a trabajar y ver que podían administrar sus propias decisiones…

Óscar: Emociona mucho. Uno comienza a hacer un trabajo de economía en gran medida mediatizado por lo que te enseñan en la facultad. Es decir, que la economía son números, cálculos… Y en estas entrevistas pudimos ver cómo verdaderamente la economía la hacen las personas, la sufren y disfrutan las personas. Por eso, durante el transcurso de este trabajo decidí dar cursos de sociología, para tener herramientas nuevas para analizar discursos y poder sacar el máximo provecho a la información que me suministraban. Bueno, y por eso estuve unos años alejado de la posibilidad de sacar el doctorado de economía, porque el planteamiento del trabajo se alejó de lo económicamente convencional. Nosotros al final entendimos que para conocer lo que ocurrió en la industria de la aceituna de Morón era igual o más importante hablar con las trabajadoras que realizar cuestionarios o análisis cuantitativos meramente economicistas.

J. D. ¿Ha asimilado este pueblo que “sin las mujeres de Morón, no habría existido la industria aceitunera” que ha llegado a darse, como dices en tu libro?

Óscar: No lo creo. Aquí, y en casi toda Andalucía, los héroes sociales continúan siendo los empresarios, ahora denominados emprendedores. Las mujeres trabajadoras deben casi asumir el papel de agraciadas por tener un trabajo asalariado (el trabajo de las casas no cuenta, nunca cuenta…).

J. D. Llegada la democracia, ¿cuánto tardó la negociación colectiva en ocuparse de las condiciones de estas mujeres? Por ejemplo, ¿pudieron los convenios colectivos del sector tratar la gran cantidad de despidos improcedentes o nulos (empleando terminología actual) que se dieron en los años anteriores, o al ‘ser cosa del pasado’ no se pudo hacer nada al respecto?

Óscar: La democracia mejoró la situación, pero lo que realmente lo hizo fue la organización de las personas trabajadoras. En la medida que hubo esa organización, se mejoraron los convenios y condiciones laborales. Si, como ahora, la organización se debilita, las condiciones vuelven a empeorar y ‘hay que estar agradecido por tener un empleo’, por precario que sea.

J. D. Mencionas también amagos de huelgas por parte de aceituneras estando todavía en años (finales) de la dictadura. Eso es de tener mucho valor, mucho compromiso, mucha dignidad…

Óscar: O nada que perder. O mucho dolor. Este tipo de acciones se hacen a la desesperada, sin apenas pensar en lo que puedes perder, que siempre hay algo. Como la emigración. Las clases obreras de nuestros pueblos y de la Andalucía rural siempre han tenido la emigración como último reducto al que acudir cuando no podían soportar más. Pero eso era abandonar tu familia, tu gente… Lo que tanta gente de Morón y de otros países ha hecho y está haciendo ahora mismo. Dejar “tu lugar en el mundo” por causas económicas es algo extremadamente duro. Un libro en el que participé hace 15 años sobre la renta básica en Andalucía y Extremadura titulado Vivir donde quieras reflejaba eso mismo, el intentar establecer herramientas económicas para que la gente sea libre de vivir donde quiera, y no donde quiera el capital.

J. D. En un momento dado, explicas sin ambages las razones que llevan a las fábricas a preferir contratar a “aceituneras jóvenes” antes que a otras “más experimentadas”. ¿Hay manera de regular el tipo de prácticas que hay detrás de ese proceder?

Óscar: Vivimos en una economía capitalista. El capital organiza la producción para obtener beneficios. Las personas son denominadas hoy “recursos humanos”. Siempre hay normas que hacen que finalmente no se pueda utilizar un recurso humano como un martillo, pero en la medida en que las organizaciones sindicales se debilitan, estas normas van desapareciendo.

J. D. Hay imágenes que valen más que mil palabras, y eso en tu libro se aprecia al leer a T. R., de 75 años (en 2009), relatando el episodio del día en que se arrió agua en su colegio…

Óscar: Ese día lloramos…

J. D. Cambiamos de tema. Nombres concretos: ¿Tienen hoy las grandes empresas del sector (Camacho, Aceitunas Guadalquivir, IESA) junto con la Cooperativa Agropecuaria Jesús de la Cañada acotado el mercado aceitunero de Morón y comarca?

Óscar: La cooperativa ya no es un agente fundamental del sector. Ahora lo son solo Camacho y Escalante. Los dos grandes imponen a las demás precios, condiciones, etc., y no solo a las demás de Morón, sino de la industria andaluza, me atrevería a decir.

J. D. ¿Se centran las pymes moronenses en proveer de aceite y aceituna al cliente local y las grandes empresas ‘se encargan de’ los importadores internacionales? ¿O se entrecruzan también las estrategias?

