ENTREVISTA. Moroneando sobre…_ “Melodías con alma, con Carmen Espejo Vázquez. Parte I”, por J. D. Vidal Gallardo

Carmen Espejo Vázquez
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*En entrevistas anteriores: https://moroninformacion.es/opinion-la-antorcha-y-el-manantial_-reflexiones-tragicomicas-con-raul-cortes-parte-ii-por-juan-diego-vidal/


   Fórmula: Charlar, conversar, entrevistar, intercambiar pareceres X Morón = Moronear. Partimos de una vereda iniciada la temporada pasada con el dramaturgo Raúl Cortés, y de aquel sendero ha resultado este camino que hoy proseguimos, pero ahora no para posar un oasis en el desierto, sino para continuarlo todos los jueves. Hermosa temporada la que se nos viene…

Y la aventura (re)comienza hoy con Carmen Espejo Vázquez, músico de 38 años que ni se imaginan la de cosas que va a contarnos entre hoy y los dos próximos jueves. Acomódense en su butaca, que el concierto está a punto de empezar. Les espera una función tras la cual conocerán un poco mejor el alma sonora de esta paisana cuya familia “ha sido y es música”, como ella dice (su hermano Paco es también conocido en nuestra ciudad, pero ya veremos que no queda ahí la cosa), que se emociona al recordar los ensayos con la banda en la Peña, que transmite una empatía y una tolerancia absolutamente necesarias hoy en día, y que está inmersa en mil proyectos interesantes. Todo esto y mucho más compone el programa del concierto. Pero antes, unas notas sobre Carmen.

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Conservatorio de Sevilla, magisterio musical en Huelva, curros en bares los fines de semana, primeros conciertos con orquestas siendo muy joven, viajes gracias la música (“una de las cosas por las que quise ser músico era viajar por el mundo, y he viajado mucho menos de lo que me habría gustado, pero siendo más joven he podido vivir experiencias que resultarían imposibles para gente que estudia otras carreras”)… Son los inicios de nuestra protagonista, cuya formación también pasó por Feldkirch, en los Alpes austríacos. De nuevo en la capital andaluza, terminaría el conservatorio y, en diciembre de 2019, el Máster de investigación y análisis del flamenco, con matrícula de honor. Ha trabajado en distintas escuelas de música (Morón, Gines, etc.), en institutos y colegios, en la Fundación Barenboim-Said y actualmente lo hace en un programa especial de música que se imparte en el colegio San Francisco de Paula (Sevilla), lo cual compagina con la asociación Musiclap y con la Orquesta Sinfónica de Triana. Ahí es na…

Ah, y comprometida e implicada es un rato: “Me ‘hace gracia’ cómo se habla a veces de los jóvenes, o de lo vividores que supuestamente somos los músicos. A mí me gusta decirles a los chavales de la orquesta sinfónica del colegio donde trabajo, que cargamos con una disciplina increíble. Porque sales un fin de semana, sí, como todos, pero por muy tarde que te acuestes, el instrumento te está esperando bien temprano al día siguiente para practicar o hacer ejercicios de labio. O cuando llegan unas fiestas y te concentras con las orquestas, a madrugar, estudiar, ensayar horas y horas… Eso ya se dice menos”.

Preparando estas líneas, me acordé de un reportaje publicado en este diario en agosto de 2019 (https://moroninformacion.es/la-moronense-carmen-espejo-lleva-su-musica-al-sur-de-senegal-de-la-mano-de-musicclap-y-la-asociacion-baolar/). Se me quedó grabado. A partir de ahí, y una vez estando ya en contacto, ¡sorpresas te da la vida!, descubro que Carmen es familiar de una íntima amiga de una de mis hermanas, o que le une amistad con gente entrañable que también tengo el gusto de conocer, o cuál es su conexión con Senegal, cosa que leí justo tras haber mantenido una conversación con uno de mis mejores amigos, de Gambia, país vecino y hermano de Senegal… ¡Estábamos destinados a encontrarnos a través esta entrevista!

