“Capítulo II: De la Libertad de Prensa”, por Rafael Fernández Osuna

    Rafael FernándezLa libertad de prensa nace como una consecuencia necesaria de la libertad de expresión. Constituye una garantía de independencia del control/censura estatal para los medios, otorgándoles un amplio marco de movimiento tanto en la selección de sus contenidos como en la libertad para tratarlos. Esta garantía podría entenderse como un terreno abonado para la objetividad y la seriedad a la hora informar a la población de lo que acontece a su alrededor, como un escudo ante las influencias políticas y comerciales que ahonde, descubra, aclare y ponga en manos, oídos y retina de los ciudadanos la realidad de aquello que debe saber. Hablo de realidad porque, como todo derecho, la libertad de prensa tiene sus limitaciones, siendo la que más interesa a este artículo la veracidad de la información. Dicha veracidad implica que la información que se presta ha de ser contrastada, respetando los límites de la objetividad y sin menoscabar la integridad de aquello sobre lo que se está dando una noticia. Desgraciadamente y salvo algunos reductos, la información, sobre todo televisiva, dista mucho hoy de lo que se pretendía cuando se instauró esta legítima libertad.

    En la España de hoy la información veraz se mide por los decibelios con los que se pronuncia. Basta aludir al “secreto de fuentes” o afirmar en un plató que se es el amigo del vecino del cuñado del protagonista para presumir que lo que se dice es verdad. Hemos involucionado de los debates por catedráticos y filósofos a los “Sálvames” de la actualidad, donde un grupo de personas que entienden de todo sin saber de nada ponen a prueba la resistencia de sus tímpanos mientras destripan la actualidad en su más amplia gama temática. Siempre son los mismos pero son biólogos, penalistas, criminólogos, psiquiatras, médicos, políticos y, sobre todo, jueces. Son los jueces del bien y el mal, de todo cuanto ocurre en la sociedad. El tema central de todas las exposiciones suele ser el morbo, sembrar la controversia, la diferenciación. Se ataca a la sensibilidad del espectador vendiendo la miseria miserablemente adulterada del prójimo para inducirle a aceptar ese problema como un problema suyo, buscando una reacción visceral que le mantenga enganchado a la pantalla, pues ahí reside el quid de todo: el “share”.

    La información se ha ido transformando cada vez más en un medio de dar espectáculo. La valía de la programación y la temática no es cualitativa, sino cuantitativa: Aquello que vende es aquello que importa. Los principios son comerciales y cotizan en bolsa. El pasado fin de semana vivimos la resolución de la última polémica mediática, “la final de las esteladas”. Ante el variopinto panorama político y social que vivimos (corrupción, 20%  de familias en el umbral de la pobreza, refugiados de Siria…), la actualidad decide que lo importante es la prohibición de acceder a un estadio de fútbol con unas banderas. Minutos y minutos de información sesgada, de encuestas malintencionadas y declaraciones cuidadosamente seleccionadas para causar en los espectadores o lectores, esa sensación de división. Esa asunción de que el problema es importante. Al fin y al cabo, ¿a quién le va a preocupar el cuchillo que apunta a su espalda cuando puede ver el que tiene ante sus ojos?

    moroninfo-mar17

    Lo más curioso es que lo crean los medios mientras critican que el protagonismo se lo ha dado el político de turno. Tan culpable es quien pone el petardo como el que enciende la mecha.

    Los medios son, a día de hoy, un instrumento más de las ideologías, barriendo las huellas del aliado y engrosando los fallos del enemigo. Las noticias cambian radicalmente de una cadena, emisora o periódico de una ideología, a los de otro. Así una mera fotografía de una pancarta, según el recorte aplicado, puede indicar dos mensajes absolutamente diferentes. Desgraciadamente una imagen vale más que mil palabras y los medios se sirven de ello de manera irresponsable, dotando al destinatario de medias verdades que le generen falsos argumentos. Lo mismo ocurre con las encuestas y entrevistas, en las que se cortan los diálogos de manera que se transmite un mensaje falseado. Constantemente asistimos a encuestas de este tipo. Llama especialmente el caso de Andalucía. Cada vez que un medio, generalmente de la “Villa”, acude a Andalucía y realiza una encuesta a pie de calle, se selecciona por decreto a una persona mayor, humilde, normalmente a la salida de un mercado y con las consabidas dificultades de oratoria, o al “charni” que litro en mano, exhibe coleta y “sarsillito” y que no se cambia el chándal desde que Matías Prats presenta el telediario. Se dan imágenes que alimentan el tópico o en ocasiones, que dañan la integridad de los lugares y personas que protagonizan la noticia. No les culpo, de algo tendrán que vivir los que escriben los subtítulos. Algo semejante protagonizó una “reportera”, que hacía una vídeo-encuesta sobre la opinión de la fiesta de Palomos en Badajoz. En dicha entrevista sólo se mostraba una cuidadosa selección de los testimonios de varios jóvenes imberbes, etílicamente perjudicados y sobrados de prejuicios con los que se proyectaba una imagen de la ciudad de Badajoz y de sus habitantes como un huerto de homofobia y desprecio donde se acude a esa fiesta porque “el resto del año no hay otra cosa que hacer”. Evidentemente, nada más lejos de la realidad.

    No se busca la veracidad ni la historia. Lo único pretendido es la polémica porque es lo único que asegura la repercusión, la popularidad, el estrellato, pero a este “todo a cien” de la dignidad ya le dedicaremos otras líneas.

    En definitiva, y lo que de verdad interesa es lo siguiente: Si la libertad de prensa se creó para otorgar la independencia a los medios con respecto del Estado, para que gozaran de libertad para informar verazmente sin miedo a represalias ni censuras. Si la libertad de prensa está para atender a la verdad y para tender puentes entre los ciudadanos. Si esta libertad existe para dotarnos de argumentos e ilustrarnos en aquellas cuestiones que no podemos conocer de otro modo: ¿Qué han hecho muchos medios con sus libertades?

    Hay pocas profesiones más hermosas que el Periodismo y pocos servicios más importantes que informar al ciudadano. Confío en que los nuevos profesionales del Periodismo no pasen por “el aro” y enseñen los dientes, que no tengan miedo a buscar la verdad de manera digna, pues no importa lo que los demás hacen con su poder, sino lo que tú eres capaz de hacer cuando lo alcanzas.

    moroninfo-mar17