Óscar: El aceite va por un lado y la aceituna va por otro. Una pyme de la aceituna de mesa tiene muy difícil acceder al consumidor final. Casi siempre debe vender a la gran empresa y formar parte de las labores menos rentables de la cadena de valor.

J. D. ¿Es una cooperativa la mejor opción para un olivicultor?

Óscar: Durante los 50 últimos años ha sido una buena opción pues se han mantenido e incluso crecido. Ahora bien, cada olivicultor tiene su propia estrategia y en muchos casos compagina el llevar fruto a la cooperativa, vender fuera e incluso moler para aceite de consumo propio o venta fuera de los canales oficiales. Pero sí es cierto que las cooperativas con origen en tiempos del régimen de Franco han sido una buena herramienta para los olivicultores de la zona.

J. D. Cuán delicada es la relación entre olivicultores y agentes industriales (o comisionistas o intermediarios)…

Óscar: Como cualquier relación en el marco de la economía capitalista: asumir el poder que tienes (en función de la escasez de lo que ofreces) y sacar el máximo provecho, sin pensar demasiado en cómo le va a la otra parte.

J. D. Más allá de lo que teorizan las leyes comerciales, la pieza fundamental que determina el precio final de la venta de aceituna de mesa es…

Óscar: ¡Eso da para una tesis doctoral! Al final, el precio de un producto como la aceituna depende en gran medida de la escasez que haya del mismo. Si tienes mucha, el precio será bajo; si tienes poca, el precio será alto. El agua en Alaska no tiene valor, pero en el Sáhara está por las nubes… Pero además de eso, los mercados agroalimentarios de hoy en día son más complejos, hay agentes especuladores relevantes, poderes oligopolísticos, normativas estatales, europeas, y otros muchos factores.

J. D. Efectos de la deslocalización de los centros de trabajo. A grandes rasgos: A) Cuando todo el trabajo (de una empresa) se produce en la misma fábrica se dan más internalización / mayor unidad entre empleados / condiciones y salarios ‘más iguales’ y acordes a la labor que se realiza / acción sindical más potente / mayor conocimiento de los derechos / etc. B) Cuando el trabajo se descentraliza en diferentes sedes: más externalización o subcontratación / empleados menos unidos / condiciones y salarios diferentes aun tratándose de faenas similares / comités de empresas más débiles / menor negociación… ¿En qué momento de, por ejemplo, las etapas de formación y estudios sería conveniente explicar esto a los más jóvenes para ellos/as poder saber lo que es o no es ‘normal’ en el mercado laboral del que luego formarán parte?

Óscar: Las estrategias de subcontratación, descentralización o externalización son básicas para entender la economía capitalista en las últimas décadas. La deslocalización industrial a países con bajos controles sociales y medioambientales explican claramente el auge de Trump hace cuatro años, por ejemplo. Mientras escribo esto, parece ser que Trump ha perdido (las elecciones de su país), pero el trumpismo, no lo creo. Yo empezaría a explicar economía al mismo tiempo que se imparte historia. Y lógicamente, la explicaría no desde la perspectiva de economía de la empresa, que es lo que ocurre hoy día en Bachillerato, sino como la disciplina que sirve para satisfacer las necesidades de las personas, no de las empresas.

J. D. ¿Es la industria aceitunera terreno poco proclive a los contratos indefinidos?

Óscar: Hoy nada es proclive a contratos con derechos laborales. Es contradictorio, pero las reformas laborales han facilitado la contratación indefinida pues le han quitado derechos a las personas con ese tipo de contratos. Si se sigue así, tener un contrato indefinido será igual que la situación en la que se encontraban las y los jornaleros en las plazas de los pueblos hace unas décadas: hoy trabajas, mañana no, y no habrá ningún tipo de derecho asociado al despido.

J. D. Encaramos ya la parte final: el impacto medioambiental de la industria aceitunera. ¿En qué medida se están cumpliendo actualmente las medidas para proteger el entorno natural? Es decir, y también de manera más global, ¿crees que el ‘actual Capital’ es indiferente a la degradación del ecosistema? ¿O consideras que ha entendido que, de seguir siéndolo, también acabará devorado por sus consecuencias?

Óscar: Repito, lo prioritario para las fábricas es ganar dinero. Si para ganar dinero tienen que cumplir la normativa medioambiental, la cumplirán. Si pueden dejar de cumplirla y así ganan más dinero, lo harán. Todo se subordina a maximizar las ganancias. La cuestión es si cumplir la ley les supone costes o beneficios. Es decir, si incumplirla supone multas menores que los beneficios que obtienen con el incumplimiento, lo harán. Si incumplir la normativa medioambiental les puede llevar a pérdidas cuantiosas, pondrán remedios y no dañarán el entorno natural. Cada empresa a nivel individual tiene la máxima de maximizar beneficios. Punto. Lo que le pase al Guadaíra o al Ártico no entra dentro de las decisiones de este tipo. En la medida que mejores las cuentas tomarán unas medidas u otras. Lógicamente, si arrestan a alguien y duerme en un calabozo, la cosa varía. Si la depuradora financiada por la UE deja de depurar al primer vertido de las aceitunas, la cosa varía. Al final, es el marco jurídico el que determinará el grado de respeto medioambiental de las empresas capitalistas.