Entrando ya en materia, si el mundo no estuviera sometido a amenazas de guerras y conflictos, sino bailando constantemente al son de músicas de allende los mares, otro gallo cantaría. Imagino los cazas, los tanques o los odios entrando en fase de extinción, siendo el didyeridú, el shamisen, el mijwiz, el djembé, la guitarra flamenca o la zampoña algunas de las más potentes armas de paz, capaces de cubrir países enteros de montones de armonías, provocar epidemias de alegría y solidaridad, y ondear banderas que lucieran la palabra Cultura. Si las danzas y los cantos fueran la vía principal de expresión y comunicación entre los diferentes pueblos, los gobiernos necesitarían de los músicos para los ministerios de Exteriores y la diplomacia. Y ya puestos a imaginar (la de sueños que se han hecho realidad…), si dichos cargos recayeran en gente con semejantes cualidades, me da que en Morón de la Frontera tendríamos a una excelente candidata…

J. D. Carmen, no me digas que no firmarías ser ministra en semejante mundo…

Carmen: ¡Firmo poner todo de mi parte para que ese mundo fuera realidad! Aunque yo como ministra… Si conseguimos evolucionar hasta llegar a ese mundo, creo que no harían falta gobernantes. Gobernaría el sentido común.

J. D. Puede que la intro de esta entrevista sea entendida por algunos como mera utopía. Poesía de lo imposible. Pero uno ve lo que la música provoca en las gentes del mundo entero y siento que son las propias personas las que se afanan (nos afanamos) por ponernos fronteras… Además, hablando de música y poesía, ¿qué bemoles es eso de ‘imposible’?

Carmen: Deberíamos de preguntarnos cosas como: ¿Estamos dispuestos a despojarnos de situaciones que nos han traído hasta este punto en el que hoy se encuentra la humanidad? Me refiero a cosas pequeñitas, y enormes a la vez, como: ¿Estamos dispuestos a dejar de sentirnos superiores a otras personas? ¿O a comprender que las ideas de otras personas pueden ser del mismo valor que las nuestras? ¿O a no poseer nada ni a nadie? ¿O a ser consecuentes con nuestros actos? ¿O a abandonarnos como individuos para ser comunidad? Todo eso sí es posible en la música: cuando haces música te rindes a ella y te sumas a música de los demás. ¡Ojo, eso sucede cuando dejas de lado el ego y eres capaz de entender que la música en su conjunto está por encima!

De todas formas, creo que lo que buscamos para ese mundo que algunos ven ‘imposible’ está aquí, a nuestro alrededor. No está escondido. Es totalmente visible y esparce su magia por todas partes. Y, sin embargo, parece que las cosas menos bonitas eclipsan todo lo demás… Lo único que podemos hacer es no dejar que el humo gris nos enturbie la vista, y enfocar nuestras pupilas en la claridad.

Concierto didáctico en un colegio en Oussuye (Senegal) con las compañeras de MusiClap

J. D. Enfoquémoslas. Estás ligada al ámbito de la educación. Ayúdame a completar el siguiente listado de fuentes beneficiosas para un sano crecimiento de los peques: El amor, la tolerancia y el respeto (obvio) / La mayoría de las frutas, porque aportan pocas calorías, chutes de fibra, vitaminas y minerales, o nutrientes para el sistema inmunológico / El teatro y los libros, porque trasladan a las puertas de la belleza / Hacer deporte, porque insuflan salud, auto-confianza y sociabilidad / Te toca: Proyectos como MusiClap, porque…

Carmen: Puedo darte mil argumentos acerca de los beneficios de la música en los niños y niñas, y de nuestro proyecto Musiclap en particular. Por ejemplo, lo mucho que fomenta su concentración, su desarrollo cerebral, su coordinación… Pero, ¿sabes qué? A veces tengo la sensación de estar vendiendo algo que realmente no debería de tener que justificarse, de la misma manera que es absurdo explicar por qué es importante respirar oxígeno. La música es algo vital, el nacimiento de la conciencia musical llegó de la mano del primer ser humano que habitó la Tierra.

