Entrevista a Antonio Illanes Salcedo, a su paso por Morón. Por Sergio Parra

    moroninfo-mar17

    Entre los días 22 de septiembre y 6 de octubre de 2018 tuvimos el honor de recibir en nuestro pueblo a Antonio Illanes Salcedo (Sevilla, 1956), quien visitó los templos de San Ignacio de Loyola y San Miguel donde, precisamente, se localizan las obras que su padre, el escultor e imaginero Antonio Illanes Rodríguez (1901-1976), realizara para Morón de la Frontera durante la primera mitad del siglo XX.

    Hoy, día 3 de noviembre de 2018, heme aquí sentado en uno de los mismos sillones donde mi idolatrado artista encontrara momentos de tertulia y descanso, lo que nos retrotrae al glorioso pasado de su estudio en la calle Antonio Susillo.

    Mas, de regreso a la realidad (no menos soñada), me hallo en el recoleto santuario del que dispone la acogedora casa de Antonio Illanes Salcedo, con quien me complace compartir un rato de charla inolvidable; también nos acompaña su esposa, Salud, y el fruto del matrimonio, Isabel, es decir, la nieta del ilustre escultor y de su musa Isabel Salcedo; surgen anécdotas entrañables. Luego, a nuestro alrededor, las paredes contienen diversas pinturas, fotografías y documentos cuidadosamente enmarcados, donde la luz refleja algunas de las obras maestras que, inquietas, nos cercan el espacio de la habitación; más, a mi izquierda, un San Juan dirige la mirada hacia la talla central de un Crucificado expirante, cuyas pupilas parecen consumirse en el techo, ahogando su asfixia al igual que lo hace el llanto de una bella imagen Dolorosa, con la que se cierra la escena del Calvario…y, como “el que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo”, me sitúo junto al monumental busto de Bécquer que, con su presencia, anima mi pensamiento al recordar: “el espectáculo de lo bello, en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones…”

    moroninfo-mar17

    Antonio, ¿tenías constancia de las obras que tu padre realizó para mi pueblo?

    Las conocía por las fotografías que de él conservo, no obstante, siempre había tenido curiosidad por ir a Morón y ver las imágenes de mi padre in situ…y, en cualquier caso, me llevé una sorpresa mayúscula.

    ¿Cuál fue tu primera impresión al acceder al templo de San Ignacio de Loyola?

    Cuando entré en la iglesia de la Compañía, ya desde lejos…porque, bueno, yo no soy artista pero sé distinguir lo qué es valioso, y al ver una imagen sé si es buena o mala e, incluso, siendo de mi padre puedo distinguir cuáles son mejores o a lo mejor no lo son tanto aunque, desde mi punto de vista, todas sean magníficas…pero hay algunas donde veo yo que se supera a sí mismo…y esto es lo que me ocurrió con el Crucificado de Morón, que en cuanto lo vi ya me llamó la atención, soberanamente, y al acercarme más a él…me impresionó bastante, hasta el punto de verle algo más especial y diferente que al resto de obras con las que estoy mayormente familiarizado, como el caso del Cristo de la Lanzada o el de las Aguas, ambos de Sevilla.

    ¿Qué te sorprendió de la imagen del crucificado, a nivel general?

    Generalmente, su anatomía, policromía, expresión y elegancia.

    Y bueno, ¿qué tal la experiencia de encontrarte tan cerca del Cristo de la Compañía?        

    Cuando nos invitaron a subir al altar, al verlo al pie de la cruz me produjo una gran emoción y me quedé sobrecogido; lo pude incluso tocar, y admirar su firma; la verdad es que no paré de mirarlo por todos lados. No esperaba encontrarme con ese tipo de Crucificado, produciéndome una inmensa satisfacción y orgullo el que mi padre lo hubiera hecho…esa obra tan elaborada y tan importante cuando, la verdad, me esperaba un Cristo más de los que hiciera.

