ENTREVISTA. Moroneando sobre… _ Melodías con alma, con Carmen Espejo Vázquez. Parte III, por J.D. Vidal Gallardo

Carmen estrechando la mano de su padre. Mucho significado en esta imagen...
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*En la Parte II de la entrevista: https://moroninformacion.es/entrevista-moroneando-sobre-_-melodias-con-alma-con-carmen-espejo-vazquez-parte-ii-por-j-d-vidal-gallardo/


El concierto llega a su fin, pero lo hace por todo lo alto. Tras haber dado una vuelta por el mundo y jugado con elementos puramente musicales, hoy toca lo más especial: Carmen en esencia, en toda su armonía, incluso en sus notas más familiares. Nos subimos al pentagrama y, cual mágica alfombra oriental, viajamos por el tiempo…

J. D. Carmen, tus primeros recuerdos ligados a la música.

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Carmen: Mis primeros recuerdos musicales son hogar, familia, banda municipal de música… No concibo mi infancia sin la música. Me acuerdo de estar jugando en el patio de los pisos y, al llegar cierta hora, ver cómo mis hermanos mayores se marchaban al conservatorio. Yo me enfadaba porque a mí no me llevaban, pues aún no tenía 8 años y no podía matricularme. Mi padre me llevaba a clases no regladas en la Asociación Amigos de la Música. Supongo que si me hubiesen obligado a ir, no habría querido, pero como no me dejaban (por lo de la edad), ¡lo deseaba con todas mis fuerzas! De ahí pasé a la banda, luego al conservatorio, a la facultad…

J. D. … A tu estilo de vida, en definitiva. Y en ella el significado de la música es…

Carmen: Uff, es difícil de expresar, jamás me había planteado esa pregunta… Supongo que no entiendo la música como algo aparte de mí, que esté fuera, sino como una parte de mí sin la cual no me imagino. Fíjate qué curioso: cuando era pequeña estuve a punto de perder la mano izquierda como consecuencia de una quemadura considerable que se complicó por una infección, y alguna vez me he preguntado en qué habría cambiado mi vida si finalmente la hubiera perdido. Siempre he pensado que si no hubiese podido tocar la flauta, habría tocado otro instrumento para el que no sea imprescindible tener dos manos para hacerlo sonar: un instrumento de viento metal, por ejemplo, o quizá la batería, con una especie de prótesis para la baqueta.

J. D. La gran enseñanza que la música te ha legado en tus taitantos años juntos.

Carmen: Que los pequeños errores cometidos en un momento de la actuación no pueden sacrificar el que disfrutes todo el concierto. Y eso me lo llevo también a la vida. Hay que aprender a convivir con los errores, no estancarse y aprovecharlos, y no perder el tiempo en suponer lo que los demás puedan pensar al respecto. De ti depende que ese fallo se convierta en error ‘eterno’ o en un simple rasguño que aproveches para respirar y seguir adelante. ¡Es más, grandes ideas musicales han surgido de ‘errores’!

J. D. Y que lo digas… Carmen, me gustan los comentarios que tiran de memoria. Sabiduría del pueblo. Tienen un punto entrañable que, además, dicen mucho de la persona que los narra. Soplemos tus recuerdos como tema de fondo: ese ‘momento musical’ que jamás olvidarás…

Carmen: Hay miles de ellos que nunca olvidaré, ya que en todos los momentos de mi vida ha estado presente la música. En momentos familiares siendo yo pequeña, ya de mayor, estando con mis amigos, siendo estudiante, en orquestas, viajes, trabajando…

Vienen mucho a mi mente los relacionados con la Orquesta Montana, orquesta mítica de Morón de la que mi padre formó parte muchísimos años. Tengo grabado a fuego ese recuerdo de ellos tocando en la feria y yo, pequeñita, sentada en una silla, vestida de flamenca, con mi madre y mis hermanos, medio dormida, apoyada sobre la mesa, aguantando hasta el final de la actuación. También recreo mucho los viajes que hacíamos a Cádiz, a visitar a familiares, escuchando a Manuel de Falla durante el trayecto. ¡Mira si nos marcó aquello que mi hermano Paco también lo ha destacado como un recuerdo imborrable en alguna entrevista!

