“Entre drag queen y autobuses”, por José Carlos Valverde

    BannerJCEscribo estas líneas inquieto, en una mezcla de ardor interior y nerviosismo exterior que me aturde, y paraliza, para continuar tecleando sobre el ordenador. No tengo muy clara la forma de comenzar la columna semanal. Siempre digo lo mismo: “Esta es la más difícil de todas…” Pretextos de un tipo ignorante. No me hagan caso.

    Probablemente sea mi enorme grado de estupidez e ignorancia para lo que voy a tratar de explicaros. Es curioso, intentar convencer al lector sobre algo que ni yo mismo sé cómo tratar. Aunque, olvídenlo, tampoco quiero convencer a nadie. (¿Puede un tipo imbécil conseguir semejante propósito?) Pero de esta forma, ya he rellenado el primer párrafo. ¡Bravo!

    moroninfo-mar17

    Postularse de forma insondable, en base a un punto de vista o ideal legítimo, y acercarse a la razón como quien se acerca a un animal salvaje, es lo mismo que tratar de rellenar una hucha sin fondo. Absurdo trabajo del necio. No hay que tener miedo a decir lo que uno piensa, ni tampoco a comprender (qué difícil es hacerlo) que hay pensamientos que no serán de nuestro agrado por mucho que tratemos de entenderlos incluso después de haberlos analizado varias veces. No es necesario hacerlo. Hay que buscar la excelencia y aceptar la flexibilidad de los pensamientos. Solo así liberaremos nuestro ego narcisista en base a una sociedad plural que no le pertenece a nadie y, sin embargo, nos da cobijo a todos.

    No voy a tratar de sermonearos con los conceptos liberales del siglo XIV, ni tan siquiera intentar explicar (o copiar de Wikipedia. Es más fácil para un tipo como yo) lo que supone la limitación de la libertad para el individuo liberal, o neoliberal. Sobre todo porque somos demasiado exquisitos para delimitar las fronteras de lo que está bien (moral), y lo que está mal (inmoral).

    Las palabras lucha, libertad de expresión, falta de respeto… son clichés demasiado usados, yo diría que, incluso, desgastados. Lo que le ocurre al hombre (individuo) es que tiene la necesidad imperiosa de encorsetar y encorsetarse a estos, y otros, malditos clichés.

    Hoy en día todo nos sienta mal. Es esa exquisitez arcaica y vetusta la que me saca de quicio. Hay que medir con exhaustiva exactitud, valga mi expresión, cada palabra, cada gesto y tono de nuestra conversación. ¿Es que acaso no existen cadenas más grandes que las que nos autoimponemos?

    Voy a ser extremadamente sincero. Me siguen haciendo gracia los chistes de gordos, calvos y tartamudos. Me hacen gracia, también, los chistes machistas y feministas. Esos que resaltan las diferencias entre hombres y mujeres de forma ridícula. He fantaseado con acostarme con alguna amiga y he deseado eludir mis impuestos y obligaciones legales. Incluso las de mi propio juicio moral. He pensado en robar alguna vez lo que no he podido conseguir de forma correcta. Y también he tenido la necesidad imperiosa de patalear a mi jefe y gritar al más puro estilo Bartleby: “¡Preferiría no hacerlo!”.

    Ahora, si quieren, pueden etiquetarme de machista, ignorante, ladrón, violento, sinvergüenza… Es divertido hacerlo. Incluso, os animo a que lo hagáis. Porque yo, no voy a restringir la libertad a nadie para criticarme. Aunque me joda. Y, por supuesto, no llamaré a nadie imbécil por tacharme de alguno de los anteriores apelativos. Porque no hay nadie más imbécil que yo por escribir lo que escribo. Y ya, todo lo demás, poco me importa. Es más sencillo dar lecciones morales y legales desde el silencio. Y seguro que mucho más inteligente, por eso yo no soy capaz de hacerlo, y esta es mi limitada, y ridícula, percepción de la libertad.

    Porque existe un gran e importante punto de inflexión entre fantasear y obrar como individuos morales. El juicio ético que nos instruye a actuar como personas y no como bestias. Y ese dogma empírico, nace y reside única y exclusivamente en la EDUCACIÓN. Así, en mayúsculas. Creo que es más sencillo e interesante educar antes que prohibir. Hago mías las palabras del músico y cantante César Strawberry (Def Con Dos). “Todo lo que sea reprimir la libertad de expresión me parece un atentado contra los derechos fundamentales de las personas. Hay que aprender a leer y escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo.”

    Para muestra un botón. Hace unos días clamábamos al cielo, nunca mejor dicho, por el show artístico (no encuentro mejor definición), de la coronación de la drag queen canaria Drag Sethlas.

    Y hago aquí mi primera parada. Quiero añadir, aunque tengo mis dudas sobre su efectividad, que estoy bautizado, he sido y me sigo considerando salesiano, y me gusta la Semana Santa. Pero el hecho de que no me sienta identificado con el espectáculo de Sethlas, (por cierto tampoco lo haría), o que simplemente me pueda o no gustar, no significa que se transforme en ofensivo. ¿Dónde están las fronteras del arte?

    Tenemos que aceptar que el carnaval es transgresor, atrevido, desafiante, poético, artístico, libre, e incluso ridículo. Entiéndase ridículo en base a la parodia social y crítica que tan importante y divertida es en dicha fiesta. ¡Y a mí, dentro de lo que supone una exhibición, me pareció espectacular el show de Drag Sethlas! (También me lo parecen las fallas y no me gusta la pirotecnia).

    Pero de nuevo la exquisitez y los malditos corsés aparecen en esta sociedad. Porque claro, es más sencillo comparar y mirar hacia el brazo ejecutor del Islam, como religión ejemplar, para tratar de exponer y explicar qué significa el respeto libremente impuesto… (¡Jodida paradoja!); que demostrar de una vez por todas, que el cristianismo es una religión que acepta la diversidad (desde luego, a pesar de todo, sigo creyendo que es así) y camina en base al hombre del siglo XXI. Puedo entender que no guste, o por el contrario que apasione. Pero la polémica en sí me parece absurda, entre otras cosas porque si lo que querían era prohibir y condenar el espectáculo, ha alimentado sus propias fobias, consiguiendo justo el efecto contrario.

    Pero hoy tengo para todos los colores. El incombustible autobús de “Hazte oír”… Voy a ser directo y conciso: No estoy de acuerdo con que la policía inmovilice un autobús por un cartel. Así de claro. Ahora, además de todo lo anterior, también podéis llamarme homófobo.

    Por cuestiones de tiempo y espacio solo voy a copiar, tal cual, las palabras del periodista Juan Soto Ivars: “Si yo fuera profesor de un colegio por donde pasa ese autobús, lo que haría sería lo siguiente. Los críos a escribir una pancarta en la que ponga: -No somos como vosotros, venid al colegio a aprender diversidad-. Y los críos a la calle enseñándosela a los imbéciles del autobús.”

    ¡Pues lo dicho, entre drag queen y autobús, todos a la escuela a aprender diversidad! ¡Y yo el primero!

    moroninfo-mar17
    Compartir