    Por cierto, mientras todos estábamos en torno al altar mayor, tu esposa (en una segunda visita a Morón) se quedó hechizada con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, realizada también por Illanes. Es por esto que, ahora, me dirijo a Salud y le pregunto por su experiencia, a lo que responde: “algo tiene que a mí me llamó, la forma de mirar, la expresión de la cara…y así me quedé viéndolo mientras todos estaban alrededor del crucificado”. En esto, Antonio añade que “la policromía del mismo es exquisita, muy fina”.

    Ahora bien, en Morón no solo tenemos la que para muchos es su mejor obra sino que, además, contamos con la primera imagen de Dolorosa que hizo tu padre (tal y como catalogué en mi libro). Antonio ¿qué te pareció la Virgen de la Esperanza?

    Se nota que es de las primeras que talló porque no la vi tan sofisticada o depurada como en otras que después hizo, cuando mi madre ya le posó. No obstante, me parece bellísima, por el encanto que tiene al pertenecer a su primera época y a un estilo completamente diferente. Y en cierto modo, me recuerda a la Virgen de la Paz, de Sevilla, por el aspecto juvenil donde aún no refleja esa seriedad o tristeza posterior.

    Tras valorar la impresión que te causaron las tres imágenes principales que se encuentran en el interior de la iglesia, aún nos queda referir la cuarta obra que la Hermandad posee y sitúa al exterior en la portada barroca, la escultura de barro cocido que, igualmente, representa al Sagrado Corazón. Ya antes de entrar al templo pudiste verla y comentar conmigo su estado de “descomposición” ¿qué sentiste al verlo? 

    Tengo que decir que fue penoso ver una obra de mi padre que, como ésta, está llamada a desaparecer dado el lamentable estado de conservación que a día de hoy presenta. De seguir así, acumulando excrementos corrosivos de paloma y sin revisarse, profesionalmente, le hecho de vida entre 20 y 30 años cuando, de hecho, ya se puede observar que está perdiendo la definición de sus rasgos. ¡Sería lamentable que se perdiera esta obra única, y con esa geometría tan especial que, sin duda, marcan su primera época de experimentación!

    Al respecto, ¿qué mensaje le transmitirías a los hermanos de la Santa Cruz en relación con esta última escultura, siendo ellos los responsables de su conservación, y a la misma vez los que tanto admiran y quieren la obra de tu padre?

    Les pediría que salven y rescaten del abandono esta obra tan peculiar, llamativa e importante ¡cómo gran escultura de Illanes qué es y patrimonio del pueblo de Morón, puesto qué os podéis enorgullecer de tenerla solamente vosotros! Luego, tras restaurarla, bien podría sustituirse por una réplica, y la original conservarla en otro espacio más seguro, y a una altura que pueda verse mejor porque es una obra digna de estudio.

    Aquí se acompaña el estudio que de la escultura del Sagrado Corazón realicé entre los meses de agosto y octubre de 2018, empleando el mismo material que el original (terracota) y a un tamaño reducido, de unos 50 cm. de altura.

     

    Y para terminar la entrevista, nos resta comentar la producción que de Antonio Illanes tenemos en la Iglesia Mayor de San Miguel, donde se encuentra la fervorosa imagen del Cautivo, ¿qué impresión te causó?

    A diferencia del resto de obras ya comentadas, el Cautivo presenta un sello más reconocible y semejante con otras de sus creaciones mayormente conocidas. Aparte de haberme encantado, también noté, sin menosprecio alguno, que la policromía no era de mi padre porque era brillante y no mate, independientemente de la calidad que tenga. En cualquier caso, estoy muy orgulloso del marco incomparable dónde se sitúa así como del magnífico paso en el que procesiona.

    Finalmente, agradezco el trato amable que las Hermandades de la Santa Cruz y el Cautivo nos han dedicado y, sobre todo, el cariño y el aprecio con el que defienden, vehementemente, el recuerdo de mi padre.

    Como siempre, muchas gracias por todo; ha sido un auténtico placer, familia.

    Mi agradecimiento a la familia de Antonio Illanes, así como a José David García Luna, por su colaboración.

    Texto y Fotos: Sergio Jesús Parra Medina. Escultor e imaginero, investigador y profesor de Enseñanza Secundaria.

    moroninfo-mar17