O el día en que me llamaron para tocar con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Yo estaba pendiente de irme a Austria para estudiar, apenas faltaban un par de meses y aún teníamos que resolver muchos papeleos, lo que, por suerte, me hacía estar muy pendiente del teléfono. En una de esas me llamaron de la Sinfónica de Sevilla para preguntarme si estaba disponible para conciertos, ensayos…, ¡para tocar con ellos en una ópera! No sé qué pasó pero de pronto dejé de escuchar, ¡me puse nerviosita perdía! Una parte de mí decía: “Chiquilla, ¡¿quieres escuchar?!”; y la otra era incapaz de mantener la atención. Aquello fue muy gordo para mí, inolvidable, y ver luego a mis padres sentados en el patio de butacas, en tan especial momento, hizo que disfrutase aún más.

J. D. Ea, un idilio austríaco que hubo de esperar por el sorpresón que te llegó desde aquí al lado… Lo tuyo con este arte, ¿es una pasión desenfrenada o, por el contrario, un enamoramiento progresivo?

Carmen: Hoy te diría que ni una cosa ni la otra… Creo que es algo más natural. Sin embargo, he pasado por distintas etapas, ¡como en todas las relaciones! En mis últimos años de carrera, antes de irme a Austria, pasé por una fase de crisis en la que, a veces, sentía la música como una especie de maldición que me había tocado, como cuando en una peli sale un personaje al que encargan una misión, este la acepta y tiene que vivir con ello para siempre. Como si no pudieras dejarla y, a la vez, estuvieras continuamente peleándote con ella. Un “ni contigo ni sin ti”… (Te lo advertí: soy muy ‘especialita’). En realidad, creo que esa ‘pelea interna’ en dicha etapa es fruto también de una búsqueda a la que dedicas tantísimas horas de estudio y tanto esfuerzo, dejando a un lado la familia, a los amigos… Y todo ello en un país en el que, encima, sabes que no es una realidad laboral a la que poder acceder…

J. D. En cuanto al proceso artístico en sí, sea de la rama que sea, lo que más me fascina es la fase de creación (idear, pensar, probar, arriesgarse, mezclar, borrar, probar de nuevo, descubrir, caer, volver a intentar atinar…). ¿Te pasa lo mismo?

Carmen: Sí, son momentos de explosiones y luchas interiores constantes, lo cual así, de primeras, no suena muy bien, pero realmente es algo mágico. También lo siento así.

Lo primero que surge es la NECESIDAD DE DECIR, para mí eso es el motor. Después hay que descubrir qué queremos decir y cómo. Puede parecer simple, pero realmente es de las cosas más complicadas. Conforme empezamos nuestro discurso, que en principio creemos que lo tenemos clarísimo, vamos desarrollándolo y, poco a poco, vemos que no lo teníamos tan claro. Relativizamos y modificamos nuestros mensajes o reflexiones, en muchas ocasiones alejándonos bastante de la idea inicial. Y entonces, ¿qué damos por bueno? ¿El discurso al que hemos llegado aun cuando ni se intuye la esencia de la idea inicial? Por otra parte, eso que tengo en mi cabeza, ¿se corresponde a lo que está sonando mi instrumento? Porque, como su propio nombre indica, lo que tenemos entre manos (o en la voz) no es más que un instrumento con el que exteriorizar lo que nuestro interior quiere decir. El instrumento no es un fin, sino un medio. En ese punto, uno se pelea mucho con su técnica instrumental, porque no te gustas o no te convences a ti misma interpretando. Sin embargo, cuando conseguimos ‘alejarnos’ un poco y escucharnos o sentirnos con perspectiva, como si estuviésemos escuchando a otra persona, solemos acercarnos a ese equilibrio, a la satisfacción. Y cuando sientes esa sensación… ¡No cabes en ti, notas la plenitud de tu alma!

