“La infantilización de la sociedad Europea” por Pablo Mora

BannerCartasCada día podemos observar en la televisión como va en aumento los programas que buscan el morbo, la intromisión en la  vida privada (de famosos o no) y la búsqueda de la comedia en todos los aspectos de los hechos que ocurren a nuestro día a día. A esto se le puede sumar comportamientos cada vez menos serios y pasotas que adopta la sociedad moderna, acompañado de simular el rol de sus ídolos televisivos. ¡El gran dios Telecinco! También es latente la presencia de una fragilidad inmensa en la gente que forma una sociedad por la cual todo es ofensivo, desde una palabra hasta un estúpido mensaje propagandístico. Y es que en la sociedad europea cada vez nos estamos mirando al espejo del adolescente, al espejo de una sociedad egoísta, poco escéptica, llorona, despreocupada, sin sentido de la seriedad, del exceso de buenismo y con un miedo constante.

Esto último, se refleja en los medios de comunicación. Cada vez menos medios de comunicación son objetivos y realistas. Prefieren adoptar el sensacionalismo o la cultura del shock para atraer a gente a sus noticias, alertar a la población de cualquier paso en falso e incluso manipular los hechos ocurridos por unos meros likes de más. Sí, es algo triste que el pensamiento crítico se esté dirigiendo al abismo, el ejemplo claro es Alemania. Russian Today (medio propagandístico de Rusia) convenció a la población Alemana para que estuviese en contra del TTIP (tratado de libre comercio). Esto conllevo que de un 44,5% estuviese en contra de dicho tratado, pasase a un 67% el año siguiente.

El quinto poder juega su papel esencial en esta infantilización. Ya que, cada vez más, existen medios poco objetivos y amenaza la desaparición del espíritu crítico. La sociedad que podemos percibir ahora es la sociedad de la pataleta, cuando no consigue algo, en vez de luchar por ello se dedica a poner trabas hasta finalmente, abandonarlo. La sociedad del fatalismo y el pánico, están asustados por el futuro creando así al hombre con miedo, al hombre que no ve oportunidad en las malas rachas, sino desesperación. El hombre que cada vez que tiene que hacer algo serio hace chapuzas, claro ejemplo de la sociedad española. Y con esto no quiero decir que todos sean así, pero la gran parte de esta, lo es.

Es normal y entendible que en una sociedad de la imagen, del like y el Instagram, intentemos ser adolescentes y fanfarronear sobre lo que tenemos, intentar dar una imagen en la que realmente no pertenecemos, es por ello que muchos países del exterior nos vean débiles y se rían de nosotros. La percepción de esta sociedad es simple, ver toda situación como detonante de un momento humorístico, de ser un cabrito e incluso de venganza, como si de niños pequeños se tratase. Ortega y Gasset advirtió que la discusión es algo provechoso  y es ahí cuando se llegan a acuerdos y a entendimientos. ¡Hoy nos da miedo discutir! No queremos involucrarnos en una discusión simplemente adoptamos la frase popular de “Yo pienso como quiera y tú debes respetarme”. El derecho al respeto. ¡Qué irónico! Exigir muchos derechos y negarse a cumplir los deberes son síntomas de una sociedad infantilizada, la violencia ejercida sobre alguien por ser diferente a tu pensamiento o intentar ser “el que deje callado” a los demás es síntoma de esta sociedad.

Debemos centrarnos en el futuro como oportunidad de mejorar, debemos dejar atrás la violencia y la irracionalidad. Europa cada vez vuelve al siglo de las tinieblas, del hombre con miedo a lo que pueda ocurrir, del afianzamiento del poder por parte de los Estados y gracias a estos suprimir poco a poco nuestras libertades. Una sociedad que tristemente somos menos autónomos de nosotros mismos y lloramos si nadie vela por nosotros.

Esta es la realidad, la sociedad Europea está en un proceso de lloriqueos continuos. Las siguientes generaciones debemos ser conscientes de ello y cambiar nuestra manera de pensar y de actuar, porque unas condiciones duras crean una sociedad fuerte y unas condiciones de acomodamiento crea una sociedad débil.