“De librerías y libros”, por Antonio R. Ramírez Albarreal

    BannerArlaukasEsta columna iba a ir de cultura, sí o sí, lo tenía claro.

    En un principio, pensé escribir sobre algo grande que nos englobe a todos los ciudadanos de Morón. ¿Por qué no? Iba a hablar sobre los arreglos que se van a acometer en las laderas del Castillo, ese monumento tan increíble, con tanta historia y que tan mal ha sido tratado por todas las administraciones. Pensaba hablar y criticar sobre lo bien que le hubiera ido a Raúl Cortés si todavía estuviera ahí su Castillo de las Artes, y lo bien que le hubiera venido este arreglo para su proyecto.

    Pero lo dejaré para otro día.

    Hace unos días me llegaba una triste noticia que ampliaba otra que ya había dado un paso a mitad del verano. Dos librerías de prestigio en nuestra ciudad dan el cerrojazo definitivo. Éstas, librería “Abril” y librería “La Carrera”, marcaron hace ya varias décadas el camino de las librerías por aquella época.

    Recuerdo con cariño encontrarme con mis primeros libros de adulto en aquellas estanterías, libros que poco tenían ya que ver con los que te mandaban en el cole de “El Barco de Vapor”. Éstos eran libros con muchísimas mas páginas, más contenido y además estaban en las listas de libros más vendidos que días antes cortaba de el ABC de mi abuelo. Conservo varios todavía de aquella época…

    Los tiempos cambian, y antes del verano comentaba con un familiar lo bien que vendría en nuestra ciudad un café literario, un lugar donde se pudieran realizar criticas literarias, presentaciones de libros o círculos de lectura. ¿Por qué no? Estábamos soñando con los ojos abiertos.

    Y hoy, un trocito de nuestra cultura, como el Castillo, como el Gallo, desaparece de nuestras calles. Sí, por supuesto que tienen tanta importancia, más en esta época en la que lo fácil es ir con un móvil en las manos y no con un buen libro.

    Vivimos en unos tiempos donde podemos encontrar cualquier libro a golpe de clic. Quizá, por ello, sea el momento de insertar proyectos creativos, que atraigan, que empaticen con cada uno de nosotros, que llamen a crear, a compartir, fuera de los círculos de compra habituales o quizás dándole un nuevo giro a lo que todos conocemos como “librerías”, al uso y que poco a poco vemos como van cambiando adaptándose a lo que una nueva sociedad exige.

    Pronto estos locales serán sustituidos por algún comercio venido del país del sol naciente, o quién sabe, algún emprendedor recupere estos espacios para seguir creando en nuestra ciudad, en nuestras calles, entre nuestros ciudadanos, un poco más de cultura, porque sin ésta no podremos apreciar ni al Gallo con su paseo, ni la belleza natural de la Sierra, o los preciosos detalles en San Miguel.

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