Joder, me he perdido… (¿cómo era eso de que eres muy ‘especialita’?…). Bueno, de eso se trata, de perderse para volver a encontrarse, o algo así, ¿no? Porque yo creo que me pierdo más de lo que me encuentro…, pero mientras tanto disfruto y aprendo. Ah, y todo esto que te he soltado así, sin anestesia ni na, me hace recordar un poema de Juan Ramón Jiménez titulado ‘Vino, primero, pura’.

J. D. ¡Catapún chimpún! Qué momentazos estás dejando… Lo bien que lo pasará tu gente yendo de cañas contigo, ojú… Pero sí, ese momento orgásmico del proceso creativo en que, tras tantas idas y venidas, ya medio majara, empiezas a ver lo que buscas transmitir, eso no tiene precio… Retomamos: hablaste antes de tu infancia, y ahora eres docente. Si mañana hablas con dos chavales, adolescentes, y uno te dice que le aburre la música clásica y el otro que se quiere dedicar de lleno a esa rama…

Carmen: Al primero le diría que respeto su opinión y luego simplemente le animaría a ver películas como, por ejemplo, El Señor de los anillos, o series como Juego de Tronos, o alguna otra que le llamase la atención, y le sugeriría que la viese sin la banda sonora de fondo. Casi con toda seguridad, ese chaval no repetiría lo de que la música clásica no le gusta. O me lo llevaría a un concierto en directo y lo sentaría entre los músicos que están tocando. No hay más. Siempre les decía a los alumnos de secundaría que había música clásica que a mí también me aburría, al igual hay canciones de música pop o rock que me encantan, y otras que no me gustan en absoluto. Es algo natural.

Al segundo chaval, teniendo en cuenta que de cada 10 músicos que conozco, nueve y medio tienen en algún momento de su vida una crisis existencial relacionada con la exigencia y la obsesión por la continua búsqueda de la perfección, le diría: “Tranquilo, es simplemente música, nada más” (con toda la grandeza que la sencillez implica). “Estudia todo lo que puedas, conoce músicas de todos los lugares que conozcas, interactúa con todo músico que se cruce en tu camino, siempre desde el amor a la música, sin asustarte cuán famoso/a es tal artista, dónde ha estudiado, la formación académica recibida o cosas así, pues muchas veces los prejuicios te hacen perderte cosas maravillosas”. España no es un buen lugar para desarrollarse como músico de clásica. Contamos con un profesorado espectacular y con un talento que destaca, sin embargo, este país no apuesta por la cultura y nos vemos nadando a contracorriente la mayor parte del tiempo. Es más, a veces se lo ponemos más difícil a aquellos que destacan…

Te diré que, en más de una ocasión, cuando he coincidido con músicos de países como Alemania, Austria, República Checa o Japón, me han comentado que cuando en unas pruebas orquestales o concursos se ‘enfrentan’ a un español/a, lo pasan “regulín”. Suelen decir que, por suerte para ellos, los españoles no somos tan disciplinados, pero que en expresividad somos la leche. Por eso en Europa se tiene un gran respeto por los músicos de este país, y sin embargo aquí no se apuesta como se debería por nosotros.

Domi, a la guitarra, en el espectáculo ‘Transparencias’ junto a Manolo Paradas y el resto del elenco en el Teatro Oriente de Morón, del que también formó parte Carmen.

J. D. Has apuntado el peso que a cierta edad suelen tener los referentes en el campo en que uno se forma. Dime una figura a la que los moronenses deberíamos de conocer mejor (me viene a la memoria el homenaje de antorchas y manantiales a Dani de Morón (y a otros/as flamencos de nuestra localidad) en https://moroninformacion.es/anhelada-antorcha-brindemos-por-ti-genio-por-juan-diego-vidal-gallardo/), y como si de una segunda voz se tratase, dime otro de cualquier otro rincón del mundo cuya dimensión recomendarías estudiar a fondo.

Carmen: Una figura musical moronense que habríamos de conocer más: Domi Serralbo, sin duda. Domi ha sido y es una fuente crucial para el crecimiento musical de este pueblo. Por su estudio de grabación han pasado figuras realmente grandes de este país, y no precisamente porque a esos artistas les pille Morón de paso o por lo bien comunicado que nuestro pueblo está… Sino por Domi, que sabe sacar lo mejor del artista y cuida cada proyecto con un cariño ejemplar. Proyectos que, además, los comparte con artistas de Morón.