J. D. Cortoplacismo, voracidad, consumo desmesurado, producción sin control, ‘todo sea por el beneficio’… Conceptos ligados a la macro-economía corporativista, aunque en muchas ocasiones todo ello conlleve arramplar con recursos medioambientales o prácticas sostenibles. ¿En qué medida se ha producido eso en nuestro pueblo?

Óscar: La industria aceitunera de Morón es un ejemplo de falta de control medioambiental e incluso de obtención de ventajas competitivas a raíz de esta falta de control. Es decir, han producido a precios más bajos gracias a los vertidos al río Guadaíra. Así de claro.

J. D. Entiendo que, precisamente por la experiencia acumulada tras todos los casos de mala praxis (como los recogidos en tu libro), la industria habrá mejorado en la última década su relación con la protección del entorno natural…

Óscar: Lo que dio mejores resultados fue asumir que un vertido podía llevar a un empresario a la cárcel.

J. D. Llegamos al final. Hay dos ideas en el libro que ha generado esta primera parte de la entrevista que, a modo de conclusión, considero que destacan en sus líneas: “Socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias” y “La carne para los aceituneros y los huesos para los demás”. Además de reflexionar el lector acerca de todo lo que atañen los significados de esas dos ideas, ¿cuánto hay de denuncia en ellas?

Óscar: Todo y nada. Es decir, son conclusiones derivadas de un estudio que finalmente fue una tesis doctoral. Por tanto, si se considera una denuncia en el sentido de que es un alegato sin fundamento, pues nada. Pero si se considera que es una denuncia o un grito basado en muchas horas de estudio y análisis, pues todo. A día de hoy, nadie ha contradicho todo eso que expuse en 2009, o la tesis doctoral, que la leí en 2016.

J. D. Si nos está leyendo alguien ilusionado/a con dedicarse al mundo de la aceituna de mesa en Morón, tu consejo para empezar con buen pie sería…

Óscar: Pensar en hacer un producto de calidad, parecido a lo que nos comemos de forma artesanal en septiembre. Pensar en hacer algo de calidad, y no en el dinero que va a ganar en el primer año.

J. D. Finalmente, no podíamos acabar hoy de otra manera: ¿Qué querrías transmitirles a todas esas mujeres que, a pesar de las condiciones en que trabajaron, tanto significaron para el crecimiento del sector de la aceituna de nuestro pueblo?

Óscar: Por encima de todo, mi más profundo agradecimiento.

   Seguramente, a muchos de quienes estén leyendo esta Parte I de Sociedades alternativas les habrá venido a la mente su madre, una abuela o alguna de sus hermanas o tías. Madres, hermanas, tías o abuelas que han sido esenciales para el valor que la aceituna de mesa moronense tiene ahora en el mundo entero. Mujeres que, en muchos casos, tejieron entre ellas amistades que han pervivido con el paso de las décadas. Y mujeres que, además de cuanto sus faenas implicaban en esas fábricas, tenían que llevar por delante la práctica totalidad de las tareas caseras: cocinar, limpiar, cuidar a los niños… «Cuando una mujer ‘solo’ realiza esas tareas, se dice no tiene trabajo. Nosotros entendemos que una cosa es el empleo y otra el trabajo. Estas mujeres que realizan múltiples tareas en sus casas sí trabajan, realizan trabajo doméstico, aunque no estén empleadas o no tengan un trabajo asalariado. Por tanto, se puede concluir que el concepto trabajo es mucho más amplio que el que normalmente se engloba bajo empleo o trabajo asalariado«, escribe nuestro entrevistado en su obra. Ellas son un ejemplo.

¿Qué más necesita Morón para homenajear a sus aceituneras como estas merecen? Mientras eso llega, todos los respetos también para el enorme valor de investigación que, compartiendo ese objetivo, realizó Óscar García Jurado mientras escribía el libro del que hemos hablado hoy. En sus páginas están las voces de ellas, voces que no pueden ser olvidadas, y que sí han de ser recogidas y transmitidas por quienes venimos detrás.

Aquí ponemos el punto y seguido. Por delante, muchas claves aún para adentrarnos en economías y sociedades alternativas mientras repasamos ideas y reflexiones de Óscar en algunas de sus obras. A quienes quieran seguir aprendiendo y descubriendo de la mano de nuestro protagonista: ¡Hasta el jueves que viene!

moroninfo-mar17