Así que, permíteme que complete esa frase apuntando simplemente que proyectos como Musiclap son beneficiosos porque significan FELICIDAD, HOGAR y ENCUENTRO. ¡Que no es poca cosa! Musiclap, de puertas adentro, es trabajo, esfuerzo, amor a la música, a los niños, a las personas en general, al desarrollo individual y al crecimiento grupal. Es riesgo y apoyo mutuo. Tengo muchísima suerte de trabajar junto con enormes profesionales de las que tanto aprendo. Cada una de nosotras somos muy distintas a las demás, y eso nos permite poder agarrarnos siempre a la parte fuerte de la otra. ‘Mis Musiclap’ se llaman Helena Cuaresma, Sol Ruí y Sandra Paola Cote. Son puro amor y dedicación a la música. Todas integran también el proyecto EMI de la Fundación Barenboim-Said.

Afortunadamente, existen más asociaciones y proyectos musicales en nuestra provincia, en otras provincias andaluzas y repartidas por toda España que realizan una función increíble. Personas que aman lo que hacen. Muchos se sorprenderían si supieran cuánta gente dedica buena parte de sus fines de semana (tras trabajar entre semana) a seguir formándose por amor a sus alumnos y a la música.

J. D. ¿Cuánto has aprendido de la Fundación Barenboim-Said? ¿Qué puedes aplicar a tu desempeño profesional en el día a día?

Carmen: El paso por la Fundación Barenboim-Said ha sido algo que ha marcado mucho mi personalidad como músico y como docente musical. En primer lugar, y hablando como músico, me parece una apuesta impresionante por parte de la Fundación el haber creado una orquesta sinfónica intercultural, que incluye semanas de convivencia y en la que hay músicos palestinos e israelíes delante de un mismo atril, construyendo arte, fluyendo unos con otros, que dejan a un lado sus diferencias, estableciendo un diálogo y una convivencia en favor de algo que está por encima y es tan humano: el lenguaje universal de la música.

Por otra parte, como docente tuve el placer de formar parte de la plantilla de especialistas del proyecto EMI (Educación Musical Infantil), en el que los alumnos de infantil (de 3 a 5 años) reciben clases de media hora de música a diario. Esta experiencia ha significado para mí un giro de tuerca en lo que constituye la educación musical. He visto cosas sorprendentes en cuanto a capacidades de los niños para hacer música. No tienen límite, el único límite que tienen lo marca el que tú, como docente, seas capaz de transmitirles y simplificarles las cosas al nivel al que ellos puedan engancharse, para así subirse al carro y llegar hasta donde sea posible. Es impresionante. Y sus tutoras notan cómo todo ello les afecta (para bien) en el resto de conceptos y disciplinas que trabajan durante el día.

Mientras trabajaba en este proyecto realizaba un máster en investigación y análisis del flamenco, e investigué sobre recursos musicales del flamenco en educación infantil, dirigido a maestras de esa etapa (ya que no todos los colegios públicos cuentan con estos proyectos en sus aulas, ni con un especialista en música, pues la Junta de Andalucía lo acotó a un número determinado, muy pequeño, por cierto). Pues bien, he de decir que la investigación superó en mucho mis expectativas iniciales. Tuve la suerte de poder ir transformando esos recursos con la información que ellos me daban día a día, y así ir viendo hasta dónde podían llegar. Pero no fueron ellos los que acotaron un límite, sino el tiempo con el que contaba y otros factores.

Tuve mucha suerte, tanto por el apoyo recibido por parte de la fundación, que incluso me compró cajones flamencos con medidas infantiles, como de las tutoras de las seis clases en las que entraba cada día, que se volcaron con el proyecto. Para mí, la Fundación Barenboim-Said ha supuesto un aprendizaje grandísimo, un crecimiento académico y personal, y sobre todo, una luz tremenda en mi concepción de la educación musical.

J. D. En medio de tanta luz, la de tus respuestas y reflexiones, has mencionado a la Administración. Supongamos que escuchas a alguien con responsabilidad de gestión manifestar que la música no tiene por qué ser una disciplina fundamental en el desarrollo artístico, expresivo, cognitivo, emocional y/o de cualquier otro tipo en la educación de las personas (ni en la institucional -guarderías, colegios, etc.- ni en la más cotidiana). ¿Cómo rebatirías esa postura?

