“¡Ay, la feria, paisano!”, por José Carlos Valverde

    Si eres de Morón sabes que septiembre no significa septiembre. Que el final de un ciclo no lo marca el estreno de ningún calendario por muchas uvas con las que atragantarse, o champán que sea descorchado. Eso es para el resto de los mortales, pero para el moronense el comienzo anual lo marca su feria. Porque puedes cumplir años cualquier mes, pero te haces un poco más mayor cada lunes de resaca. Por cierto qué día más triste…

    El verano no acaba con la llegada del otoño, sino con el último destello sonoro y de color que cubre el cielo, cada domingo de feria. Las campanas del cambio no las lanza una cadena de televisión sino un campo de fútbol abarrotado que a las doce de un domingo cualquiera, incluso se emociona mirando a las alturas mientras destapa sus oídos sonriente.

    Echamos en falta los farolillos que dibujan el techo del feriante y que han quedado en el olvido, como dice mi buen amigo Luis Olmo, tras la muletilla de “estamos en crisis”. Por cierto, también sucede con el Gazpacho. Un Gazpacho sin gazpacho curiosamente. Pero eso es otro tema que, no lo olviden ustedes, estamos en crisis para todo lo cultural, pero no para subir los impuestos. Ahí hay que rascarse el bolsillo.

    En los próximos días el moronense va a tirar de memoria. Del recuerdo, de la foto con el caballo y la botella de manzanilla. Los trajes de gitanas y el olor a albero. Los dolores de pie y las quedadas inservibles bajo el Arco.

    Desde luego ya llevamos semanas oliendo a manzanilla y pasear por la Alameda tiene un aire nostálgico que sabe a Morón. Nuestra villa se vestirá de gala en los próximos días y aparcaremos, a ser posible, todas las preocupaciones.

    Aunque hay diferentes tipos de feria…

    Mis mejores deseos para los enfermos. Desearles una pronta recuperación. Mi copa en alto por aquellos moronenses que por motivos de trabajo están fuera de su casa. Son valientes. Yo que he estado fuera varios años, sé lo que cuesta hacer las maletas y decir hasta pronto. Sin saber si esa despedida, ese “hasta pronto”, va a ser cierto o no. Mi abrazo y saludo a todos ellos, y, por supuesto, a los familiares que ansían y esperan su vuelta.

    Acordarme también de esas personas que ya no están con nosotros y que no van a volver jamás. Porque hay distancias que no retroceden y nos alejan, sin kilometraje de por medio, de nuestros seres queridos. Desde aquí, con los labios arrugados hacia arriba, darle un beso gigante a todos ellos. Hoy, a buen seguro, también comenzarán su feria desde un balcón engalanado y de fiesta en las alturas.

    Mención especial para el respeto. Morón es un pueblo ejemplar y debe seguir siéndolo. Por favor, NO es No. Respetemos a las personas. Colaboremos todos para denunciar y paliar la violencia. Sea cual sea.

    Moronenses… ¡que comience la feria!

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