En cuanto a un referente musical a escala global… Hay tantos, y repartidos por tantas partes distintas del mundo, con culturas distintas, entornos diferentes, de edades tan dispares y muchas veces tan desconocidas… Creo, más bien, que habría que descubrir el músico que cada uno llevamos dentro, tener la oportunidad de conocernos en ese sentido y aprender a exteriorizarlo ante otras personas. En realidad, los niños son los mejores para estas cosas. He vivido situaciones con niñas/os de 3, 4 o 5 años verdaderamente especiales. Se me han saltado las lágrimas por lo que han tocado o cantado, ¡y sin ningún tipo de conocimiento consciente de la música! De nuevo, ¿magia o música? Todos llevamos la música dentro, es la forma de expresarla la que varía según las habilidades expresivas que vayamos desarrollando.

J. D. Hay lugares (como también momentos concretos, experiencias personales, etc.) que te ayudan a descubrir lo que intentas expresar. Inspiran. Hace no mucho estuve en Praga y, casi sin darme cuenta, pasé dos horas en una cafetería sin parar de escribir. O esos pueblecitos mallorquines cuyas empedradas callejuelas te transportan a otro tiempo. Carmen, enclaves que te hayan hecho vibrar…

Carmen: Lugares y momentos que, sin saber por qué, me hacen sentir magia, en mi caso hay varios. Sitios en los que me pasa eso siempre, sin depender del momento. La mayoría no son lugares lejanos. De hecho, uno de ellos está muy cerquita de mi casa, en Morón. Me refiero a la Peña, donde está la estatua del Gallo y también el local de la banda. Es un lugar que me aporta oxígeno y paz. Algo similar me ocurre en la plaza de España (Sevilla), sobre todo en horas en que está solitaria, como sorda, expectante para escucharte tocar. Me transporto a otra dimensión… Sin olvidar aquellos sitios desde los que puedo ver el mar… Ahí ya me pierdo, mi parte más racional se va por completo y se asienta la sensorial. Cualquier día se me va la mente del todo y a ver cómo la recupero…

J. D. Carmen…, ¿estás ahí? ¡Eo! Aterriza, paisana, que estás delante de una pantalla de ordenador, no del mar… El estribillo ya termina. Las voces de los coros se atemperan. Queda poco. Y concluiremos pulsando tres teclas que van directas al origen: 1ª, LA BANDA. La de anécdotas que habrás vivido en Morón, en Triana…

Carmen: La banda ha sido donde me he criado, musical y personalmente. En ella no solo aprendí música, sino que encontré amigos, autonomía, disciplina y, sobre todo, muchas risas (aunque yo siempre he sido muy seria) (¿ya estamos otra vez?). Además, la banda para mí ha significado un lugar de encuentro familiar. Por ella han pasado mi padre, mis hermanos, mis primos, mis amigos… Ten en cuenta que cuando empecé a ir a los ensayos de la banda, iba de la mano de mi padre, era muy pequeña, y cuando salí ya estudiaba en la universidad. De hecho, dejé de ir a los ensayos porque no podía compaginarlos con la universidad, el conservatorio y trabajar de camarera. Pero una nunca se desliga de su banda. Es mi banda, el ambiente de sentirte como en casa.

Carmen y su hermano Paco antes de un concierto

Como bien dices, a esas experiencias se fueron sumando las del conservatorio, distintas bandas que me llamaban, orquestas sinfónicas con las que iba haciendo bolos… En la Sinfónica de Triana compartí experiencias realmente bonitas, y allí hice muy buenas amigas y amigos, sin olvidar a mi hermano pequeño… También están los grupos de flamenco… La verdad es que he ido forjando mi vida con gran cantidad de elementos derivados de la música que, sumados, forman una grandísima parte de mi experiencia vital.

J. D. Si no tocaras la flauta, te decantarías por…

Carmen: La trompa, el violonchelo o la batería.