Carmen: ¿’Supongamos’? No me será muy difícil suponer esa situación (se ríe, y creo que por no llorar). Desgraciadamente, se trata de una realidad con la que tenemos que lidiar a diario, continuamente. Queda aún mucho camino por recorrer en ese aspecto. La verdad es que si esas personas se acercasen un día por la escuela no sería necesario tratar de convencerlos de nada. La magia que se produce cuando la música entra en el aula no necesita nada más que decir. Puede que alguien piense: “¿Magia? Uy, qué palabra más romántica, ¿no? ¿Es cuestión de fe?”. No, es cuestión de realidad.

Te aseguro que he tenido alumnos que no entendían español, alguno que es sordo, también Síndrome de Down, autistas, o simplemente alumnos tímidos a los que les cuesta relacionarse, y curiosamente en ese rato de música todos superaban esas circunstancias, todos se unían. Porque todos somos iguales ante la música, ante el arte en general. El arte cohesiona la sociedad, establece un sentido común y crea conciencia grupal.

Por otra parte, he podido trabajar en muchos ambientes distintos y tratar con personas de edades muy diversas, y de ideologías bastante distantes entre sí. Y es muy curioso escuchar cómo al final todos buscan, buscamos, lo mismo en el centro educativo. Se busca por vías distintas, sí, pero finalmente todos los padres y madres coinciden en que lo que quieren para sus hijos en el colegio es que sean felices y vuelvan felices a sus hogares (ninguno dice que lo que desean es que sean los mejores en matemáticas o en naturales, que también, pero eso lo dicen luego). ¿Y cómo podemos llegar a la felicidad si no es a través del trabajo de las emociones?

 Actualmente tengo la suerte (como ves, soy muy ‘suertuda’) de trabajar en un centro en el que la música es considerada una disciplina indispensable y no una ‘maría’, como por desgracia ocurre en otros centros escolares. En nuestro cole, a todos los niños se les proporciona un instrumento musical sinfónico y su aprendizaje forma parte del currículo escolar entre las materias obligatorias para completar su formación. Además, apostamos fuerte por el teatro, la literatura y las artes gráficas. Se trata del San Francisco de Paula, en Sevilla. Así que, como ves, hay alternativas, y esperanza.

Carmen, en una de sus clases con niña/os de educación infantil

J. D. ¿Ves como no es imposible el mundo que planteábamos al principio de la charla? Ya que conoces bien la cuestión, ¿cuál es la situación de la enseñanza musical en estos momentos en los colegios e institutos andaluces? ¿Por qué todo lo relacionado con las artes, las humanidades o el pensamiento ‘sufre’ en pleno 2020 y trata ello de excusarse mediante la supuesta necesidad de priorizar cada vez más las materias asociadas a las lógicas numéricas, comerciales o tecnológicas?

Carmen: La cuestión es muy preocupante. Y no solo porque los de arriba no dan a las artes, las humanidades o los estudios del pensamiento la importancia que tienen, sino sobre todo por los comentarios que escuchas en el supermercado, en la calle o en las redes sociales. He ahí el foco que más me inquieta. Habré escuchado miles veces eso de: “¿Y la música para qué sirve?” o “Lo importante es que el niño/a sea bueno/a en matemáticas, o en inglés, para conseguir un buen trabajo”… Y digo yo: ¿y las emociones? ¿Y la creatividad, la reflexión, la aceptación de uno mismo, las relaciones sociales…? ¿No es todo eso importante para vivir? ¿Para vivir felices?

La ‘felicidad’ que hoy nos venden, asociada al bienestar y al estatus social, ha ido potenciando las actividades más rentables económicamente y, a su vez, ahogando poco a poco la capacidad crítica para cuestionar y cuestionarnos. El desarrollo individual y social viene a través de las humanidades, el arte, la historia, la literatura o la música, que nos hacen desarrollarnos y conocernos a nosotros mismos.

Toda esta situación nos está llevando a un analfabetismo cultural que no tenían nuestros padres (a pesar de que la mayoría apenas terminase los estudios primarios). Más de uno se sorprendería de muchas cosas que ocurren un día y en un colegio cualesquiera. En una ocasión tuve que presentar a alumnos de secundaria en Sevilla al compositor Manuel de Falla. Decidí hablar de un artista gaditano y flamenco mundialmente conocido, Paco de Lucía, para así después ir retrocediendo en el tiempo hasta llegar a Manuel de Falla y explicar la importancia que este compositor tuvo para el impulso intelectual del flamenco. Pues bien, en una clase de 35 alumnos, tan solo a uno de ellos le sonaba (un poco) Paco de Lucía (premio Príncipe de Asturias de las Artes y Doctor Honoris Causa por el Berklee College of Boston). Algo, o mucho, está fallando, ¿no?

