“Animales y compañía” por Mila Guerrero

    BannerMilaNo tengo perro. Ni gato. Ni siquiera un canario atrapado en una jaula que alegre las mañanas con unos trinos que a saber si son cantos desesperados para que alguien de su especie le oiga y venga a rescatarlo del cautiverio contra natura. He conseguido superar airosa hasta ahora  la moda de la imperiosa necesidad infantil de tener tortuga, gusanos  o peces, incluso un pollito de colores que alguien se empeñaba en querer regalar a mi hijo cada cierto tiempo.

    El hecho de que en mi casa no haya más mascotas que la que se ponía en la cabeza mi padre – esa definición de la palabra mascota ha quedado en desuso por la invasión del reino animal en nuestras modernas vidas, desprendiéndonos al mismo tiempo del uso de este tipo de sombreros – , tiene un poco que ver con los conceptos de higiene, olores y  espacio, principalmente vital, y un mucho con la falta de tiempo, dedicación y abnegación suficiente para acatar adecuadamente las tareas, cuidados y necesidades que supone tener  una criatura a tu cuidado, sea el animal que sea.

    Me causa una tristeza tremenda el hecho de que muchos dueños de animales de compañía olviden con tanta facilidad que no han comprado o “recogido” un entretenimiento, un distintivo social o un juguete, sino un ser vivo.  Un ser que, en tanto que vivo, tiene unas necesidades básicas: comida, higiene, ejercicio, necesidades que quienes los poseen  a veces no pueden, no saben, o no quieren cumplir de forma adecuada, y un ser que, en tanto que ser, tiene capacidad de sentir y tiene la necesidad de que no se le maltrate.

    Es una pena que haya gente que cuando decide tener un perro solo se acuerde de que necesitan comer el pienso de última generación, salir a hacer sus necesidades y un baño de vez en cuando. Seguramente compraron ese perro por una necesidad propia, la de la compañía, que para eso mascota significa exactamente eso, animal de compañía. Qué lástima que olviden precisamente esa acepción cuando a ellos les toca salir durante  horas, y al perro quedarse  solo, en casa; la mayoría de las veces aullando, chillando, ladrando desesperados, sufriendo infinitamente ante lo que ellos seguramente imaginan un abandono definitivo, objetos de una crueldad innecesaria.

    Ante las quejas, si las hay, suelen argumentar que es que el perro no está educado, que van a probar tal o cual método, a ser posible con su carga de castigo, para que no lo haga más.

    Me pregunto yo si es de verdad el perro el que necesita educación.

    P D: Para aquellos  dispuestos a cuidar y dar cariño a unos perros necesitados, pueden acudir al refugio Los amigos de San Antón, seguro que allí encontrarán la forma de ayudar,  hay muchas maneras. El 30 de Abril, jornada de puertas abiertas.

    Compartir