J. D. Y si no fueras músico, ahora mismo estarías dedicándote a…

Carmen: Al deporte (relacionado con la música) o a viajar por el mundo (algo inventaría para hacer de ello mi profesión).

J. D. 2ª tecla, MORÓN. ¿Qué momento atraviesa la música moronense (artistas, eventos, formación, afición…)?

Carmen: Si hablamos de talento, creo que se encuentra en un momento muy fructífero, tanto en flamenco como en clásico, rock, blues… Sin embargo, parece que está todo muy desperdigado y eso hace que no dispongamos de tanta visibilidad. Tengo la sensación de que no nos queda otra que remar en solitario… Confío en que nuestro ayuntamiento, siendo consciente del talento y las posibilidades que tienen los artistas de nuestro pueblo, sepa encontrar la manera para que todos podamos unir fuerzas, vivir de ello y que se origine una industria en torno que sea buena, productiva y equitativa. Se podría crear un Centro de Artes Escénicas, por ejemplo, ¿no te parece? Además, lo veo factible.

J. D. (¡Que no caiga en saco roto esa reivindicación, por favor!). ¿Algún proyecto en mente relacionado con nuestra ciudad -que se pueda contar-?

Carmen: Que se pueda contar, no; que se pueda medio contar, medio que sí… Por una parte, estoy inmersa en un proyecto pedagógico de flamenco en la escuela, para ser desarrollado por maestros de la etapa infantil que no tengan conocimientos académicos musicales. Está basado en el juego y empezó a desarrollarse como proyecto final del máster de investigación y análisis del flamenco, que terminé con su primera promoción. Los resultados obtenidos en el proyecto fueron muy gratificantes, como comenté en la Parte I, y me llevaron a querer desarrollarlo un poco más y poderlo compartir. Eso, sumado al impulso recibido por las tutoras de las clases de infantil donde hicimos la investigación y por el tribunal en la defensa del trabajo fin de máster, fue decisivo.

Por otra parte, en el terreno artístico, ahí ando también poniendo en pie un proyecto relacionado con el flamenco desde lo clásico y… ¡Y quieta pará, que no puedo contar más! Sobre todo porque va despacio. Hay que desembolsar dinero e ir montando las cosas conforme se va ahorrando, poquito a poquito.

J. D. Define Morón (musicalmente) a través de un flamenco/a (cante, baile, guitarra o de cualquier otra disciplina) que querrías versionar mediante tus sones de flauta…

Carmen: No podría definir Morón a través de un solo flamenco. Aquí hay demasiado de donde aprender, necesitaría varias vidas para poder agotar todo eso. Sí que haría un intento por versionar las melodías y las ricas armonías de Dani de Morón con la manera de ‘decir’ desde lo sencillo de Diego del Gastor, pasando por el acompañamiento reposado de Domi Serralbo, los pies de Juana Amaya y Pepe Torres, la voz del Andorrano, el Galli, Jesús Flores, Moi de Morón, el dominio técnico de Manolo Paradas… Y así podría decirte lo más grande. Ojalá algún día en mi flauta pueda reconocerse un poquito de cada uno de ellos, como también de quienes no he nombrado por no hacer la lista interminable (Paco El Leri, Juanma Torres, Paco de Amparo…) ¡A ver si se me pega algo de esta gente!

J. D. Y 3ª teclaª, TÚ Y TU FAMILIA. ¿Con qué autor, corriente o época musical te identificas más?

Carmen: Vamos a llevarnos bien, Juan Diego… Esto no se hace… ¡Esa cuestión es muy difícil! Me identifico con muchos autores y estilos, porque, como ya dije, cada dos por tres siento emociones distintas. Pero me decantaré ahora por dos autores: Beethoven y Manuel de Falla. En cuanto a una época, diría que el romanticismo, cuando el compositor ya pudo dedicarse de verdad a crear lo que sentía, con más libertad. Por otra parte, en mi casa también han sonado mucho Glenn Miller, Carlos Cano, The Beatles…

