“Corazón Nazareno”, por Jesús Raya

FirmaRayaMientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lucas 23, 26.

Apoteosis. Es la palabra más adecuada para expresar lo que se vivió en la Madrugá en las calles de Morón. Sentimientos a flor de piel cada segundo del recorrido con momentos que sin ninguna duda se guardarán de por vida en los corazones de los presentes.

Desde tempranas horas de la madrugada la cuesta de Jesús comenzaba a ser un hervidero de gente. Personas, que con fe y devoción, esperaban el ansioso momento en que esa enorme puerta verde del lateral de la nave de la Ermita abriese sus puertas para poner la cruz de guía de esta Hermandad en la calle.

Antes, la Agrupación de la Fuensanta tenía preparada una sorpresa. A las 5 y cuarto llegaba la Agrupación avisando con sus sones de dicha llegada, situándose justo delante de la puerta de salida, pero no quedó ahí la cosa. Minutos más tarde aparecía la Agrupación Infantil de la Fuensanta también haciéndose notar con unas marchas que hicieron arrancar los aplausos de los allí situados. Viene la sorpresa cuando ambas Agrupaciones se colocan frente a frente y el banderín de la Agrupación veterana se sitúa junto al banderín de la infantil abriendo la primera un pasillo para que la joven agrupación pasara por el centro para situarlos frente a la puerta de la ermita. Momentos emotivos en los que sin duda se pudo ver el presente y futuro de la agrupación.

Y llegaron las 5 y media de la madrugada y las puertas de la ermita se abrieron ante la explosión de aplausos de la Cuesta. Comenzaba la Estación de Penitencia de Jesús. Sones de la Fuensanta desde el interior del templo hacían prever que el reencuentro de Nuestro Padre Jesús con el pueblo de Morón estaba a pocos segundos de producirse y así fue. Al compás de marchas como “La Saeta” y “Nuestra Fe” entre otras, esta última cantada por los músicos de la Agrupación, hacían que el Nazareno de la Fuensanta, el Señor de Morón, subiese su cuesta. Paso sencillo y elegante. Ese andar del Nazareno que solo Jesús tiene, que te atrapa en una nube de emoción y cautividad viendo cómo sufre con cada paso con el peso de la cruz, haciendo en todo momento como si el Nazareno, propiamente, caminara, sobre sus pasos. Terminada la subida de Jesús con el júbilo del gentío, comenzó a sonar también desde el interior del templo una marcha interpretada por la Banda de Música Municipal de Morón más que acorde con el momento. Suena “La Madrugá” que pone el palio de la Dolorosa en la calle haciendo una subida triunfal al ritmo de marchas, entre muchas otras, como la de Pablo Ojeda Jiménez “Madrugá Macarena”.

Llama la atención la cantidad de gente en la calle a lo largo del recorrido a tempranas horas del amanecer, muchísimo más que otros años me atrevería a decir en el discurrir de la Hermandad. Nuestro Padre Jesús no podía ir solo. Jamás. Una nube de fieles y devotos lo acompañaban junto al paso disfrutando momento a momento de cada paso, levantá, revirá y chicotá que hacía.

Con los primeros rayos de sol en la cara morena del Nazareno a la altura del Convento Santa Clara en los Jardines de La Carrera, Nuestro Padre Jesús entra en Carrera  Oficial no sin antes rajar el aire desde un balcón de la misma Plaza Meneses una Saeta. Así empieza la Hermandad el plato fuerte de su recorrido, la subida a la Santa Iglesia Catedral de San Miguel. Una pendiente, aunque no tan prolongada como la de Jesús, pero sí de más longitud, que posee cierta dificultada para los costaleros, aunque se olvida un detalle, nada de esto importa cuando se lleva esta imagen más con el corazón que con la fuerza, y no hay duda de que los corazones de los costaleros y capataces son los que hacen andar al Señor de Morón.

Tras el saludo en San Miguel, tras no poder entrar el paso del Señor, empieza la parte más esperada del recorrido. Cientos de personas agolpadas en las calles con mucha anterioridad a la llegada de la Cruz de Guía hacen presagiar lo que se avecina.

Empiezan a repetirse momentos emotivos uno tras otro haciendo especial referencia a uno que, sin duda, queda marcado para la eternidad. El rezo de un pueblo. Sí, efectivamente, el rezo de un pueblo en Calle Campana en Siete Revueltas con todos los presentes haciendo un rezo en forma de cántico a Nuestro Padre Jesús con la marcha de la Fuensanta “Nuestra Fe”. Puedo asegurar que cuesta muchísimo sacar unas líneas en esta crónica para plasmar en el papel los sentimientos de emoción y amor que se vivieron allí en ese momento.

María Santísima de Los Dolores, acompañada de San Juan Evangelista, ambas obras de Pineda Calderón, única Dolorosa de Morón acompañada bajo palio, era recibida en la “Curva del matrícula” con una abundante petalada que arrancó la ovación de los presentes, haciéndolos también disfrutar con una larga chicotá con una elegancia, temple y hermosura a la altura de esta Cofradía, al sonido de los melódicos acordes de la marcha de Víctor Manuel Ferrer “Mi amargura”.

Tras estos momentos mágicos se acercaba el fin de La Madrugá. Con ambos titulares ya en su barrio, aún quedaban momentos únicos para disfrutarlos. Esa bajada de la Cuesta que no deja indiferente a nadie. A pesar del calor, no cabía un alfiler en la Cuesta, nadie quería perderse la entrada en el templo de Jesús.

Jesús entró en torno a la 1 y media del mediodía después de una larga chicotá desde lo más alto de la Cuesta a la mismísima puerta, con la interpretación incansable durante toda la Madrugá de la Agrupación, que puso el punto y final a la Estación de Penitencia del Nazareno con los sones de la Marcha Real, aunque como he calificado anteriormente, era incansable. Nada importa cuando llevas delante a tu Señor y regaló una nueva marcha cuando ya Jesús se encontraba en el interior del templo.

María Santísima Dolores en torno a las 2 y media entraba en la Eermita con una bajada de la Cuesta marcada por las tradicionales campanillas de “Campanilleros”, poniendo así el broche de oro a una mágica madrugada en la que, una vez más, el Señor de Morón ha repartido Fe por todos los rincones de la Ciudad del Gallo.