J. D. Y quien lo niegue tiene complicado argumentarlo… Conectando con el artículo citado al principio, llama mucho la atención el proyecto de la Asociación Baolar, preciosa iniciativa, y muy necesario que se conozca su acción.

Carmen: Baolar es una familia que nació desde el amor a un lugar y a todo lo que abraza ese lugar, la zona de Casamance, al sur de Senegal. Hablo de un tipo de familia elástica, que crece y llega a cualquier lugar del mundo. Su piel es blanca, negra, y de fuertes y alegres colores. Son unas personas que trabajan muy duro (unas desde España y otras en el propio terreno) por sacar adelante proyectos para el desarrollo y de acción social. Ten en cuenta que son personas que han convivido y conviven con la población local, y por tanto tiene consciencia de qué necesidades hay y de cómo llegar hasta ellos sin invadir su cultura ni su espacio.

La asociación tiene varios proyectos: facilitar los desayunos a una guardería durante todo el año; becas escolares; durante mucho tiempo mantuvieron un proyecto de educación a través del deporte, proporcionando formación también a sus profesores, etc. Sin olvidar proyectos puntuales y urgentes como los relacionados con la pandemia que estamos viviendo, a través de los cuales Baolar ha repartido 6.000 mascarillas entre la población más vulnerable o más expuesta (mascarillas que, a su vez, han supuesto trabajo para los sastres de la zona y ventas para los comerciantes de tela y demás utensilios necesarios).

Aunque el que más me impactó de todos sus proyectos, del cual me enamoré a primera vista, es el de teatro. Es increíble ver los efectos que este arte tiene sobre el pueblo senegalés. El teatro les proporciona herramientas esenciales como aprender a hablar en público, confiar en ellos mismos, ganar autoestima, desarrollar las emociones, y, sobre todo, analizar, reflexionar y proponer soluciones a los principales problemas que azotan la zona (la situación de la mujer, el porqué de la migración, los embarazos precoces, los matrimonios concertados…). Es una verdadera delicia poder observar a su profesor, Petit Sambou, trabajando con ellos. Hace una labor excepcional. Por otra parte, el teatro da a estos niños y jóvenes la oportunidad de viajar a más ciudades, ir a festivales y así conocer otros lugares. También es algo muy común allí lo que llaman el teatro Forum, actividades en las que participa el público y donde se exponen y solucionan entre todos los problemas del barrio. Para la asociación Baolar, el teatro significa un lugar de encuentro, exposición y expresión en el que todos tienen voz.

Qué bonita manera de ayudar a provocar el cambio, ¿no? Partiendo de sus propias reflexiones, alimentando sus mentes, desde la comprensión y el respeto a su cultura.

J. D. Exacto, hermosa manera de formar parte del cambio. De hecho, y ahora que estamos en tiempos de virus y vacunas, ¿cómo hacemos para meterle en vena a Occidente (¡urgentemente!) grandes dosis de teranga?

Carmen: Propongo que pasemos unos días en casa de quienes nos provocan ciertos prejuicios y vivamos su vida durante una semanita. Y que a la semana siguiente hagamos lo mismo en otra casa, viviendo otra de aquellas vidas. Y que pasemos así un tiempecito. Estoy segura de que eso cambiaría muchísimas cosas en nuestra forma de comportarnos, de pensar y de vivir, ¿no te parece? Puede que quizá así palabras como Teranga o Solidaridad dejaran de usarse, pero porque pasaran de ser necesidades a entenderse como realidades cotidianas.

   *Y hasta aquí la parte I/III de esta entrevista. Para quienes se hayan quedado con ganas de más, el próximo jueves seguiremos moroneando con Carmen Espejo Vázquez. Serán otras las temáticas que visitaremos y otras las dimensiones que descubriremos. Pero lo que no cambiará es que para dichas travesías nos seguiremos agarrando a los ojos de Carmen, a su mirada de las cosas, viajando a través de las notas de su flauta y de las armonías de la música.

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