J. D. Aparece de nuevo tu familia y el papel jugado por ella para que hoy disfrutes de la música…

Carmen: Mi familia… Mi familia ES música. Cuando mi padre enfermó de alzheimer, la música lo mantuvo aquí con nosotros tooodo el tiempo. *(Foto de inicio de esta Parte III de la entrevista). Ten en cuenta que mi padre fue músico durante toda su vida, y mis tres hermanos y yo hemos pasado por el conservatorio, aunque solo el pequeño y yo, que soy la tercera, nos hemos dedicado a ello profesionalmente. Imagínate, un padre que era pura música y que hoy lo sigue siendo a través de sus hijos. Él me enseñó a amar la música. Unos hermanos (Juan, Pepe y Paquito) que me acompañaron y me enseñaron a no rendirme y a ignorar ciertos comentarios con los que los músicos y especialmente las mujeres ‘tenemos que’ aguantar (como, por ejemplo, que “ese estilo de vida, con tanto viaje, no es para una mujer, y menos si quiere ser madre”). Créeme, la sociedad sigue ejerciendo una presión bastante grande a día de hoy… Y volviendo al asunto, para colmo tengo la suerte de contar con una madre que siempre me ha aconsejado que tirase por el camino que yo sintiera.

En definitiva, mi familia no solo me ha permitido ser yo misma, sino que además siempre me ha apoyado e impulsado a sacar lo mejor de mí, sobre todo en momentos de más confusión. Mi hogar familiar ha sido y es música. Es más, ya para rizar el rizo, mi pareja también es músico y el hogar que hoy construyo con él también es música. Ya te lo dije, ¡una suertuda!

J. D. Me da la sensación de que la tuya es una bella composición de amor, respeto, cariño y compromiso cuyas notas finales conectan con las iniciales: amor por la música que mamaste en casa, que crece y se convierte en esencial a lo largo de tu vida; respeto que transmites por las personas y lugares que entran en tu corazón, de los que también te enriqueces; compromiso por luchar por un mundo mejor; y todo ello deviene en una Carmen que vierte ese cariño y preparación en, por ejemplo (y entre otras cosas), la enseñanza, la labor pedagógica. Esa es la canción que transmites… ¿He afinado o me he ido por peteneras?

Carmen: ¡Que me pongo colorá! La verdad, no sé si merezco esas palabras. Solo puedo decirte que, aunque no siempre hago las cosas bien y a veces pierdo la paciencia o no atiendo como debería a los alumnos, compañeros o personas que me rodean, sí que intento hacer lo mejor posible mi labor, aportando todo el cariño que puedo. Intento mejorar cada día, atender las palabras de los demás y, sobre todo, escuchar los silencios de quienes me rodean, adultos, niños o adolescentes, pues de todos aprendo cosas que luego utilizo, ya sea para mí o para aportar a los demás.

Ojalá nadie se quedase sin su dosis de música diaria por no tener dinero para pagar clases o conciertos. ¡La educación musical debe de ser un derecho, y no un privilegio!

   Hay frases que conectan directamente con quienes las pronuncian. Y la conclusión de Carmen en su última respuesta refleja -seguro estoy de ello- qué y quién es ella. Reflexionar a través de la música, la empatía y las vivencias personales: esa ha sido la intención en este primer Moroneando. Y si ha resultado posible, ha sido gracias a la implicación de Carmen Espejo Vázquez.

Enlazando con el inicio de la Parte I, creo honestamente que Morón tendría que enorgullecerse de contar con gente como ella, de semejantes valores, preparación y aportaciones. Ese mundo con el que sueño, carente de guerras y plagado de melodías, se hará realidad un día. Y aunque pasen siglos hasta poder verlo, ahí estaremos quienes proponemos a la suertuda Carmen como representante de los sones aruncitanos en la comunidad de los pueblos universales. ¡Que no exagero! ¡Menudo mundo interior el de Ita!

Gracias por tu música, Carmen: por la que interpretas y por la que transmites.

*Postdata: para quien quiera conocer un poco mejor lo que junto con Álvaro Gandul hace nuestra paisana, ahí van algunos ejemplos:

https://www.youtube.com/watch?v=y5DDNCzqGgk

https://www.youtube.com/watch?v=hFOfOwp-hpc

https://www.youtube.com/watch?v=F4PV0FV8NlI

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